La entrada de hoy Jueves NO está a cargo mío. Le he pedído a Sylvia Macías Ordóñez el material para cubrirla, sabiendo que es una excelente fotógrafa aficionada y floricultora de fantasía, además de otras virtudes.
No digo más y disfrútenla ustedes.
La entrada de hoy Jueves NO está a cargo mío. Le he pedído a Sylvia Macías Ordóñez el material para cubrirla, sabiendo que es una excelente fotógrafa aficionada y floricultora de fantasía, además de otras virtudes.
No digo más y disfrútenla ustedes.
Lo prometido es deuda y ahora la cumplo, aunque me cueste trabajo. Esto último, por que me está costando, y mucho.
Lo primero, encontrar un título adecuado a una entrega prometida que debe versar sobre un fenómeno negativo: "La música sinfónica NO es buena mensajera de ideas verbales y a las ideas verbales NO les cae bien que las pongan en música para expresarlas." Espero encontrar un título para esta entrada antes de terminar de escribirla.
La música sinfónica no es buena mensajera de ideas verbales, sus mensajes idóneos son musicales; es decir una combinación de notas que con sus sonidos combinados están expresando una idea que NO tiene traducción al lenguaje verbal. Si yo pregunto "¿que quiere decir eso que estoy oyendo?" mientras asisto a un concierto puramente instrumental, la buena contestación será: "¡Eso!" mientras me señalan a los instrumentos. Eso me sucedió hace muchos años y lo aprendí para siempre: "Las ideas musicales no se pueden traducir al verbo"
Lo contrario es equivalente: "Las ideas verbales no se pueden explicar con música", porque no hay equivalencia. No se puede expresar con música la idea de que "estoy triste porque el cielo está nublado". Cuando más, la alegría puede expresarse con música rápida y la tristeza con lenta y se acabó.
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Una aclaración antes de seguir: Una pieza musical con tema textual cantado se llama Cantata. Eso es el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven y los movimientos cuarto y quinto de la la Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler, que escuchamos con la Orquesta Sinfónica de Xalapa el pasado 17 de abril en la Sala Tlaqná y que es el motivo de esta entrada.
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Y bueno, lo que se dice en una cantata, en general no se entiende. Si estamos en México, porque casi todas las cantatas que se escuchan son en otro idioma, más frecuentemente en alemán. Pero en Alemania tampoco las entienden, porque en general, la música va tan rápido y a tal volumen, que no se distinguen las palabras. Y sucede entonces, que al tratar de entender el texto, pierdo la música y me quedo "como el perro de las dos tortas": por querer las dos, me quedo con ninguna.
Ahora bien, el sonido generado con el canto genera tonos musicales que pueden contribuir, como música, a la belleza de la cantata. Así las disfruto yo, sin importarme el significado de lo que dicen.
¡Uff! Aquí le paro y por el día de hoy, no me pregunten.
| Gustav Mahler 1860 - 1911 |
El pasado viernes 17 de abril me apersoné una vez más en la Sala Tlaqná, residencia de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), para estar en un concierto que había generado gran expectación, por lo cual se programó una segunda función dos días después, en otro recinto en la misma ciudad. La única obra en el programa: Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler, que se estrenó, incompleta, en marzo de 1895. Con sus dos últimos movimientos y un coro gigante, se reestrenó en diciembre del mismo año. Es una pieza sinfónica enorme, de hora y media de duración en cinco movimientos.
Tiene para mi y para muchos melómanos en el mundo, una clara inspiración y afinidad con la Novena Sinfonía de Beethoven, condición que muchos han reconocido y otros han negado. Esa similitud es temática y formal, pero no es una copia, es la Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler. Tiene el nombre de Resurrección, porque aborda el viaje existencial desde la muerte hasta la vida eterna y la redención espiritual, que culmina musicalizando un himno de resurrección de Friedrich Klopstoc. Todo esto en alemán, por supuesto. Alemán cantado y aprisa.
La velada estuvo a cargo de la OSX reforzada, las solistas Graciela Morales, soprano, y Harumi Castro, mezzosoprano. El Coro de la Universidad Veracruzana (UV), la Camerata Coral de la Facultad de Música de la UV y Francisco Sánchez Alvarado, dirigiendo una banda fuera de escenario. ¡Es mucha gente! Todo un gran elenco, bajo la dirección del titular de la OSX, el maestro Martin Lebel, que lo hizo de memoria, sin partitura a la vista. ¡Es su costumbre!
Pero de todo esto, no tengo la capacidad descriptiva para transmitir a ustedes las emociones que nos generó, que son positivas, mucho. Tuvimos la capacidad para recibirlas; nuestra sensibilidad se abrió totalmente ante estímulos muy significativos, del orden musical estricto, pues el mensaje verbal, que pretende ser filosófico, no va mucho con la música, por lo menos para mí. De esto diré la próxima semana en este espacio.
| 1797 - 1828 «¡En verdad, la chispa del genio divino reside en este Schubert!». Beethoven dixit en su lecho de muerte en Viena, en 1827. |
La neuroética es una rama de la bioética que analiza las implicaciones éticas, legales y sociales de los avances en neurociencia y neurotecnologías. Examina temas como el potencial cognitivo, la privacidad mental, la identidad personal, el libre albedrío y el uso de datos cerebrales, buscando proteger la dignidad humana ante la manipulación o alteración de la mente.
Aspectos clave de la Neuroética:
Ética de la neurociencia: Se enfoca en cómo investigar y aplicar conocimientos cerebrales de forma ética (ej. uso de imágenes cerebrales para detectar mentiras o predecir conductas).
Neurociencia de la ética: Investiga cómo los descubrimientos cerebrales influyen en nuestras concepciones de "bueno" o "malo", moralidad y libre albedrío.