| Mi árbol favorito en la región con un cielo encantado, no muy frecuente. |
| Hojas hermosas que las comen los pulgones de abajo |
Lo que sucede es que el programa de la música no se puede traducir al lenguaje del verbo, que es el que usamos la mayoría de los humanos para expresar nuestros pensamientos. El lenguaje musical tiene formas como las literarias y una gramática compleja como la del verbo, pero las formas y la gramática no son las ideas. Las de un poeta pueden quedar plasmadas en un bello soneto y las de un filósofo en un magnífico ensayo, pero ninguno de ellos podría expresarlas en música. Un músico no tiene verbo para decir sus cosas, sólo tiene música. Y si le preguntan ¿qué significa?, contesta: "Si mis ideas las pudiera expresar con palabras, no escribiría música" (Silvestre Revueltas y Gutiérrez Heras). Esa es la música absoluta, aquella que su programa ideológico no tiene traducción al lenguaje verbal.
La música programática es lo contrario. El músico, intencionalmente trata de poner en las formas y con la gramática musical, un programa ideológico tomado del lenguaje verbal o transcribir imágenes visuales (paisajes, pinturas, mujeres, etc.) a imágenes auditivas. Se trata de generar con la música emociones similares a las que el autor recibió al ver el objeto que describe con la música o al leer las ideas escritas que le indujeron a componer.
El género de música programática por excelencia es el poema sinfónico y uno de sus principales cultivadores fue Richard Strauss, quien hacía gala de poder describir el color del pelo de una mujer, con música. Por supuesto que quizo trasmitir las ideas de Nietzsche cuando hizo Así hablaba Zaratustra. La verdad es que si no conocemos la obra del filósofo alemán, no tenemos idea de sus ideas con sólo escuchar el poema sinfónico y, si no nos dicen que tal música pinta a una pelirroja, ni siquiera sospechamos que se trata de una mujer. Esta es la desventaja de la música programática, que nos tienen que explicar el programa; pero cuando esto ocurre y seguimos la música con el programa, se disfruta mucho.
No hay que confundirla con la música imitativa, que consiste en reproducir, con instrumentos musicales y dentro de una obra, el canto de un pájaro, el ruido de una tormenta o la llegada de un ferrocarril. Esta imagen sonora no proviene del lenguaje verbal o de una imagen no auditiva, sino de otra imagen auditiva. Esto es imitación y se vale en la música, aunque en pequeñas dosis.
SÍNDROME es un término médico, clínico, que se refiere a un conjunto de signos y síntomas, que siempre van juntos porque obedecen todos a un mismo mecanismo generador, pero que puede tener causas varias, enfermedades distintas que lo produzcan. Los síndromes son ejes funcionales y clínicos para llegar a un diagnóstico causal de las enfermedades.
Muchos síndromes tienen nombres propios y otros se nombran según los síntomas y/o signos que los constituyen.
Hay síndromes que nada tienen que ver con la medicina, sí con actividades de la vida diaria de algunos sujetos ansiosos, perfeccionistas y previsores, que suelen ejercer actividades de comunicación entre sujetos humanos. Yo soy uno de ellos, un comunicador, y para entenderme deben olvidarse de que soy médico y aceptar que puedo padecer el Síndrome de la página en blanco.
¿Cómo es ese síndrome?
1. Eres un comunicador periodístico que tienes un plazo fijo para mandar tu colaboración periódica (diaria, de dos o tres días a la semana, semanal, quincenal o el plazo que ustedes gusten) y, llegando el día anterior a la publicación, no has escrito nada, porque nada bueno se te ha ocurrido. Y por horas has estado sentado frente a la pantalla de la compu en blanco, desesperado y sin algo que escribir se te ha ocurrido.
2. Eres un comunicador informático, como lo soy yo, y llegado el día periódico de subir al espacio informático tu trabajo en la compu, no se te ha ocurrido nada, y te pasas las horas frente a la pantalla de la compu sin que nada que escribir se te ocurra (he repetido textualmente y a propósito, los dos últimos renglones, porque es lo mismo que en el periodismo).
Y es lo que me ha pasado ahora, en los dos últimos días. Y bueno... quizá sea bueno, pues se me ha ocurrido mandar esta queja, tal y cual, como mi próxima entrada, que será mañana lunes.
La entrada de hoy Jueves NO está a cargo mío. Le he pedído a Sylvia Macías Ordóñez el material para cubrirla, sabiendo que es una excelente fotógrafa aficionada y floricultora de fantasía, además de otras virtudes.
No digo más y disfrútenla ustedes.
Lo prometido es deuda y ahora la cumplo, aunque me cueste trabajo. Esto último, por que me está costando, y mucho.
Lo primero, encontrar un título adecuado a una entrega prometida que debe versar sobre un fenómeno negativo: "La música sinfónica NO es buena mensajera de ideas verbales y a las ideas verbales NO les cae bien que las pongan en música para expresarlas." Espero encontrar un título para esta entrada antes de terminar de escribirla.
La música sinfónica no es buena mensajera de ideas verbales, sus mensajes idóneos son musicales; es decir una combinación de notas que con sus sonidos combinados están expresando una idea que NO tiene traducción al lenguaje verbal. Si yo pregunto "¿que quiere decir eso que estoy oyendo?" mientras asisto a un concierto puramente instrumental, la buena contestación será: "¡Eso!" mientras me señalan a los instrumentos. Eso me sucedió hace muchos años y lo aprendí para siempre: "Las ideas musicales no se pueden traducir al verbo"
Lo contrario es equivalente: "Las ideas verbales no se pueden explicar con música", porque no hay equivalencia. No se puede expresar con música la idea de que "estoy triste porque el cielo está nublado". Cuando más, la alegría puede expresarse con música rápida y la tristeza con lenta y se acabó.
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Una aclaración antes de seguir: Una pieza musical con tema textual cantado se llama Cantata. Eso es el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven y los movimientos cuarto y quinto de la la Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler, que escuchamos con la Orquesta Sinfónica de Xalapa el pasado 17 de abril en la Sala Tlaqná y que es el motivo de esta entrada.
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Y bueno, lo que se dice en una cantata, en general no se entiende. Si estamos en México, porque casi todas las cantatas que se escuchan son en otro idioma, más frecuentemente en alemán. Pero en Alemania tampoco las entienden, porque en general, la música va tan rápido y a tal volumen, que no se distinguen las palabras. Y sucede entonces, que al tratar de entender el texto, pierdo la música y me quedo "como el perro de las dos tortas": por querer las dos, me quedo con ninguna.
Ahora bien, el sonido generado con el canto genera tonos musicales que pueden contribuir, como música, a la belleza de la cantata. Así las disfruto yo, sin importarme el significado de lo que dicen.
¡Uff! Aquí le paro y por el día de hoy, no me pregunten.
| Gustav Mahler 1860 - 1911 |
El pasado viernes 17 de abril me apersoné una vez más en la Sala Tlaqná, residencia de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), para estar en un concierto que había generado gran expectación, por lo cual se programó una segunda función dos días después, en otro recinto en la misma ciudad. La única obra en el programa: Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler, que se estrenó, incompleta, en marzo de 1895. Con sus dos últimos movimientos y un coro gigante, se reestrenó en diciembre del mismo año. Es una pieza sinfónica enorme, de hora y media de duración en cinco movimientos.
Tiene para mi y para muchos melómanos en el mundo, una clara inspiración y afinidad con la Novena Sinfonía de Beethoven, condición que muchos han reconocido y otros han negado. Esa similitud es temática y formal, pero no es una copia, es la Sinfonía No. 2 de Gustav Mahler. Tiene el nombre de Resurrección, porque aborda el viaje existencial desde la muerte hasta la vida eterna y la redención espiritual, que culmina musicalizando un himno de resurrección de Friedrich Klopstoc. Todo esto en alemán, por supuesto. Alemán cantado y aprisa.
La velada estuvo a cargo de la OSX reforzada, las solistas Graciela Morales, soprano, y Harumi Castro, mezzosoprano. El Coro de la Universidad Veracruzana (UV), la Camerata Coral de la Facultad de Música de la UV y Francisco Sánchez Alvarado, dirigiendo una banda fuera de escenario. ¡Es mucha gente! Todo un gran elenco, bajo la dirección del titular de la OSX, el maestro Martin Lebel, que lo hizo de memoria, sin partitura a la vista. ¡Es su costumbre!
Pero de todo esto, no tengo la capacidad descriptiva para transmitir a ustedes las emociones que nos generó, que son positivas, mucho. Tuvimos la capacidad para recibirlas; nuestra sensibilidad se abrió totalmente ante estímulos muy significativos, del orden musical estricto, pues el mensaje verbal, que pretende ser filosófico, no va mucho con la música, por lo menos para mí. De esto diré la próxima semana en este espacio.