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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 7 de septiembre de 2026

DE LA CULTURA Y EL ARTE

 










Se tiende a englobar arte y cultura como sinónimos y se dice que es culto o tiene cultura quien disfruta del arte, y quien no, es un inculto. Estoy en desacuerdo con esta afirmación, que me parece basada en definiciones antiguas.

Primero hay que decir que el concepto de cultura es moderno, pues apenas tiene doscientos años y las definiciones han cambiado en ese tiempo. En el siglo XIX se dijo que cultura era la actividad del espíritu y sus cumbres eran la erudición clásica, la veneración y el ejercicio de la poesía, la escritura de la historia, la prédica moral y la creación artística. Para nuestros abuelos de principios del siglo XIX, cultura era la actividad secularizadora por excelencia, que afianzaba los vínculos de la nación, aseguraba alejamiento de la barbarie y distrubuía los productos que sólo una minoría disfrutaba, porque solo ella los comprendía. La Revolución Mexicana usó el término para el excedente de satisfactores espirituales que los gobiernos reparten o creen repartir. Finalmente, en la segunda mitad del siglo pasado se dio la definición que por ahora es vigente, que afirma que cultura es la suma de conocimientos, es el modo de vida, es el repertorio de saberes de una comunidad. Es aquello que le es peculiar a un grupo humano.

De esto resulta que no hay cultura sino culturas, y en las socidedades modernas se superponen. Un hombre puede pertenecer a varias, varias culturas pueden coexistir en un mismo espacio y una cultura puede estar diseminada por distintos territorios. Como ejemplo de esto pondré a los médicos mexicanos. Como profesionistas son parte de la cultura médica, con conocimientos, intereses y pecularriedades de su profesión, que se dan en cualquier lugar del mundo. Como mexicanos del 2026 forman parte de otra cultura, con su idioma, su religión, sus comidas, su gusto por la mugre y el fútbol; esto se da donde están los mexicanos. Y como habitantes del barrio, con sus peculiaridades y las de sus vecinos, hacen otra pequeña cultura; pequeña pero muy penetrante, que puede fijar, más que ninguna otra, modos personales de ser. No hay una cultura universal, pues el concepto de culturas es opuesto al de universalidad. Y tomando el ejemplo anterior, ni todos somos médicos, ni todos en el mundo somos mexicanos, ni mucho menos del mismo barrio.

Las culturas no existen por si mismas, sino que son creación del hombre; de su inteligencia y su lenguaje, que han permitido las abstraccions bipolares como bello-feo y bueno-malo. Estas abstracciones han sido los soportes del arte y de la ética, es decir, de las culturas. Las culturas son creaciones del hombre plural, del hombre social, no de un individuo. Existió la cultura griega, no la de Pericles; así como existe la cultura chicana, no la de Speedy González.

El mundo actual, con el desmoronamiento político y económico del bloque socialista, ha dejado de ser bipolar. Se enfrenta a las alternativas de la multipolaridad o la hegemonía de una superpotencia. Esta disyuntiva no sólo es política o económica, sino que está en juego la sobrevivencia de las culturas. Una cultura está formada por las peculiaridades de un grupo, más o menos grande, pero nunca universal.

Las culturas son cambiantes y es válido hablar de la cultura mexicana de finales del siglo pasado o la de ahora, la del primer cuarto del siglo XXI.

Si como hombres de nuestro tiempo nos atenemos a la definición vigente por ahora, vale la pena negar algunas ideas que son comunes entre la autonombrada "clase culta":

1. La cultura no se tiene, se vive; y en nuestra cotidianidad todos somos parte de ella.

2. La cultura no es el gusto, el disfrute y el consumo del arte. Esto es un elemento de la cultura de un grupo, pero no de "la" cultura.

3. No han existido ni existen culturas mejores, solo diferentes.

Por lo aquí ustedes ven, no es lo mismo cultura que arte y se pueden crear organismos que fomenten el arte, pero no la cultura.


jueves, 3 de septiembre de 2026

INTERMEZZO 134.

 













     



                Un capricho más;

                     también mío,

                     no del vegetal.


"Entrada principal" al espacio
recreativo y futbolero de la colonia











Estas hojas son capricho del vegetal.




Mariposa de alas transparentes,
al centro y arriba.











         Nunca he entendido a              esta flor y ni siquiera                sé si es flor.


        Estas son flores hermosas.   
          No han abierto.
        

No es de papel celófano.
¡Es una flor natural!
                                                                            
Como esta hermosa banquetera...



"Salida principal" del espacio
recreativo y futbolero de la colonia



¡Uff, peleando por espacio!


























lunes, 31 de agosto de 2026

REFRANES POPULARES SOBRE EL VINO...

 





Salen nueve refranes populares sobre el vino.

Si los sigues, serás longevo y feliz.

Si NO,  ? ? ?

Te lo digo yo, cursando feliz mi año noventa.






  • Bebe el agua a chorros y el vino a sorbos.

  •  El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.

  • Come niño y crecerás; bebe viejo y vivirás.

  •  A buen vino, buen tocino.

  •  El que buen vino bebe, a beberlo vuelve.

  •  A buen vino, no hay mal bebedor.

  •  Bueno es beber, pero nunca hasta caer.

  • Aceite y vino, bálsamo divino.

  •  Al pan, pan y al vino, vino.

lunes, 24 de agosto de 2026

PRESENCIAS Y RECUERDOS VENTUROSOS DE MÚSICA EN LA FAMILIA.

 





Ludwig van Beethoven
1770 - 1827






A propósito del Concierto para violín y orquesta de Ludwig van Beethoven, que escuchamos el pasado viernes 21 de este mes de agosto del venturoso año de 2026. El año es venturoso pues en nuestra familia nuclear todos estamos vivos y bien; yo, transitando en mi nonagésimo año.


Como inveterados aficionados a la música clásica, por tercer ciclo consecutivo tenemos abonos para la rica temporada semestral de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Xalapa en la Sala Tlaqná, en el recinto de la Universidad Veracruzana. 

El primer programa de esta temporada consistió de cuatro obras, la segunda y principal, el Concierto para Violín y Orquesta de Ludwig van Beethoven, pieza larga y compleja, festiva y hermosa a cual más; inolvidable. El solista fue Francisco Fullana, español, artista universal; estupendo

Esta entrada del blog es atípica, pues consiste en la memoria de una anécdota familiar en relación al Concierto para Violín y Orquesta de Ludwig van Beethoven en una audición en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, casi seguramente a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, la mañana de un domingo de concierto del medio día en el año de 1970. Casado con Sylvia, teníamos dos hijos, varón y mujer, respectivamente de tres y dos años.

Los antecedentes son que en la casa, sencilla, pequeña y hermosa en el barrio de La Conchita, en Coyoacán, Ciudad de México, oíamos mucha música grabada y nuestros hijos la escuchaban. Si algo preguntaban, se les contestaba de manera que entendieran a su corta edad. En ocasión alguna se puso el Concierto de violín de Ludwig van Beethoven y como hay un momento en que una melodía principal entra después de percusiones de los timbales, se les dio a conocer la obra como el Concierto de los timbales, y así lo identificaban. 

Se dio un domingo al medio día en que la orquesta, creo que era la Orquesta Sinfónica Nacional, puso el Concierto de violín y orquesta de Beethoven, e invité a mi hijo de tres años a debutar como público en ese concierto. No entramos a la obertura del concierto ni a la sinfonía final; fuimos sólo al Concierto de los timbales. No teníamos asiento; nos sentamos en un pasillo paracentral del tercer piso y disfrutamos enormemente, el hijo y yo, el Concierto de los timbales. El hijillo se comportó mejor que muchos adultos, lo disfrutó inmensamente y yo lloré emocionado.

Y aquí me despido, porque volvería a llorar, cincuenta y siete años después, si sigo en el teclado.

¡Gracias!



jueves, 20 de agosto de 2026

INTERMEZZO 133. SYLVIA MACÍAS ORDÓÑEZ

  

















En el jardín del pueblo...




 
Quisiera, pero ...

        ¿Quieres entrar?         

... ¡hay que cruzar la calle!



             

      ¡Guauu!, estos no son                   buenos,  son excelsos.

También en el jardín principal


Pueblo grande,
                más iglesias...













































































































lunes, 17 de agosto de 2026

¿NECESITA EXPLICARSE LA MÚSICA?

 








Hace años, cuando era yo maestro de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana y también periodista del mundo musical que me rodeaba, se me acercó un alumno y me espetó de frente: "Maestro, ¿por qué no nos da una conferencia para que nos explique la música clásica?" Tratando de responder tan rápido como me preguntó pensé si ¿yo podría explicar la música clásica?, y rápidamente concluí que no. Entonces me pregunté si los músicos o los filósofos podrían hacerlo, y bueno, estas inquietudes fueron la respuesta a mi pregunta:

"Todo arte es un sistema de comunicación entre un emisor, el artista, y un receptor que es el público, individual o colectivo. La música, como arte que se da en el tiempo, requiere de un intermediario, el intérprete. El receptor utiliza, como forma de conocimiento, la sensibilidad, es decir, el conocer y reconocer en la mente a través de los sentidos; y ese conocimiento puede ser total sin necesidad de ser matizado por la razón o la ciencia. El emisor del mensaje, el artista, adquiere buena parte de su conocimiento por la intuición, ese casi mágico proceso que explica la inspiración; pero para la creación de la obra de arte es más importante que la inspiración, el trabajo basado en la razón y en el dominio de una técnica. La respuesta estética es filosófica y el oficio de hacer las cosas es una técnica. El intérprete usa todas las formas del conocimiento, hasta la fe.

Es claro, entonces, que tanto el creador como el intérprtete requieren de un estudio aplicado para hacer su trabajo dentro del arte; el público NO. A él le toca sentir si la obra le gusta o no. No requiere estudio, pues la obra de arte no se juzga por su bondad o maldad como otros actos humanos. Tampoco se le califica conforme a una escala establecida de valores; lo que importa es que impacte, que llegue a las áreas sensibles y emotivas del cerebro del receptor y que ahí genere "algo", que puede ser belleza. Y digo que "puede ser", porque la belleza, si bien es un elemento buscado, no le es indispensable; lo esencial es que dé la comunicación entre el emisor y el receptor, de tal manera que éste "sienta" que algo cambió en su vida cuando recibió el mensaje estético. Este fenómeno no se puede poner en palabras.

Entonces, parecería que las conferencias y libros que explican el arte son inútiles y que, quizá, hasta estorbaran la sensibilidad. Pero es un hecho que el fenómeno estético parece darse mejor en quienes más se han expuesto al pensamiento filosófico de los artistas y que mejor conocen los intríngulis técnicos para darle forma al arte. Sucede que este conocimiento extraordinario, extraordinario porque no es necesario, crea una apertura de los poros sensibles del receptor. Se presenta al arte con una actitud diferente, enterada, no para entenderlo, porque el arte no se entiende y menos se explica, sino para dejarse penetrar por su mensaje misterioso. Y en su mente ocurre, mejor y con más intensidad, el íntimo y personal develamiento del arcano.

Esta educación implica un cambio de actividad receptiva, por lo que existe el riesgo de destruir con ella la inocencia no prejuiciada que garantiza la recepción, sin trabas, del mensaje. Es por ello que es grave responsabilidad escoger a los conferencistas que explicarán la música. Ellos deberán informar bien de los problemas técnicos de hacerla, pero ser muy cuidadosos al emitir juicios sobre los planteamientos estéticos, es decir, sobre la razón de ser de cada obra y lo que se debe de sentir  con cada obra. Porque en última instancia, sólo el autor conoce la razón, pero ni el autor puede adivinar que emociones generará en cada escucha. Y como dijera Silvestre Revueltas y como alguna vez se lo escuché a Gutiérrez Heras: "Si yo pudiera expresar mis ideas con el verbo, utilizaría el verbo y no la música."


lunes, 10 de agosto de 2026

ALFONSO REYES: EL SOL DE MONTERREY.

 





Alfonso Reyes (1889 - 1959)
por David Alfaro Siqueiros, 1960


El sol de Monterrey

No cabe duda: de niño,
a mí me seguía el sol.
Andaba detrás de mí
como perrito faldero
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños.
Saltaba de patio en patio,
se revolcaba en mi alcoba.
Aun creo que algunas veces
lo espantaban con la escoba.
Y a la mañana siguiente,
ya estaba otra vez conmigo,
despeinado y dulce,
claro y amarillo:
ese sol con sueño
que sigue a los niños (…)

Alfonso Reyes
1932