Acerca de mí

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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 23 de febrero de 2026

DE LA VIDA AMOROSA DE DMITRI SHOSTAKOVICH






Dmitri Shostakovich
1906 - 1975








Entre los grandes compositores Shostakovich tiene el récord de matrimonios. Se casó cuatro veces aunque sólo tuvo tres esposas ya que el primero y el segundo matrimonio fueron con la misma mujer. Además de las esposas tuvo varias amantes, ofreciendo un perfil de mujeriego que contrasta con su seriedad y timidez. Sólo alcanzó la felicidad y estabilidad en su cuarto matrimonio con una mujer 30 años más joven. 

Su primer matrimonio fue con Nina Varzar. Ambos tenían 25 años cuando se casaron. Habían nacido con 15 días diferencia. Ella procedía de una familia muy conocida de Leningrado. Era física y tenía un gran nivel cultural y musical. La pareja pactó una relación libre, mediante la cual cada uno podía mantener relaciones con otras personas. Pero el problema es que no se trataba sólo de relaciones ocasionales. Ambos tuvieron relaciones continuadas con terceras personas durante el matrimonio. 

Tras varios años de noviazgo fijaron la boda en Diciembre de 1931 pero Nina no se presentó. Se casaron finalmente en Mayo de 1932 en una ceremonia civil sin invitados celebrada en el antiguo lugar de residencia de la familia imperial cerca de San Petersburgo. El matrimonio duro sólo dos años y medio.

Shostakovich inició una relación pública con la traductora Elena Konstantinovskaya. En febrero de 1935 se presentó la demanda de divorcio. Nina se quedó en San Petersburgo y Shostakovich se fue a vivir a casa de su madre en Moscú. Tras la sentencia de divorcio Shostakovich escribió a un amigo. “No tiene sentido que me haya divorciado de Nina. Sólo ahora comprendo y apreció lo maravillosa mujer que es y lo que la quiero”. Nina y Shostakovich volvieron a verse. Mantuvieron relaciones sexuales. Nina quedó embarazada. Se casaron por segunda vez. Galina nació en Mayo de 1936 y Maxim en Mayo de 1938. El nacimiento de los niños estabilizó el matrimonio y trajo a los Shostakovich felicidad familiar.

Pero Shostakovich no cesó en sus hábitos de mujeriego. Tenía predilección por sus alumnas jóvenes. Siguiendo casado entabló una relación con su alumna de composición Galina Ulsvolskaya y le propuso matrimonio. Ella no aceptó. Shostakovich inició entonces otra relación con su alumna Elena Nazhirova. Hay un amplio epistolario entre ambos. Otra de las relaciones de esa época del segundo matrimonio con Nina es la bailarina Nina Ivanovna. Shostakovich escribió a su amante, «Anoche estuve en una barbacoa y te recordé. Estaba aburrido sin ti. Espero que este año nos reunamos más a menudo. En vista de mis sentimientos hacia ti, recibir noticias tuyas será una gran alegría». Shostakovich pidió matrimonio a su amada, Pero la negativa de Ivanova fue tajante. No quería contraer matrimonio con una persona comprometida y con dos hijos pequeños. La esposa de Shostakovich murió repentinamente en 1954. 

En Julio de 1956 Shostakovich se casó por tercera vez al poco tiempo de conocer a su nueva mujer Margarita Kainova. El matrimonio fue un desastre desde el principio. Sus hijos no soportaban a la esposa de su padre. Los conflictos eran constantes. Además a Margarita no le gustaba la música y no apreciaba la importancia de la obra de su marido. Se divorciaron tres años después del matrimonio.

Su último matrimonio fue con Irina Antanovna. Él tenía 57 años y ella 27 cuando se casaron, una diferencia de 30 años de edad. Irina nació en Leningrado en 1934. Estudio literatura rusa y se dedicó a la publicación de música y edición de textos musicales en la agencia “The Soviet Composer”. Conoció a Shostakovich con motivo de su tercera ópera: Cheryomushki. Irina tenía la tarea de revisar el texto de la ópera e introdujo diversos cambios. Shostakovich rechazó las modificaciones. Irina acudió a verle para tratar de convencerle que cambiara de opinión. Lo consiguió. 

La primera cita de Irina y Shostakovich fue para un concierto. Iniciaron la relación. Irina estaba casada. Pidió el divorcio y contrajeron matrimonio con rapidez. Shostakovich escribió a un amigo: “Ha ocurrido un acontecimiento de gran importancia en mi vida. Me he casado. Mi mujer se llama Irina. Tiene un pequeño defecto, sólo tiene 27 años de edad. Es dulce, inteligente, alegre, sencilla y amorosa”. La presencia de Irina estabilizó a Shostakovich que no era un hombre fuerte. La relación de Irina con los hijos de Shostakovich fue muy buena. Tenían una edad cercana. Era dos años mayor que Galina y cuatro años mayor que Maxim. Ambos aprobaron desde el primer momento la elección de su padre y estaban encantados de lo bien que le cuidaba Irina. Maxim escribió “Iba con él a todos sitios, en los viajes, a los hospitales, a los conciertos. Era su secretaria, su chofer, su enfermera”.

Shostakovich murió en 1975. Irina le sobrevivió y siguió muy activa difundiendo la obra de su marido. También siguieron vivos Galina y Maxim, los hijos del matrimonio con Nina. 

jueves, 19 de febrero de 2026

INTERMEZZO 120

 




































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INTERMEDIO

Huevo con dos yemas chicas.
De ese huevo nacerían dos (2) pollos.
Lo siento, ya me los comí.









Un gigante caído, por los años…



… una bella en hermosa plenitud.

                                                                                 Hasta la próxima...






lunes, 16 de febrero de 2026

DE LA CUARTA SINFONÍA DE ANTON BRUCKNER

 


Anton Bruckner, austriaco
1824 - 1896




Hace tres días, el viernes 13 de febrero, regresamos a la hermosa Sala Tlaqná en el campus de la Universidad Veracruzana en Xalapa, para estar en un concierto más de temporada de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de su titular, el maestro francés Martin Lebel, consentido, por méritos propios, del público melómano de la ciudad y "puntos aledaños", como se decía en mis tiempos y lugares pasados.

En el programa, sólo la Cuarta Sinfonía, llamada Romántica, de Anton Bruckner. La obra, de cuatro movimientos, es larga, dura ochenta minutos. Entré a la sala sin prejuicio alguno.

Esto de  “entrar a la sala sin prejuicio alguno” deriva  de algunas opiniones mías vertidas con anterioridad, en el sentido de que Bruckner “no había compuesto diez sinfonías, si no diez veces la misma sinfonía”. Eso está en dos entradas previas de este blog.

Echando fuera este sentimiento me disponía yo a asistir al concierto donde se tocaría la Cuarta Sinfonía de Antón Bruckner por la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de su titular, el maestro Martin Lebel. Pero...

... cinco días antes del concierto estuve en una comida de cumpleaños en la que estuvo un maestro contrabajista de la orquesta; es joven y somos amigos recientes. Él sabe de mis opiniones en lo que respecta a la música y en particular a las sinfonías de Bruckner. En un momento dado se acercó a mí y me dijo: “No se pierda el concierto del viernes; esta sinfonía de Bruckner es diferente. Ya verá.”’

Le hice caso, pues él sabe, y estuve en el concierto del viernes pasado; en el programa, una sola obra: la Cuarta Sinfonía de Anton Bruckner, de los últimos románticos, si no es que el último. Accedí a ella en buena onda.

Y mucho la disfruté. Es una obra de belleza absoluta, del romántico tardío, por no decir el último, de fines del siglo XIX. Es una sinfonía que, como casi todas las de Bruckner, le consumió muchos años hacerla, revisarla y volverla a revisar; sólo o asesorado por amigos que el autor consideraba sabios, hasta lograr los resultados estéticos que el había imaginado para la sinfonía en turno.

La Cuarta Sinfonía de Bruckner, conocida también como Romántica, fue compuesta en 1874, pero su proceso de revisión terminó en 1888. ¡Qué horror!

Es hermosa, larga (70 minutos), característica del romántico más bello, el último; en el que la  melodía es la reina, la armonía es compleja y el ritmo es seductor. Habemos quienes hemos llorado ante ella y aplaudido con fervor al terminarse. Así fue el pasado viernes, pero sin llanto. ¡Bravo por la OSX y su director!

Nota buena: como es frecuente en su caso, el maestro Martin Lebel ¡dirigió la obra "de memoria", sin partitura a la vista!  Guauuu…!

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lunes, 9 de febrero de 2026

FRASES Y CITAS SOBRE EL VINO

 




Buscando para hacer esta entrada, me encontré una página que reúne Frases y citas sobre el vino, dando crédito a los autores, que todos han sido "gente grande" en la historia de este mundo. Estas son algunas de ellas.

Que ustedes las disfruten. 


     ¡Salud...!


 El  vino es la leche de los ancianos.  Platón.  

Trasplantar rosales sobre pies de viña daría vinos rosados naturales. Pierre  Dac.

 El mundo entero tiene más o menos tres vasos de vino de retraso.  Humphrey Bogart.

 Un día sin vino es un día sin sol.  Frase típica de la Provenza.

 El hombre debe al vino ser el único animal que bebe sin sed.  Plinio.

 Los chicos deberían abstenerse a beber bebidas con alcohol hasta la edad de 18 años, dado que no es bueno echar aceite al fuego.  Platón.

 El agua conduce la electricidad, pero si se le añade vino ya no tiene derecho a hacerlo. Jean Marie Gourio.

 Demasiado o demasiado poco vino prohiben la verdad.

 Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos.  Salvador Dalí.

 Para no sentir el horrible peso del tiempo sobre sus espaldas, hay que embriagarse sin tregua. De vino, de poesía o de virtud, a vuestra elección. Pero embriáguese.  Baudelaire.

Nada puede ser más frecuente que un vaso de vino ocasional.  Dicho popular.

Para conocer el origen y la calidad del vino no hay necesidad de beber todo el barril. Oscar Wilde.

El alcohol me ha dado más que me ha quitado.  Winston Churchill.

La verdad está en el vino.  Proverbio latino.

Dios no hizo más que el agua, pero el hombre hizo el vino.  Víctor Hugo.



jueves, 5 de febrero de 2026

INTERMEZZO 119.










Las que van a buscar...
Las que traen lo encontrado.















































































Bambú al interior






















 También hay arañas "patonas"
 Esta ya perdió una pata





























                            ¡Buenas noches, tardes o días!

lunes, 2 de febrero de 2026

CONCIERTO FEO, ¿SOLO PARA NOSOTROS ???




La noche del pasado 30 enero nos hicimos presentes en la Sala Tlaqná para estar en un concierto más de temporada de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), bajo la dirección de su titular, el maestro francés Martin Lebel. El programa lucía un poco incómodo por solo moderno, particularmente para las gentes de edad ya avanzadita, como soy yo con mis ochenta y ocho años cumplidos. Pero llegamos al concierto con buen ánimo, mi esposa, la esposa de nuestro hijo y yo.

El programa no lucía muy atractivo para mi y otros viejos, con tres obras cortas, de veinte minutos cada una, dos de ellas modernas: Schelomo, para violonchelo y orquesta de Ernest Bloch y En el Sur de Edward Elgar. Finalmente Tasso, lamento y triunfo de Franz Liszt, que era la esperanza de nosotros los viejos 

La entrada fue buena, me pareció mejor que el promedio. Para ello influyó que la solista en el violonchelo para la primera obra fue Inna Nassidze, que es miembro de la orquesta y maestra en el Instituto Superior de Música del Estado de Veracruz. Muchos alumnos fueron a estar con su maestra. ¡Qué bueno!

Se dio el concierto, con una orquesta estupenda, una dirección irreprochable y una magnífica solista en la primera obra. Pero a nosotros, los de la tercera edad, no nos gustó, para nada; es más, nos molestó. Fue "mucho ruido y pocas nueces". La obra de Elgar, lo mismo. La esperanza nuestra era la obra de Liszt, pero tampoco; ¡igual o más fea que las dos primeras! Aclaro que estas son opiniones personales.

Al terminar, salimos corriendo, pues hasta Liszt nos falló.

¡Así es esto del arte!, sobre todo aquel que se da en el tiempo y no en el espacio. El próximo viernes regresaremos a la Sala Tlaqná, a ver como nos va.


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NB.  Esta entrada no tiene ilustración por que no se me ocurrió que poner.


lunes, 26 de enero de 2026

DE DMITRI SHOSTAKÓVICH Y SU OCTAVA SINFONÍA

 




Dmitri Shostakóvich
(1906 - 1975)





Dmitri Shostakóvich (1906 - 1975) fue un músico ruso, soviético, sinfonista impar, que en este terreno me parece sólo comparable a Beethoven y a Mahler, teniendo conciencia que estoy excluyendo a Mozart y a Haydn. ¡Que me perdonen los sabios!



A la mitad de su vida vivió la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945) y en Leningrado actuó como bombero, combatiendo los incendios que el gigantesco bombardeo de los nazis alemanes mantuvo en su ciudad natal, por años.

Como artista, siguió componiendo su música durante la guerra, particularmente en los recintos alejados de las zonas críticas y peligrosas (Siberia), donde el gobierno central de la URSS alojaba y ponía a trabajar a sus artistas. Ahí se crearon obras magníficas; de Shostakóvich, sus sinfonías 7, 8 y 9, las llamadas "sinfonías de guerra". Se estrenaban allá y estaban sujetas a la críticas, en ocasiones venenosas, de otros compositores encerrados allá también.

Es ésta la historia de la Octava Sinfonía de Dmitri Shostakóvich, que la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) nos ofreció, como pieza única en el programa, el pasado viernes 23 de enero en la Sala Tlaqná, su extraordinario recinto sonoro, que lució una entrada apenas regular. Lástima..., porque la Octava Sinfonía de Shostakóvich, bajo la dirección estupenda del maestro Martin Lebel, resultó magnífica e impresionante y nos transmitió cabalmente un sentimiento de resistencia heroica ante las injustas locuras que representan las guerras.

Para un melómano profano, aunque conocedor, juzgar una obra de esa magnitud por una primera audición en la vida, es tarea difícil; no lo intentaré, aunque  creo que no la volveré a escuchar "en vivo" en el espacio restante de mi vida.

La obra, de cinco movimientos que se van como agua, tiene el sello de Shostakóvich, sello de grandeza, que no de grandiosidad; sello de entereza, sello de universalidad y una advertencia de libertad ineludible y resistencia total ante las injusticias guerreras. Los invasores de esa Rusia finalmente fueron derrotados y la Octava Sinfonía de Shostakóvich sigue viva, hermosa e inquietante.

Con ese ánimo la escuchamos el pasado viernes en una audición inolvidable, por lo menos para mí, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Xalapa bajo la batuta estupenda del maestro Martin Lebel.