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| Un gigante caído, por los años… |
| … una bella en hermosa plenitud. Hasta la próxima... |
| Anton Bruckner, austriaco 1824 - 1896 |
Hace tres días, el viernes 13 de febrero, regresamos a la hermosa Sala Tlaqná en el campus de la Universidad Veracruzana en Xalapa, para estar en un concierto más de temporada de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de su titular, el maestro francés Martin Lebel, consentido, por méritos propios, del público melómano de la ciudad y "puntos aledaños", como se decía en mis tiempos y lugares pasados.
En el programa, sólo la Cuarta Sinfonía, llamada Romántica, de Anton Bruckner. La obra, de cuatro movimientos, es larga, dura ochenta minutos. Entré a la sala sin prejuicio alguno.
Esto de “entrar a la sala sin prejuicio alguno” deriva de algunas opiniones mías vertidas con anterioridad, en el sentido de que Bruckner “no había compuesto diez sinfonías, si no diez veces la misma sinfonía”. Eso está en dos entradas previas de este blog.
Echando fuera este sentimiento me disponía yo a asistir al concierto donde se tocaría la Cuarta Sinfonía de Antón Bruckner por la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de su titular, el maestro Martin Lebel. Pero...
... cinco días antes del concierto estuve en una comida de cumpleaños en la que estuvo un maestro contrabajista de la orquesta; es joven y somos amigos recientes. Él sabe de mis opiniones en lo que respecta a la música y en particular a las sinfonías de Bruckner. En un momento dado se acercó a mí y me dijo: “No se pierda el concierto del viernes; esta sinfonía de Bruckner es diferente. Ya verá.”’
Le hice caso, pues él sabe, y estuve en el concierto del viernes pasado; en el programa, una sola obra: la Cuarta Sinfonía de Anton Bruckner, de los últimos románticos, si no es que el último. Accedí a ella en buena onda.
Y mucho la disfruté. Es una obra de belleza absoluta, del romántico tardío, por no decir el último, de fines del siglo XIX. Es una sinfonía que, como casi todas las de Bruckner, le consumió muchos años hacerla, revisarla y volverla a revisar; sólo o asesorado por amigos que el autor consideraba sabios, hasta lograr los resultados estéticos que el había imaginado para la sinfonía en turno.
La Cuarta Sinfonía de Bruckner, conocida también como Romántica, fue compuesta en 1874, pero su proceso de revisión terminó en 1888. ¡Qué horror!
Es hermosa, larga (70 minutos), característica del romántico más bello, el último; en el que la melodía es la reina, la armonía es compleja y el ritmo es seductor. Habemos quienes hemos llorado ante ella y aplaudido con fervor al terminarse. Así fue el pasado viernes, pero sin llanto. ¡Bravo por la OSX y su director!
Nota buena: como es frecuente en su caso, el maestro Martin Lebel ¡dirigió la obra "de memoria", sin partitura a la vista! Guauuu…!
Buscando para hacer esta entrada, me encontré una página que reúne Frases y citas sobre el vino, dando crédito a los autores, que todos han sido "gente grande" en la historia de este mundo. Estas son algunas de ellas.
Que ustedes las disfruten.
| ¡Salud...! |
El vino es la leche de los ancianos. Platón.
Trasplantar rosales sobre pies de viña daría vinos rosados naturales. Pierre Dac.
El mundo entero tiene más o menos tres vasos de vino de retraso. Humphrey Bogart.
Un día sin vino es un día sin sol. Frase típica de la Provenza.
El hombre debe al vino ser el único animal que bebe sin sed. Plinio.
Los chicos deberían abstenerse a beber bebidas con alcohol hasta la edad de 18 años, dado que no es bueno echar aceite al fuego. Platón.
El agua conduce la electricidad, pero si se le añade vino ya no tiene derecho a hacerlo. Jean Marie Gourio.
Demasiado o demasiado poco vino prohiben la verdad.
Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos. Salvador Dalí.
Para no sentir el horrible peso del tiempo sobre sus espaldas, hay que embriagarse sin tregua. De vino, de poesía o de virtud, a vuestra elección. Pero embriáguese. Baudelaire.
Nada puede ser más frecuente que un vaso de vino ocasional. Dicho popular.
Para conocer el origen y la calidad del vino no hay necesidad de beber todo el barril. Oscar Wilde.
El alcohol me ha dado más que me ha quitado. Winston Churchill.
La verdad está en el vino. Proverbio latino.
Dios no hizo más que el agua, pero el hombre hizo el vino. Víctor Hugo.
La noche del pasado 30 enero nos hicimos presentes en la Sala Tlaqná para estar en un concierto más de temporada de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), bajo la dirección de su titular, el maestro francés Martin Lebel. El programa lucía un poco incómodo por solo moderno, particularmente para las gentes de edad ya avanzadita, como soy yo con mis ochenta y ocho años cumplidos. Pero llegamos al concierto con buen ánimo, mi esposa, la esposa de nuestro hijo y yo.
El programa no lucía muy atractivo para mi y otros viejos, con tres obras cortas, de veinte minutos cada una, dos de ellas modernas: Schelomo, para violonchelo y orquesta de Ernest Bloch y En el Sur de Edward Elgar. Finalmente Tasso, lamento y triunfo de Franz Liszt, que era la esperanza de nosotros los viejos
La entrada fue buena, me pareció mejor que el promedio. Para ello influyó que la solista en el violonchelo para la primera obra fue Inna Nassidze, que es miembro de la orquesta y maestra en el Instituto Superior de Música del Estado de Veracruz. Muchos alumnos fueron a estar con su maestra. ¡Qué bueno!
Se dio el concierto, con una orquesta estupenda, una dirección irreprochable y una magnífica solista en la primera obra. Pero a nosotros, los de la tercera edad, no nos gustó, para nada; es más, nos molestó. Fue "mucho ruido y pocas nueces". La obra de Elgar, lo mismo. La esperanza nuestra era la obra de Liszt, pero tampoco; ¡igual o más fea que las dos primeras! Aclaro que estas son opiniones personales.
Al terminar, salimos corriendo, pues hasta Liszt nos falló.
¡Así es esto del arte!, sobre todo aquel que se da en el tiempo y no en el espacio. El próximo viernes regresaremos a la Sala Tlaqná, a ver como nos va.
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NB. Esta entrada no tiene ilustración por que no se me ocurrió que poner.
| Dmitri Shostakóvich (1906 - 1975) |
Dmitri Shostakóvich (1906 - 1975) fue un músico ruso, soviético, sinfonista impar, que en este terreno me parece sólo comparable a Beethoven y a Mahler, teniendo conciencia que estoy excluyendo a Mozart y a Haydn. ¡Que me perdonen los sabios!
A la mitad de su vida vivió la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945) y en Leningrado actuó como bombero, combatiendo los incendios que el gigantesco bombardeo de los nazis alemanes mantuvo en su ciudad natal, por años.
Como artista, siguió componiendo su música durante la guerra, particularmente en los recintos alejados de las zonas críticas y peligrosas (Siberia), donde el gobierno central de la URSS alojaba y ponía a trabajar a sus artistas. Ahí se crearon obras magníficas; de Shostakóvich, sus sinfonías 7, 8 y 9, las llamadas "sinfonías de guerra". Se estrenaban allá y estaban sujetas a la críticas, en ocasiones venenosas, de otros compositores encerrados allá también.
Es ésta la historia de la Octava Sinfonía de Dmitri Shostakóvich, que la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) nos ofreció, como pieza única en el programa, el pasado viernes 23 de enero en la Sala Tlaqná, su extraordinario recinto sonoro, que lució una entrada apenas regular. Lástima..., porque la Octava Sinfonía de Shostakóvich, bajo la dirección estupenda del maestro Martin Lebel, resultó magnífica e impresionante y nos transmitió cabalmente un sentimiento de resistencia heroica ante las injustas locuras que representan las guerras.
Para un melómano profano, aunque conocedor, juzgar una obra de esa magnitud por una primera audición en la vida, es tarea difícil; no lo intentaré, aunque creo que no la volveré a escuchar "en vivo" en el espacio restante de mi vida.
La obra, de cinco movimientos que se van como agua, tiene el sello de Shostakóvich, sello de grandeza, que no de grandiosidad; sello de entereza, sello de universalidad y una advertencia de libertad ineludible y resistencia total ante las injusticias guerreras. Los invasores de esa Rusia finalmente fueron derrotados y la Octava Sinfonía de Shostakóvich sigue viva, hermosa e inquietante.
Con ese ánimo la escuchamos el pasado viernes en una audición inolvidable, por lo menos para mí, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Xalapa bajo la batuta estupenda del maestro Martin Lebel.