Acerca de mí

Mi foto
Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

Seguidores

Archivo del Blog

lunes, 26 de enero de 2026

DE DMITRI SHOSTAKÓVICH Y SU OCTAVA SINFONÍA

 




Dmitri Shostakóvich
(1906 - 1975)





Dmitri Shostakóvich (1906 - 1975) fue un músico ruso, soviético, sinfonista impar, que en este terreno me parece sólo comparable a Beethoven y a Mahler, teniendo conciencia que estoy excluyendo a Mozart y a Haydn. ¡Que me perdonen los sabios!



A la mitad de su vida vivió la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945) y en Leningrado actuó como bombero, combatiendo los incendios que el gigantesco bombardeo de los nazis alemanes mantuvo en su ciudad natal, por años.

Como artista, siguió componiendo su música durante la guerra, particularmente en los recintos alejados de las zonas críticas y peligrosas (Siberia), donde el gobierno central de la URSS alojaba y ponía a trabajar a sus artistas. Ahí se crearon obras magníficas; de Shostakóvich, sus sinfonías 7, 8 y 9, las llamadas "sinfonías de guerra". Se estrenaban allá y estaban sujetas a la críticas, en ocasiones venenosas, de otros compositores encerrados allá también.

Es ésta la historia de la Octava Sinfonía de Dmitri Shostakóvich, que la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) nos ofreció, como pieza única en el programa, el pasado viernes 23 de enero en la Sala Tlaqná, su extraordinario recinto sonoro, que lució una entrada apenas regular. Lástima..., porque la Octava Sinfonía de Shostakóvich, bajo la dirección estupenda del maestro Martin Lebel, resultó magnífica e impresionante y nos transmitió cabalmente un sentimiento de resistencia heroica ante las injustas locuras que representan las guerras.

Para un melómano profano, aunque conocedor, juzgar una obra de esa magnitud por una primera audición en la vida, es tarea difícil; no lo intentaré, aunque  creo que no la volveré a escuchar "en vivo" en el espacio restante de mi vida.

La obra, de cinco movimientos que se van como agua, tiene el sello de Shostakóvich, sello de grandeza, que no de grandiosidad; sello de entereza, sello de universalidad y una advertencia de libertad ineludible y resistencia total ante las injusticias guerreras. Los invasores de esa Rusia finalmente fueron derrotados y la Octava Sinfonía de Shostakóvich sigue viva, hermosa e inquietante.

Con ese ánimo la escuchamos el pasado viernes en una audición inolvidable, por lo menos para mí, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Xalapa bajo la batuta estupenda del maestro Martin Lebel.