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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 16 de febrero de 2026

DE LA CUARTA SINFONÍA DE ANTON BRUCKNER

 


Anton Bruckner, austriaco
1824 - 1896




Hace tres días, el viernes 13 de febrero, regresamos a la hermosa Sala Tlaqná en el campus de la Universidad Veracruzana en Xalapa, para estar en un concierto más de temporada de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de su titular, el maestro francés Martin Lebel, consentido, por méritos propios, del público melómano de la ciudad y "puntos aledaños", como se decía en mis tiempos y lugares pasados.

En el programa, sólo la Cuarta Sinfonía, llamada Romántica, de Anton Bruckner. La obra, de cuatro movimientos, es larga, dura ochenta minutos. Entré a la sala sin prejuicio alguno.

Esto de  “entrar a la sala sin prejuicio alguno” deriva  de algunas opiniones mías vertidas con anterioridad, en el sentido de que Bruckner “no había compuesto diez sinfonías, si no diez veces la misma sinfonía”. Eso está en dos entradas previas de este blog.

Echando fuera este sentimiento me disponía yo a asistir al concierto donde se tocaría la Cuarta Sinfonía de Antón Bruckner por la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de su titular, el maestro Martin Lebel. Pero...

... cinco días antes del concierto estuve en una comida de cumpleaños en la que estuvo un maestro contrabajista de la orquesta; es joven y somos amigos recientes. Él sabe de mis opiniones en lo que respecta a la música y en particular a las sinfonías de Bruckner. En un momento dado se acercó a mí y me dijo: “No se pierda el concierto del viernes; esta sinfonía de Bruckner es diferente. Ya verá.”’

Le hice caso, pues él sabe, y estuve en el concierto del viernes pasado; en el programa, una sola obra: la Cuarta Sinfonía de Anton Bruckner, de los últimos románticos, si no es que el último. Accedí a ella en buena onda.

Y mucho la disfruté. Es una obra de belleza absoluta, del romántico tardío, por no decir el último, de fines del siglo XIX. Es una sinfonía que, como casi todas las de Bruckner, le consumió muchos años hacerla, revisarla y volverla a revisar; sólo o asesorado por amigos que el autor consideraba sabios, hasta lograr los resultados estéticos que el había imaginado para la sinfonía en turno.

La Cuarta Sinfonía de Bruckner, conocida también como Romántica, fue compuesta en 1874, pero su proceso de revisión terminó en 1888. ¡Qué horror!

Es hermosa, larga (70 minutos), característica del romántico más bello, el último; en el que la  melodía es la reina, la armonía es compleja y el ritmo es seductor. Habemos quienes hemos llorado ante ella y aplaudido con fervor al terminarse. Así fue el pasado viernes, pero sin llanto. ¡Bravo por la OSX y su director!

Nota buena: como es frecuente en su caso, el maestro Martin Lebel ¡dirigió la obra "de memoria", sin partitura a la vista!  Guauuu…!

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