Acerca de mí

Mi foto
Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

Seguidores

Archivo del Blog

lunes, 11 de mayo de 2026

DE LA MÚSICA ABSOLUTA Y DE LA MÚSICA DE PROGRAMA

 






La música es un lenguaje o por lo menos un discurso y por lo tanto siempre expresa ideas. Como los músicos no están locos, sus ideas tienen un orden, un programa y, por lo tanto, toda la música tiene programa. Sin embargo, en los escritos sobre la música se distingue claramente entre la música programática y la absoluta, llamando así a "la que no tiene programa".

Lo que sucede es que el programa de la música no se puede traducir al lenguaje del verbo, que es el que usamos la mayoría de los humanos para expresar nuestros pensamientos. El lenguaje musical tiene formas como las literarias y una gramática compleja como la del verbo, pero las formas y la gramática no son las ideas. Las de un poeta pueden quedar plasmadas en un bello soneto y las de un filósofo en un magnífico ensayo, pero ninguno de ellos podría expresarlas en música. Un músico no tiene verbo para decir sus cosas, sólo tiene música. Y si le preguntan ¿qué significa?, contesta: "Si mis ideas las pudiera expresar con palabras, no escribiría música" (Silvestre Revueltas y Gutiérrez Heras). Esa es la música absoluta, aquella que su programa ideológico no tiene traducción al lenguaje verbal.

La música programática es lo contrario. El músico, intencionalmente trata de poner en las formas y con la gramática musical, un programa ideológico tomado del lenguaje verbal o transcribir imágenes visuales (paisajes, pinturas, mujeres, etc.) a imágenes auditivas. Se trata de generar con la música emociones similares a las que el autor recibió al ver el objeto que describe con la música o al leer las ideas escritas que le indujeron a componer. 

El género de música programática por excelencia es el poema sinfónico y uno de sus principales cultivadores fue Richard Strauss, quien hacía gala de poder describir el color del pelo de una mujer, con música. Por supuesto que quizo trasmitirnos las ideas de Nietzsche cuando hizo Así hablaba Zaratustra. La verdad es que si no conocemos la obra del filósofo alemán, no tenemos idea de sus ideas con sólo escuchar el poema sinfónico y, si no nos dicen que tal música pinta a una pelirroja, ni siquiera sospechamos que se trata de una mujer. Esta es la desventaja de la música programática, que nos tienen que explicar el programa; pero cuando esto ocurre y seguimos la música con el programa, se disfruta mucho.

No hay que confundirla con la música imitativa, que consiste en reproducir, con instrumentos musicales y dentro de una obra, el canto de un pájaro, el ruido de una tormenta o la llegada de un ferrocarril. Esta imagen sonora no proviene del lenguaje verbal o de una imagen no auditiva, sino de otra imagen auditiva. Esto es imitación y se vale en la música, aunque en pequeñas dosis.







No hay comentarios.:

Publicar un comentario