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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 29 de junio de 2026

DE LAS SINFONÍAS DE BEETHOVEN *

 










Hay en la ciudad de Viena un monumento  a Beethoven hermoso de verdad, no sólo por su diseño y adecuación al entorno urbano, sino por su concepción ideológica. En lo alto está Beethoven adulto, sentado, pensante y sereno, en una actitud que me recuerda a Dante. En una de las cabeceras de la base está Prometeo encadenado, aquel espíritu renovador liberado por Beethoven; en la otra hay una alegoría, en forma de mujer, del triunfo y la alegría; en los lados están las estatuas en bronce de nueve niños traviesos, hombres y mujeres que representan los hijos dilectos de Beethoven, sus nueve sinfonías. Los nueve niños representan la misma edad: cuatro a cinco años.

Beethoven alguna vez escribió: "El poder es la moralidad del hombre infatigable y también es la mía". El poder fue la ética de Beethoven. El poder fue la moralidad de su perspectiva sinfónica, poder que extendió los límites de la sinfonía hasta liberarla de las humanas imposiciones y darle una dimensión titánica.

Beethoven heredó un modelo artístico de precisión, equilibrio y belleza tensil. En sólo un cuarto de siglo lo convirtió en una forma mayor, no menos precisa, pero capaz del gran drama, construyendo una música tanto de melodías como de ideas. Con su Tercera Sinfonía agotó las posibilidades sinfónicas de la poesía trágica. Con la Quinta trazó la unidad de transformación heroica a través del uso de un tema básico que crece triunfante de movimiento en movimiento. Con la Séptima propuso una emancipación dionisiaca del espíritu. Con la Novena idealizó una comunidad ecuménica, usando texto y voz para celebrar la fraternidad del género humano.

El clasicismo fue una preferencia por el equilibrio; el romanticismo, una furia de poder. Beethoven vivió las dos épocas y no fue clásico ni romántico. Beethoven supervisó, en música, esa transición histórica. Para el tiempo en que murió, había remotivado la sinfonía como una forma emocional, que fue el logro más significativo en el desarrollo de la sinfonía romántica.

Apenas esto puedo decir de las sinfonías de Beethoven, cuando he intentado lo imposible, verter al verbo el lenguaje musical.

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Nota buena:

Este artículo mío apareció en un libro que recopiló una selección de mis entregas periodísticas semanales en Morelia del año 1989 al 2008. Lo escribí en el año 2007 con motivo del Festival Internacional de Música de Morelia de ese año, en el que se presentaría la Novena Sinfonía de Beethoven por la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX). 

Ahora, el viernes 26 de junio del 2026, la presentó la OSX en la Sala Tlaqná de Xalapa, bajo la dirección del maestro Martin Lebel. Estupenda.