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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 10 de agosto de 2020

SISTEMA NERVIOSO 2

La región más desconocida del universo sigue siendo el cerebro. (Villoro, 2017)

Esta sentencia de Juan Villoro no aplica al conocimiento de la anatomía, de las formas, grandes o chicas, macroscópicas o microscópicas, del sistema nervioso. Lo macroscópico lo expusimos aquí hace cuatro semanas; lo microscópico también se conoce en su totalidad, ahora que las nuevas técnicas de microscopía electrónica de barrido y la manipulación informática obtienen imágenes increíbles hasta de la mayor intimidad de las células más pequeñas del sistema nervioso, gliales o neuronas. No hay misterio alguno en ellas y sí, una gran belleza.

                     

                     

Los modernos estudios de imagen con resonadores magnéticos, usando técnicas para tractografía, ofrecen imágenes magníficas de los haces nerviosos que asocian distintas partes del encéfalo o que del encéfalo van a la médula espinal y viceversa.

             

Las imágenes de resonancia magnética funcional muestran las áreas corticales cerebrales que se encienden cuando se ejecuta una función, pero su información es muy limitada  ante la magnitud de la complejidad de funciones aún aparentemente simples.

Pero de la función específica global del SISTEMA NERVIOSO, única y no compartida, que es la RELACIÓN, nuestra ignorancia es abismal.

El término RELACIÓN, para fines de esta entrega, es la capacidad de “darnos cuenta de… y actuar en consecuencia”. Ni el “darnos cuenta de…” ni “el actuar en consecuencia” necesariamente son conscientes. Además, la relación no puede darse en forma individual; requiere de alguien o algo más con quien ejercerla, pocos o muchos, y estamos en ella siempre. Además, no se da en el éter, se hace en nuestro SISTEMA NERVIOSO (SN), alojado en un cuerpo complejo que se desenvuelve en un medio ambiente también complejo.

En la entrega del 13 de julio enumeramos los seis elementos funcionales necesarios para ejercer está función, que se dan en cinco elementos anatómicos. Un resumen de ello es el siguiente:

1. Receptores periféricos variados y especializados que recogen señales periféricas, 2. Un cableado conductor aferente que lleva esas señales al sistema nervioso central, 3. Un enorme conjunto de centros de procesamiento de la información, situados en el sistema nervioso central,    4. Un cableado conductor eferente que transmite estas órdenes ejecutivas a los efectores finales, 5. Los efectores finales, que son los músculos y las glándulas, y 6. Estas acciones finales actúan sobre los receptores periféricos que las desencadenaron, estableciendo ciclos funcionales ininterrumpidos.

La información que se recibe sobre el entorno es en forma de energía física (luminosa, química o mecánica) que en los receptores periféricos se transforma en eléctrica, la única que puede manejar el SN. Esta transformación tiene lugar en los receptores periféricos y se le llama transducción. A partir de este hecho y este sitio, las señales se conducen, a través de pasos sucesivos de neuronas y sinapsis (cadenas de neuronas) hasta el cerebro, donde se crean los mapas cognitivos de nuestro medio y de nosotros mismos, que se manifiestan como gnosias (capacidad de reconocer); la interacción de ellas constituye la conciencia del YO.

          Cadena neuronal

                    

                       

Las gnosias se crean en la corteza cerebral, pero en áreas distintas de la corteza para cada forma de sensibilidad (vista, oído, olfato, tacto, etcétera). De ahí se inician o continúan cadenas de neuronas de complejidad y trayectos variados, que en cada relevo en áreas de la corteza cerebral o cerebelosa o en núcleos compactos del interior del cerebro, el cerebelo y el tronco encefálico, se van modificando, redirigiendo, reorganizando, complejizando y generando nuevas funciones exclusivas del sistema nervioso: memoria, inteligencia, lenguaje, emociones, que actuando en conjunto constituyen la MENTE, capaz de crear conceptos e ideas y convertirlos en teorías, arte, ciencia, matemática y utilerías mil. Esta manifestación terminal sólo puede hacerse a través del movimiento y de secreciones glandulares. Los músculos y las glándulas son los efectores finales y únicos de ese complejo SISTEMA NERVIOSO. Las señales siguen siendo eléctricas y conducidas a los efectores a través de neuronas eferentes. Al llegar la señal eléctrica al efector muscular, cambia nuevamente a energía mecánica, que es el movimiento. Y así como la gnosia es la capacidad de reconocer, la praxia es la capacidad de saber hacer. Todo este complejo sistema de funciones del SN constituyen la función de RELACIÓN, la CONCIENCIA misma, que es el “darnos cuenta de… y actuar en consecuencia”.

Las gnosias y las praxias requieren de aprendizaje y memoria, y serán tantas cuantas podamos aprender y ejecutar; cuasi infinitas. Y toda actividad que ocurra en el SN no depende tanto del número de neuronas que alberga, sino de la forma y cantidad en que se comunican.

El SISTEMA NERVIOSO es una máquina          compleja que exige que muchas de sus piezas, cadenas y engranajes, trabajen simultánea y sincronizadamente para cumplir su función de RELACIÓN a cabalidad.

Como toda máquina de alta tecnología, necesita de un computador central, en su caso el CEREBRO, que administre y controle cada una de sus partes y sus funciones.

Ahora bien, la complejidad del SISTEMA NERVIOSO es muchos millones de veces mayor que esto que acabo de describir. Es el gran territorio ignoto del universo.



lunes, 3 de agosto de 2020

DE LA MELODÍA EN LA MÚSICA

Hace cuatro semanas mi entrada en este blog se llamó DE LOS ORÍGENES DE LA MÚSICA  1 e hizo énfasis en el ritmo, como el primero de sus elementos. Dije que el segundo en aparecer había sido la melodía y que de él diríamos ahora. Ese ahora ha llegado.

Hay constancia de la existencia de melodía en la música desde hace cinco o seis mil años, cuando se sabe de cierto que se cantaba y que había instrumentos otros que los de percusión.

También dije que el ritmo, para los profanos, es aquel elemento de la música que sentimos que podemos bailar; ahora digo que la melodía es el elemento que sentimos que podemos cantar. Esta definición, que me parece la mejor, hay a quien le parece pobre. Acudí entonces al Diccionario de la Academia de la Lengua y la verdad es que no entendí la primera acepción y lo único que me pareció claro es que debía agradar al oído. En un párrafo aparte, dice que melodía es una "composición en que se desarrolla una idea musical con independencia de su acompañamiento". Esta es una definición estupenda.

Un diccionario de música dice que melodía es una "noción muy general que se refiere a todas las relaciones sonoras posibles en el orden de la sucesión". Esto quiere decir que melodía es el elemento musical que se da por fenómenos sonoros sucesivos y no simultáneos, como cuando cantamos sin acompañamiento. Los que grafican las cosas dirían que es un fenómeno horizontal. Pero hay, además, una condición necesaria, en la que hace énfasis Aaron Copland: la melodía debe crear una una emoción en quien la escucha.

Escritura melódica, Horizontal

Hasta ahora no se ha podido analizar por qué una buena melodía tiene el poder de conmovernos. Ni siquiera podemos decir con certeza qué es lo que constituye una buena melodía. Sin embargo, la mayoría de la gente sabe si la melodía que escucha es bella o no. Por lo tanto, debe de tener algún criterio sobre eso, aunque sea inconsciente.

Para los compositores, la melodía es el elemento musical que se les da sin estudio, es el soplo de la inspiración. Las melodías ocurren espontáneamente, a algunos más que a otros; a Schubert más que a Beethoven y a José Alfredo Jiménez más que a Tomás Méndez. Pero continuamente las están aceptando y rechazando, quizás con los mismos criterios que nosotros, inconscientes, aplicamos al juzgarlas; que si es suficientemente larga y fluida, que si tiene altibajos de interés y momentos culminantes, que si tiene una cierta sensibilidad para el fluir del ritmo, etcétera.

La melodía es como el esqueleto de la música, como la música desnuda, que consiste en sonidos simples sucesivos, no simultáneos ni acompañados, encadenados por diferentes características de esos sonidos, pero fundamentalmente por la memoria de quien la escucha, pues cuando se da un sonido, el previo ya no existe. Necesariamente debe causar emoción y, en general, ser bella. Pero más que nada, la melodía es aquello de la música que sentimos que podemos cantar. Y si la danza nació con el ritmo, la canción nació con la melodía.

El tercer fundamento de la música es la armonía. De ella diremos en otra entrada de música.




lunes, 27 de julio de 2020

PROBANDO LOS VINOS ROSADOS CON LEONARDO DA VINCI

Paseaba yo por el Valle del río Loira, en Francia, región reconocida por la calidad de sus vinos rosados. No soy entusiasta de los vinos de ese color, pero había que probarlos ya que andaba por ahí. Deambulaba por la ciudad de Amboise y alcancé a ver, en un bello rincón arbolado y cercano, a un viejo canoso y con gran barba que mucho me impresionó por su aspecto de serenidad y cierta ausencia. Pero se parecía mucho a alguien conocido y cuando me vino a la cabeza quien, me le acerqué y con timidez le pregunté:

- ¿Perdone señor, es usted… Leonardo… da Vinci?

- Sí…, ¿por qué? - me contestó con timidez

Estuve por desmayarme, pero me sobrepuse y alcancé a contestarle:

- Es que su título de Príncipe del Renacimiento no creo que le otorgara patente de inmortalidad y usted, según sé, debe residir en el ultramundo desde hace ya quinientos años.

-  No, no he muerto, - me dijo sorprendido. - Tengo algunos meses viviendo aquí, donde me acogió el rey Francisco I de Francia, escapando yo de algunas maledicencias en Florencia. Estamos en 1517 y aunque viejo y cansado, me siento bien y así sigo por la vida, ¡por lo que me falta de vida!

- Y qué hace aquí, maestro, permítame que le llame así.

- Me puedes llamar así o Leonardo simplemente; no soy muy fijado. Pinto para la corte, el rey es mi amigo y con frecuencia asiste a fiestas que ofrezco. Para una de ellas inventé un león autómata que, en un momento dado, expulsa flores de lis, la flor emblemática de este reino.

- Impresionante, maestro. A usted siempre le gustó diseñar y fabricar autómatas, algunos de ellos con ideas prácticas, otros militares y unos más, inútiles. Algunos se construyeron y no trabajaron o ni se construyeron.

- Así es, ¿cómo te llamas?

- Rogelio.

- Es cierto, Rogelio, pero mi inquietud inventiva nunca me ha permitido estar ocioso. Como alguien dijo: “Es mejor trabajar de balde que estar de balde”.

- De acuerdo, maestro. Otra pregunta: Dice que aquí está pintando para la corte. ¿Qué pinta? ¿frescos, óleos, gran formato, caballete? Porque dentro de su multifuncionalidad extrema, que lo coloca como príncipe del Renacimiento, su obra pictórica es escasa. 


- También eso es verdad, pero hice la pintura más conocida y famosa del mundo y lo será en la posteridad: La Gioconda. Te cuento que la tengo aquí, en Francia; me la traje de Florencia en el inmundo viaje a lomo de mula que hice. Si quieres, la vamos a ver.

- Me encantará, pero le confieso que no me gusta mucho. Para mí, lo mejor que pintó fue La última cena, fresco que está en Milán. Y bien, maestro, me va a permitir y perdonar que lo aturrulle a preguntas, porque creo que nunca más en la vida me sucederá esto: convivir y compartir tan cercana e intensamente con Leonardo da Vinci, el único y verdadero.





- Está bien, sigamos, pero vamos a sentarnos en esa hostería de enfrente, Les Arpents, y refrescarnos con un poco del vino de aquí. Tú lo pagarás, desde luego.

- Maestro, usted es rico. Al venir a Francia, Francisco I le concedió una renta principesca de 700 escudos de oro al año, que es mucho dinero. Pague usted el vino y los entremeses, ¡no hay que ser!

- Esta bien, vamos.

Agradable lugar, fresco, tranquilo y bien atendido por una bella moza, robusta y sonriente. Un refrescante vino rosado de la casa acompañó a unas estupendas rillettes.

- Bien, maestro, aunque vivo lejos de aquí, sé de su vida, historia y trabajo, y hay cosas que no entiendo. Como prototipo de hombre del Renacimiento, se le califica también de ingeniero civil, arquitecto, urbanista y escultor. Pero si bien hizo muchos proyectos arquitectónicos, creo que no hay alguno consumado. ¿Por qué?

- Mira, yo creo que nací antes de tiempo. Eso que llaman Renacimiento y del cual dicen que soy el príncipe¸ fue un movimiento ideológico y social que canceló mil años de parálisis del pensamiento del hombre, congelado por la idea de un ser divino que todo sabía, hacía y determinaba, sin objeción alguna. El Renacimiento fue un movimiento de reivindicación del hombre individual, no del hombre social, el que habría de construir ciudades para los hombres comunes. Y mis proyectos urbanísticos eran para esto último. Quizá fueron imperfectos, pero nunca se intentaron. Se necesita mucho dinero para eso, dinero que se usó en exaltar la individualidad y fomentar la llamada cultura, no para la civilidad. Eso ya vendrá después.

- Y entonces usted será reconocido…, en ese terreno. Pero en la misma tónica que vengo usando, le quiero preguntar sobre algunas otras de sus habilidades; se dice que es poeta, músico que compone, toca varios instrumentos, improvisa en el clave y diseña e inventa nuevos instrumentos. ¿Qué me dice a eso? ¿Cómo se califica?

- Mira. Componer música lo hice como aficionado, para darme gusto a mí. Siempre tuve claro que no podía yo competir con genios como Josquin Desprez o Andrea di Cione, llamado el Verrocchio, con quienes conviví y compartí. Pero como ejecutante era yo muy bueno y solicitado, particularmente tocando el arpa de plata que diseñé. Fui un virtuoso.

Ya no me atreví a decirle que alguna vez había estado en una velada musical donde se ejecuto alguna obra de él con uno de sus instrumentos inventados. Me sonó muy fea.

Con algo de vino en la cabeza, caí en la confianza de hablarle de tu. Él me había autorizado y es más o menos de mi edad o algo menor.

- Leonardo, yo creo que tu mejor expresión como el mayor polímata del Renacimiento, es en el dibujo y la ciencia, y particularmente en el dibujo aplicado a la ciencia. Tu obra plástica consentida mía es el cartón de La Virgen, santa Ana, Jesús y Juan niños. No alcanzo a describirlo ni a definir la emoción que me embarga cuando lo miro. Caigo en trance.

- Hay muchos que lo viven así, Rogelio.

-Leonardo, vuelvo a tratarlo de maestro porque en este momento y por lo que después le revelaré, así lo considero justo. Su obra más extensa y materializada fue un verdadero tratado avanzado de anatomía humana, en base a los dibujos que hizo de los hallazgos en las numerosas disecciones anatómicas practicadas en muchos años de su vida en Florencia. Son cientos, precisos, preciosos e increíblemente didácticos, y más aún por los comentarios escritos que conllevan. Esa obra monumental me lleva a creer que es usted el verdadero Padre de la Medicina actual, si consideramos que ésta se sustenta, principalmente, en la anatomía.


- Mucho me honra tu opinión y la comparto.


               

- Abarca todas las regiones del cuerpo con detalle y verdad increíbles. Yo soy cirujano, ahora en retiro por mi edad, pero muchas veces abordé la cabeza, el cráneo y su interior, y siempre estuve inspirado y alentado por el recuerdo de sus láminas. He de decirle que los que nunca le salieron bien fueron los dibujos del cerebro mismo. Son burdos y falsos. Le pregunto: ¿Por qué?

     





Lo sé. Lo dibujaba de memoria porque el cerebro se deshace, se licúa en pocas horas después de extraído del cráneo. No encontré forma o fórmula para conservarlo. Y ya no lo voy a hacer

- Lástima maestro. Yo sé que usted está aquí como refugiado cultural. La iglesia católica, de Italia y España, le echó el ojo cuando salieron sus ilustraciones de fetos in utero, y peor aún, maestro, cuando hizo la ilustración anatómica de un coito. Ahí sí se le pasó la mano.

- Es cierto. No quise ruido con la Inquisición y acepté el asilo que me dio este reino, que es más liberal que aquellos. Pero ya vámonos. Estoy viejo y necesito descansar y, más que nada, que se me baje ese inocente vinillo rosado que tanto se me subió a la cabeza. Otro día te llevo a ver La Gioconda y te explico.

- Vale.


lunes, 20 de julio de 2020

DE LOS VINOS DE COLORES Y DE LOS COLORES NACIONALES

Pertenezco a una gran secta universal de los que disfrutamos enormemente del placer de beber buen vino en el tono de la moderación. No existe en diccionario alguno nombre que nos identifique, pues no somos enólogos, sommeliers ni catadores. Tampoco somos borrachos.

Enólogo es aquel que tiene la capacidad profesional para realizar el conjunto de actividades relativas a los métodos y técnicas de cultivo del viñedo y la elaboración de vinos, el análisis de los productos elaborados y su almacenaje, gestión y conservación.

Sommelier es el responsable del servicio de vinos y licores en los establecimientos de hostelería y de asesoría al público en las vinaterías.

El catador juzga la calidad y las características de un vino después de ser embotellado, gracias a la vista, el olfato y el gusto según su criterio personal.

 De vinos conozco lo suficiente para poder escoger, dentro de lo disponible en mi ciudad, el que va mejor para ese día, para esa comida o esa cena, para la estación del año o para ese platillo central: carne roja, pescado, pollo, conejo, ensaladas, queso, frutas, postre o lo que sea; que siempre habrá un buen vino “para lo que sea”.

Lo que todos aprendemos desde el primer día qué los probamos es que vinos hay de tres colores: rojo, también llamado tinto, blanco y rosado. Todos son de uva, de su jugo fermentado. Para los tintos, el mosto (el caldo) se hace con uva negra, de hollejo negro, y en él va la pulpa y el hollejo macerado. Para los blancos se usa sólo la pulpa de la uva, negra o blanca (verde), pero sólo, la pulpa. Hay Blanc de Blancs, vinos de uva blanca, que en el mosto va el hollejo. Los vinos rosados no son mezcla de rojo y blanco; se hacen con uva de hollejo negro, pero este se separa pronto del proceso de obtener el mosto. El vino de este color es el menos socorrido en mi país.

Hace unas semanas me dijeron de una amiga que compraba “vinos verdes”. No me sorprendí pues ya los conocía; algún tiempo tuve de ellos en la cava y los disfrutamos con la familia y los amigos. No trascendieron con nosotros, pero ahora que me los recordaron se me ocurrió que si fuesen verdes de color, con el blanco y el rojo harían buena combinación con las banderas de varios países, entre ellos el nuestro, y podrían hacerse carteles propagandísticos que sirvieran para dos entidades: una nación y una empresa vinícola. Hay antecedentes de asociaciones publicitarias de este tipo entre países y aguardientes.

     

Pero esto no es posible en el caso de los “vinos verdes”, porque no son verdes de color, son verdes de madurez. La historia es como sigue:

El Vinho verde (denominación de origen controlada) es producto de una región del noroeste de Portugal, entre los ríos Duero y Miño. La tierra es, para la agricultura, muy pobre y lo ahí sembrado crece y madura muy lentamente. La vid apenas alcanza a madurar su fruto en un año. Entonces, la vendimia se hace cuando las uvas, negras o blancas, todavía están “verdes”. Los vinos se llaman verdes por esto y hay vino tinto verde, vino blanco verde y vino rosado verde.

Por su porcentaje moderado de alcohol, son vinos afrutados, fáciles de beber, muy usados como aperitivo o para acompañar platos ligeros, como pescados, mariscos, ensaladas o carnes blancas. Es un vino leve y fresco, menos calórico de lo habitual y con muy ligera efervescencia.


            

 Tinto Vinho Verde 2013        Rosé Vinho Verde  2013       Branco Vinho Verde 2013

¡Bueno!... parece ser que el Vinho Verde de Portugal no se presta para una alianza publicitaria con México, Italia, Hungría o Irán. Ni siquiera con Portugal, pues a ese país le falta el blanco en su bandera.


lunes, 13 de julio de 2020

SISTEMA NERVIOSO 1

      

Del Sistema Nervioso dice la Anatomía de Gray: “Es el sistema más complejo conocido por el hombre; consta de muchos billones de unidades interactivas cuyos patrones de actividad en continuo se reflejan en todos los aspectos de la conducta y la experiencia humanas”.

La Neurología es la rama de la ciencia médica que se encarga de entender al Sistema Nervioso (SN). Y trata de entenderlo todo: su anatomía, estructura interna, química, funcionamiento y enfermedades. Como cualquier otro aparato o sistema de nuestro organismo, el SN ejerce una función única: la RELACIÓN. La cumple a través de una serie de estructuras, algunas de las cuales están encerradas en un esqueleto óseo y otras no. Son el Sistema Nervioso Central (SNC) y el Sistema Nervioso Periférico (SNP), respectivamente.

Este sistema y esta función no son exclusivos de la especie humana; existen en todos aquellos animales que pertenecen a la categoría taxonómica subfilo Vertebrata o Craniata; son los animales con columna vertebral y cráneo. Incluye, para fines de esta página,  cinco clases: peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Los hay tan pequeños como pececillos de apenas dos o tres centímetros hasta la ballena azul, de hasta treinta metros de largo. Los humanos somos mamíferos, no pequeños ni grandes. Los dinosaurios, animales que desaparecieron de la tierra hace unos 65 millones de años, eran vertebrados con SN, como los de ahora.

              






             

El SNC, el que está encerrado en un esqueleto óseo, consta del ENCÉFALO, dentro del cráneo, y la MÉDULA ESPINAL, dentro de la columna vertebral.

El ENCÉFALO, a su vez, está constituido por el CEREBRO, el TRONCO ENCEFÁLICO y el CEREBELO, así dispuestos de delante hacia atrás o de arriba hacia abajo, según se vea. Esto es igual en todos los vertebrados, como se aprecia en la imagen.


La MÉDULA ESPINAL, con treinta y un segmentos funcionales en el humano, ocupa el conducto raquídeo, que es la cavidad de la columna vertebral o raquis.

         
     







El SNP está integrado por los NERVIOS, verdaderos cables conductores eléctricos, que llevan información de nuestro medio externo al SNC (aferencias), y otros que llevan órdenes ejecutivas del mismo SNC a los efectores finales: músculos y glándulas (eferencias). Penetran y salen del cráneo y el raquis por agujeros estratégicos en esas cavidades.

La cita bibliográfica para la imagen de la izquierda es: Vesalius, Andreas: De los nervios. De Humanis Corporis Fabrica, 1543.


                   

La RELACIÓN es la función que permite darnos cuenta del medio que nos rodea y actuar en consecuencia. Es la función del SN y requiere de:

1. Receptores periféricos variados y especializados que recojan las señales de olor, luz, sonido, sabor, presión, dolor, posición relativa de nuestros diferentes segmentos corporales y orientación en el espacio. Los cinco primeros son los famosos “cinco sentidos” de Aristóteles.

2. Un cableado conductor aferente que lleve esas señales al SNC. Son los nervios periféricos sensitivos craneales y espinales. Los primeros las llevan al tronco encefálico y los segundos a la médula espinal.

3. Un gran conjunto de centros de procesamiento de la información, situados en el SNC (ganglios, núcleos, cortezas), que reciban esta información, la analicen, clasifiquen, procesen (modifiquen), almacenen en parte (memoria) y generen una acción compleja consecuente.

4. Un cableado conductor eferente que transmita estas órdenes ejecutivas a los efectores finales. Son los nervios periféricos motores craneales y espinales. Los primeros parten del tronco encefálico y los segundos de la médula espinal.

5. Los efectores finales, que son los músculos (estriados o lisos) y las glándulas (de secreción externa o interna). El SN sólo puede expresarse por movimiento o por secreción glandular.

6. Estas acciones de los efectores finales actúan sobre los receptores periféricos que los desencadenaron, estableciendo ciclos funcionales del sistema nervioso, sin principio ni fin, continuos y marcadores del destino final de la función de RELACIÓN: siempre activa mientras su hospedero esté vivo.

Ahora bien, la unidad celular y funcional del SN y de la RELACIÓN es la NEURONA, célula mágica y pieza cumbre de la orfebrería de la naturaleza y la evolución. Todo el SN, el central y el periférico, está constituido por neuronas y todas son iguales, como también todas son distintas. Cien mil millones (100,000,000,000) de ellas, más o menos, es el número calculado en el SN de cada individuo humano joven.

             

Cada NEURONA es un SN por sí misma. Las dendritas son el elemento aferente, el soma es el centro de procesamiento de la información y el axón es la eferencia. La NEURONA es el modelo para la totalidad del SISTEMA NERVIOSO.

Hasta aquí el día de hoy. Hay que digerir bien este capítulo para seguir con el tema en cuatro semanas, en lunes.




                                                                             
                                                                                             

                                   


                                                               






lunes, 6 de julio de 2020

DE LOS ORÍGENES DE LA MÚSICA 1

Hace muchos años me invitaron a participar en un programa de radio para conversar sobre cómo había nacido la música. Cuando me plantearon el tema a discutir, dije que yo no lo sabía y que probablemente nadie lo supiera, pues eso ocurrió hace tantísimos cientos de años que no hay registro de ello.

Sin embargo, se puede inferir en base al conocimiento de teoría musical y analizando la creación de música en algunos grupos humanos que hasta hace no muchos años vivían en condiciones de desarrollo social muy primitivo, comparable al de nuestros ancestros de hace más de diez mil años. También sirve observar al niño que empieza a crear música, pues un niño estimulado recrea, en su propia evolución, la de la humanidad entera.

De los tres cimientos de la música (ritmo, melodía y armonía), el primero que apareció fue el ritmo, que está en la naturaleza que nos rodea y en nosotros mismos. Nuestro corazón, nuestros pulmones y nuestro cerebro trabajan a ritmos muy precisos y de los dos primeros podemos darnos cuenta. El niño de pocos meses se arrulla a sí mismo con voces rítmicas y un poco mayor, acompaña de ritmos sus juegos. Los trabajadores acompañan sus labores con ritmos y procuran ajustarlas a un ritmo.

Pero el primer ritmo con intención, del que nació la música, tuvo un origen mágico, para acompañar a los pequeños grupos humanos, nómadas o cavernarios, en su miedo y soledad ante fenómenos naturales que no se explicaban, como la tormenta, el rayo, el fuego o la muerte. Al palmear o gritar acompasadamente, golpear dos maderas, dos piedras o dos huesos, se acompañaban de un espíritu bueno, ahuyentaban a los malos e inventaban la música. Esto último ellos no lo sabían y está magistralmente descrito en la novela Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. 

Creo que vale definir, ahora, el ritmo. El ritmo es la cualidad de repetirse, periódicamente y en la misma secuencia, fenómenos de cualquier naturaleza: sonora, visual, motora, biológica, eléctrica, etcétera. En la música, y para los profanos, es aquello que sentimos que podemos bailar.

Por esto es que, probablemente, con el ritmo nació la danza, que es la expresión corporal del ritmo sonoro más antigua y, también, de contenido mágico. Conforme los recursos materiales del hombre aumentaron (por ejemplo, elaborando tambores con las pieles de los animales que cazaba) y sus habilidades también, los ritmos y las danzas fueron siendo más complejos, así como sus conceptos mágicos, que devendrían en religiones. Y aquellos primeros sacerdotes, tan sólo magos venidos a más, convocaban a los pequeños grupos humanos e invocaban a  dioses primitivos a través de la música, exclusivamente rítmica, y de la danza.   

               
               


Por milenios sólo así fue la música. Hace también milenios que ya no lo es. Sólo algunos grupos originarios de Nueva Zelanda, del África central y de la Amazonia, que como cultura y civilización de la Edad de Piedra persistieron, la siguieron haciendo hasta mediados del siglo pasado. Actualmente se pueden ver y escuchar, pero en presentaciones profesionales de grupos étnicos originarios.

Otro cimiento fundamental de la música es la melodía. De su existencia hay constancia hace unos cinco o seis mil años, y requirió que el hombre descubriera el cantar e inventara los instrumentos de aliento y de cuerda, pues con sólo instrumentos de percusión sólo se obtiene ritmo. De esto diremos en otra entrada.