Estoy en la magnífica edad de la senectud. Está corriendo mi año noventa y me siento bien; estoy bien, en lo físico, en lo mental y en lo anímico. Somos pocos con tantos años y en buenas condiciones, físicas y mentales, sociales y sentimentales. Ya no trabajo para vivir y estoy pensionado; tengo lo suficiente para vivir sin lujos, pero bien para mi edad; creo que de nada me privo de lo que ahora me toca tener y hacer, y disfruto a plenitud lo que más tengo, que es felicidad; amor también.
Mi familia nuclear es maravillosamente buena y linda y compartimos mucho: la esposa; los hijos, hombre y mujer; la nuera, estupenda mujer; y el nieto, ya todo un adolescente mayor, si no es que ya un joven guapo que dos metros mide y desborda bondad y cariño. Todos vivimos en el mismo municipio, aunque en diferentes ... "sectores del municipio": la montaña, el "pueblo mágico" y una linda colonia de trabajadores.
¡Y que bien vivimos! Cerca todos, para acompañarnos y cuidarnos; lejecitos todos, para no estorbarnos ni fastidiarnos.
Y ahora y aquí, ¿que hago?: "Pues..., querer mucho y más que nunca a los míos, quererme yo y consentirme, estar al tanto de la vida del mundo, que ahora es muy fácil, y compartir con ustedes y con quien se deje, mis pensamientos y sentimientos a través de este blog, que ya lleva sus años".
He emprendido la lectura de Memorias de cocina y bodega, de Alfonso Reyes, lectura que tengo pendiente desde hace años. Espero no morirme antes de terminarla. Así será y ya pronto se las contaré. Abur...
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