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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 24 de agosto de 2020

DEL VINO Y LA LOCURA: DIÁLOGO CON DON ALONSO QUIJANO

- Gracias Don Alonso por abrirme las puertas de su casa y permitirme saludarlo. Mire que “ancha es la Mancha” y la única indicación para encontrarlo es “un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme".

- ¡Valga!, pero ¿quién sois vos que tan extraño dice la lengua de Castilla?

- Soy Rogelio Macías, sin ningún “don” que preceda mis nombres, y vengo de América, de México.

- No hay colonia ultramarina de España que así se nombre. ¿Os burláis de mí?

- Para nada, don Alonso, es que vengo de su futuro; bueno, de vuestro futuro, para que me entienda bien.

- Tampoco eso entiendo ni creo, salvo que obra sea de magos.

- Y lo es, Don Alonso. Acudí a ese sabio encantador que busca ser cronista de su peregrina historia.

- Sólo que os refiráis a Merlín, el poderoso mago de Inglaterra, que en cualquier nación donde aún cabalgan caballeros andantes, tenemos que soportar. El domina los ámbitos del conocimiento, la muerte y el tiempo.

- A esto último me atuve para llegar con usted, Don Alonso.

- ¿Cómo es eso, señor mío?, que sigo sin entender.

- Pues entonces, Don Alonso, tome asiento y tome calma. Invíteme una copa de vino y abra el magín para escuchar lo que nunca imaginó.

Ansioso, me acomodó en un vestíbulo modesto, en una silla medio desvencijada, y en otra semejante él se sentó también. No hizo la intención de traer vino alguno.

- Estoy en su casa de La Mancha, que trabajo me ha costado llegar, y estamos en el año 1607. Vengo de lejos, en tiempo y espacio. La Nueva España ya no es colonia de España, ahora se llama México y estamos en el año 2020, cuatrocientos trece años después que aquí. Invoqué a Merlín, que ahora ronda por allá, y que tan sólo de saber que buscaba a Don Alonso Quijano, se ingenió y magias hizo, para casi al instante y sin saber yo cómo, ponerme en la Ciudad Real en este albor del siglo XVII después del nacimiento de Jesucristo. Me tiró en la Plaza Mayor y sólo me dijo: “Entiéndetelas tu solo para llegar; yo tengo otros asuntos por aquí”. He caminado la legua, mejor dicho, muchas leguas, casi siempre perdido. No me pregunte como llegué a su casa, pero ya fueron semanas de rodar por La Mancha.

- ¿Qué querrá por acá ese malandrín de espanto? Pero bueno… el importante ahora sois vos, don Rogelio. Ya escuché que os conocen por Rogelio Macías, sin ningún “Don” que preceda sus nombres, pero debo trataros con el Don, pues claramente se ve que sois mayor que yo y no malandrín, asaltante, bandido o mala persona, como ahora mismo hay tantos por acá. Lo que me incomoda es que si bien, bien os entiendo, habláis muy raro, como que os faltan palabras y énfasis.

- Bueno don Alonso, es que usted habla y entiende la lengua castellana hermosa y primigenia, aquella de la que don Miguel de Cervantes fijó sus bases sustantivas.

- ¡Don Miguel...! Sé que corre por ahí un su libro que narra mis aventuras y desventuras en una larga salida que hice sin fortuna, libro tal que me dicen ha gustado y recorrido España y otros lares, traducido a sus propias lenguas. ¡Vaya usted a saber que tan verídico sea!

- De cosas que en ese libro se dicen he venido a platicar con usted, no vaya a ser que falten, sobren o estén tergiversadas. El tomo se llama El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha y está firmado, en 1605, por Miguel de Cervantes Saavedra. Pero Don Alonso, ¡sin vino no podemos seguir!

- El ama no está en casa, tampoco la sobrina ni el mozo de campo. Hoy no me visita el barbero, el cura ni un bachiller que siempre mucho metido anda por aquí y tanto le desconfío. Pero bueno, deje ver si encuentro un cuero con un buen tinto. Esconden mis libros de caballería, igual que el vino, y me escatiman el carnero en la comida. Así voy a morir, cuando tanta falta hacen los de mi estirpe, los caballeros andantes que por el mundo andamos desfaciendo entuertos. Pero déjeme ir…

Ruidos de despensas caídas, maldiciones y súplicas a nadie, metales que chocan, escurrir de líquidos y reaparece Don Alonso con sendos grandes vasos de cobre, rústicos y algo abollados, llenos casi al ras de un vino rojo que burbujeaba su aroma delicioso. Sorbimos generosamente nuestros vasos.

- ¡Salud! - me ha dicho – y suelte lo que tenga que soltar, que de impaciencia me deshago.

- Bien, lo haré, don Alonso, pero permítame primero decir de este vino magnífico; que es de un limpio rojo granate, de tenue aroma de bálsamos que no interfiere con el sabor; éste es redondo y persistente. ¡Gracias, don Alonso!, y dígame ¿de donde es este caldo?

- ¿De dónde va a ser, don Rogelio? De La Mancha, pues no hay mejores vinos en España. De cientos de años se cultivan vides, más para rojos que para blancos, y hay una uva muy de por acá que le dicen “tinta tempranillo”, de piel gruesa y color negro azulado; sus vinos son finos, amables y sedosos, pero se suben pronto a la cabeza. De ése tiene en la mano. Bebámoslo con salud y provecho.

-Gracias, Don Alonso. He de decirle que allá en América, del otro lado del mundo y cuatrocientos años después de ahora, vino de La Mancha de uva Tempranillo tiene siempre un lugar distinguido en mi cava. Hay uno que se llama 1605, por el año en que se publicó por primera vez su historia.

- ¡Vive Dios que porfiáis en eso, Don Rogelio! – dijo en tono alto y exaltado. - O mentís cual árabe bellaco o estáis loco de atar. ¡Qué venirme a decir que vivís en el año 2000 y que ya no hay Nueva España en el mundo!

- Para eso he venido, Don Quijote de La Mancha; para hablar con usted de su locura.

Pausa larga y silencio profundo.

- ¿Qué queréis que os diga? ¿Qué estoy loco? En todo caso, juzgadlo vos.

- Bueno, mi señor Don Quijote: desde que salió a la luz su historia, se ha leído en todo el mundo, desde entonces y hasta ahora mismo. Yo lo hice en ocho ocasiones, la primera a los trece años, y la verdad es que cada una la disfruté más que la anterior. Y muchos en mi país lo han hecho, de todas las clases sociales, que más son de riqueza que de sociedad, y de todos los grados de educación, hasta doctores en los mayores estudios. La mayor parte de ellos la han disfrutado, aunque algunos confiesan que no les gustó. Pero hay una opinión casi general: ¡Que usted estaba loco! Y lo digo en pasado porque recuerde que vengo desde cuatrocientos años después del tiempo que es ahora en este lugar.

- Basta de locuras tales, que esas sí lo son. Y decidme, ¿por qué así me juzgan?

- Bueno, señor mío, que eso de salir a revivir la andante caballería, mal armado y apenas en jamelgo, acompañado de un campesino pobre, ignorante de cualquier letra, aunque de sabiduría innata y popular, gordo y chaparrón, inútil para lances de combate pero que ostenta el título de escudero. Y usted mismo, Don Alonso, con más de cincuenta años cumplidos, es cierto que de complexión recia, aunque seco de carnes y enjuto de rostro.

- Eso no hace loco a nadie, y menos que a nadie, a mí.

         

- Y bueno, otra vez, mi señor Don Quijote, que con tal facha, cabalgadura, armamento y compañía sale al extenso campo de La Mancha y toda España a buscar aventuras donde desfacer entuertos... Agravios que cometen molinos de viento o rebaños de corderos que usted ataca creyendo que son gigantes nefastos o bandadas de maleantes. Fingir una enamorada inexistente, la señora Dulcinea del Toboso, destino de todas sus penas y suspiros, sin que nunca nadie más haya sabido de ella.

- Que nunca nadie la haya visto, ni yo mismo, no significa que no exista. ¡vale Dios!


- Pero ¿qué hay que pensar, Don Alonso, de su ataque inmisericorde a los cueros de vino degollando en ellos al “gigante enemigo de la señora princesa Micomicona?”. No se conformó con cercenar sólo una cabeza, sino varios cueros que tenía el ventero y que el chorrear del vino confundió usted con la sangre del gigante que había vencido. ¿Quién compensó los daños a la hacienda del ventero? Usted no. Si esto no es locura, es maldad, señor mío.

Nueva larga pausa y profundo silencio, que finalmente rompió Don Alonso:

- ¿Y hay en ese su tomo de mi historia que escribió Cervantes, algún hecho o discurso que no sea de locura?

- Claro que sí, mi señor Don Quijote. Hay varios notables, pero de pronto recuerdo dos muy claros.  Primero diré unas líneas de un muy atinado discurso que hicisteis en la mesa de cenar de una venta peregrina, sobre los méritos comparados de las artes de las letras y las armas. Dice así:

Siendo pues ansí que las armas requieren espíritu como las letras, veamos ahora cual de los dos espíritus, el del letrado ó el del guerrero, trabaja más: y esto se vendrá a conocer por el fin y paradero a que cada uno se encamina, porque aquella intención se ha de estimar en más, que tiene por objeto más noble fin. Es el fin y paradero de las letras (…) poner en su punto la justicia distributiva, y dar a cada uno lo que es suyo, entender y hacer que las buenas leyes se guarden: fin por cierto generoso y alto y digno de grande alabanza; pero no de tanta como merece aquel á que las armas atienden, las cuales tiene por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.”

Del curioso discurso de las armas y la letras

- No me interrumpáis, Don Alonso, pues ahora trataré de repetir dos pequeñas partes de otra pieza oratoria sublime de vos: el Discurso de la Edad de Oro.

“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío.”

“No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado.”

Discurso de La Edad de Oro

Silencio. La verdad, belleza y justicia de lo recitado había pasmado nuestro pensamiento y nuestra lengua. No sé cuánto tiempo continuamos callados, respirando apenas y gustando, con timidez y lentitud, el vino magno de La Mancha antigua. Rato largo después:

- Ahora contesta, Rogelio. ¿Pudo un loco, de tu tiempo o el mío, escribir eso que tan bien acabas de recordar?

Pausa más larga aún.

- Contesta, Rogelio; pero como en el último párrafo que dijiste: “con verdad y llaneza”.

- No. Pero entonces, ¿qué ocurre, mi Señor Don Quijote?

- La respuesta es simple, pero no te la diré ahora, pues mi misión en el mundo y en la vida, como la de todos los caballeros andantes, no ha terminado. Por ahora estoy confinado, pero no finado. Ya llevo rato sin salir de casa, pero estoy preparando mi tercera salida. Si tu nación y tu siglo son tan magníficos como dices, ya te enterarás y podrás entonces volver a platicar conmigo. Te recomiendo alejarte de Merlín. Ahora, terminemos nuestro vino y, como dicen algunos en España: ¡Abur!

 

N.B.  Las ilustraciones que ennoblecen este texto son de las originales de Gustave Doré (1832-1883), insuperable artista grabador francés, que hizo 377 láminas para ilustrar una edición de El Quijote, en 1863.



Post scriptum:

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Don Miguel de Cervantes Saavedra, ha sido un hito existencial en mi vida, conforme a la acepción 6 que de “hito” acepta el Diccionario de la Academia de la Lengua: Persona, cosa o hecho clave y fundamental dentro de un ámbito o contexto. Lo leí por vez primera en 1951, de trece años de edad, en una sencilla pero hermosa edición mexicana ilustrada por Doré. Fue regalo en la Navidad de 1950 de una prima mía llamada Rebeca Aurora, de cuya calidad humana dice mejor que nada o nadie, su dedicatoria:


… por aquí … nos conduce extraño Hechizo                  

atravesar por lo nimio y enfermizo;

hasta vencer a la muerte!

Luz que de los misterios llega,

Mundo revelador que el Autor nos lega,

Y cual Mago lo nebuloso en Oro convierte,

Lo indescifrable en sabiduría trueca.

 

. . . Ahondad lo débil al lado de lo fuerte,

Lo intrínseco, no menos que lo vano,

Estandarte sea de tu Suerte:

La Compleja Visión de lo Humano . . .”

 

Anhelo que con este libro te brinda . . .

 

                       Rebeca Aurora

 

                                      24 de Diciembre de 1950







lunes, 17 de agosto de 2020

¿DESDE CUÁNDO BEBEMOS VINO LOS HUMANOS?

Dicen, los que dicen que saben, que la historia del vino ha discurrido paralelamente a la historia de la humanidad; pero también podría ser lo contrario, por lo menos en un principio: que la historia de la humanidad haya discurrido paralelamente a la del vino.

El vino es una bebida alcohólica producto de la fermentación del jugo de uva. Habemos quienes creemos que fue descubierto, más que inventado, por el hombre. En un cuenco de piedra al pie de una mata de Vitis vinifera sylvestris, que la lluvia había colmado de agua y le cayeron algunas uvas maduras; ahí quedaron agua y uvas y pasados unos días se inició el proceso natural de fermentación. Se hizo el vino y algún hombre sediento que pasó por el lugar lo bebió. ¡El vino estaba descubierto! Todo fue repetir el proceso natural, pero eso llevó miles de años.

                

                                                                   Vitis vinifera sylvestris

Recientemente se encontró la bodega de vasijas de vino más antigua conocida, data del año 6000 a.C., mil años antes del invento de la escritura. Está en Armenia (número 1 del mapa) y ella fue el indicio de vida civilizada de la especie Homo sapiens en ese lugar. ¡El vino es prehistórico!

Evidencia muy antigua de la producción y consumo de vino es una vasija del año 5400 a.C., hallada en el poblado de Hajii Firuz Tepe, en los montes Zagros, región que hoy comparten Irak e Irán (2); pero es hasta el año 3.000 a.C. cuando se estima que se produjo el verdadero nacimiento del vino. Los arqueólogos han encontrado indicios que fijan el origen de la primera cosecha de uva para hacer vino en Sumeria, en las fértiles tierras regadas por el Tigris y el Éufrates en la antigua Mesopotamia, hoy en Irak (3).

Vasijas egipcias 3000 a.C.

Desde Sumeria llegó a Egipto (3.000 a.C.) (4). Las orillas del Nilo fueron tierras de cultivo de la vid y en torno a estas plantas se desarrolló toda una actividad laboral e industrial. Los egipcios fermentaban el mosto en grandes vasijas de barro, y producían vino tinto. El vino se convirtió en símbolo de estatus social y era empleado en ritos religiosos y festividades paganas, se guardaba en ánforas durante varios años, teniendo más valor el vino viejo que el nuevo. Los alfareros grababan en ellas quién había cultivado las uvas, la fecha de elaboración y la calidad del mosto, como en las etiquetas de hoy. 

La Vitis vinifera es tan acomodaticia y poco exigente de condiciones para “darse”, que pronto se acomodó en China (2000 a.C.), antes de llegar a Europa. Las caravanas comerciales hacia el Lejano Oriente eran capaces de llevar cualquier producto a cualquier lugar y, hoy por hoy, la industria vitivinícola china está en auge y expansión.

La Biblia, aparte de su significado religioso para el judaísmo y el cristianismo, es un referente histórico de la antigüedad. La Ley de Moisés, por la cual se debía regir el pueblo de Dios, permitía el uso del vino, pero prohibía la embriaguez. En esto cayó Noé, que cultivaba vid y hacía vino en casa. Una tarde lo encontraron sus hijos, borracho y desnudo. No podemos saber, ni aproximadamente, el año en que esto ocurrió, pues la Biblia es muy inexacta en sus fechas, además de que Noé y su arca parecen ser mitos.

Michelangelo Buonarroti: La embriaguez de Noé

Algo parecido sucede con el arribo del pueblo judío a la Tierra Prometida después de cuarenta años de peregrinar tras su huida de Egipto y guiados finalmente por Josué. Cuando calculaba que estaba cerca, enviaba exploradores para tantear el terreno y varias veces regresaron decepcionados, pues lo que encontraban no correspondía a lo prometido. Finalmente, un día regresaron con la buena nueva de haberla encontrado; el signo evidente fueron unos enormes ramos de vid con uvas tan grandes como grandes toronjas; tenían garantizado un buen vino. También es difícil saber en qué año fue eso, si es que así ocurrió.

Dyonisos
En el año 700 a.C., el vino llegó a la Grecia clásica (5) a través de la isla de Creta. Los griegos tomaban el vino mediado con agua y se conservaba en pellejos de cabra. Se empleaba en ritos religiosos, funerarios y fiestas populares y le asignaron una divinidad: Dyonisos, que aparece siempre representado con una copa en la mano. Además, se elaboraban vinos con particularidades propias en diferentes regiones.

Pronto surgió Roma en la parte central de Italia (6), con su espíritu conquistador y poderío militar, su civilización y su incultura. Esto último lo remediaron importando sabios, filósofos y artistas griegos, que gustosos  emigraban tras el “sueño romano”. Ellos llevaron la cultura del vino a Roma, alrededor del año 200 a.C.  Allá se adoptó al dios griego del vino cambiándole de nombre, Baco, que presidía cada año la fiesta de la vendimia. Aplican nuevas técnicas a la vinicultura, la hacen más práctica y aparece por vez primera, hasta donde yo sé, el vino blanco. Símbolo de riqueza, poder y lujo, el vino blanco se servía en copas de cristal en las casas de los nobles, mientras que el tinto se servía en las tabernas populares.

En el Nuevo Testamento aparecen dos citas fundamentales en la historia del vino. La primera (Juan 2:9s): “Jesús suministró ciento veinte galones de vino en las bodas de Caná”. La segunda: “Jesús usó vino en su última cena con los discípulos”. Esto último fue determinante para la expansión de la cultura del vino al Occidente.

Simon_Ushakov: La última cena

A partir del primer siglo después de Cristo, los judíos cristianos, perseguidos en Israel por los romanos y los judíos ortodoxos, emigraban también en masa a Roma, persiguiendo, como los griegos, el “sueño romano”. Y fueron muchos que se infiltraron en el pueblo, se desarrollaron y tomaron poder. Con ello, llevaron también a Roma la cultura del vino, pues por su liturgia estaban obligados a hacerlo: en cada misa debía de consagrarse  el vino para convertirlo en la sangre de Cristo.

A las conquistas militares de Roma iban romanos originarios y cristianos y así llevaron la cultura latina, la religión cristiana y el vino a la Iberia (7) (Portugal y España), a las Galias (7) (Francia) (de donde tomaron el uso de madera para las barricas de vino), a Germania (7) (Alemania), Rumania (7) e Inglaterra (7). Después, como mil doscientos años después, se llevó toda esta cultura a América, Oceanía y muchos lugares más, imponiéndola a sangre y fuego.

Aquí me quedo por hoy.



 


lunes, 10 de agosto de 2020

SISTEMA NERVIOSO 2

La región más desconocida del universo sigue siendo el cerebro. (Villoro, 2017)

Esta sentencia de Juan Villoro no aplica al conocimiento de la anatomía, de las formas, grandes o chicas, macroscópicas o microscópicas, del sistema nervioso. Lo macroscópico lo expusimos aquí hace cuatro semanas; lo microscópico también se conoce en su totalidad, ahora que las nuevas técnicas de microscopía electrónica de barrido y la manipulación informática obtienen imágenes increíbles hasta de la mayor intimidad de las células más pequeñas del sistema nervioso, gliales o neuronas. No hay misterio alguno en ellas y sí, una gran belleza.

                     

                     

Los modernos estudios de imagen con resonadores magnéticos, usando técnicas para tractografía, ofrecen imágenes magníficas de los haces nerviosos que asocian distintas partes del encéfalo o que del encéfalo van a la médula espinal y viceversa.

             

Las imágenes de resonancia magnética funcional muestran las áreas corticales cerebrales que se encienden cuando se ejecuta una función, pero su información es muy limitada  ante la magnitud de la complejidad de funciones aún aparentemente simples.

Pero de la función específica global del SISTEMA NERVIOSO, única y no compartida, que es la RELACIÓN, nuestra ignorancia es abismal.

El término RELACIÓN, para fines de esta entrega, es la capacidad de “darnos cuenta de… y actuar en consecuencia”. Ni el “darnos cuenta de…” ni “el actuar en consecuencia” necesariamente son conscientes. Además, la relación no puede darse en forma individual; requiere de alguien o algo más con quien ejercerla, pocos o muchos, y estamos en ella siempre. Además, no se da en el éter, se hace en nuestro SISTEMA NERVIOSO (SN), alojado en un cuerpo complejo que se desenvuelve en un medio ambiente también complejo.

En la entrega del 13 de julio enumeramos los seis elementos funcionales necesarios para ejercer está función, que se dan en cinco elementos anatómicos. Un resumen de ello es el siguiente:

1. Receptores periféricos variados y especializados que recogen señales periféricas, 2. Un cableado conductor aferente que lleva esas señales al sistema nervioso central, 3. Un enorme conjunto de centros de procesamiento de la información, situados en el sistema nervioso central,    4. Un cableado conductor eferente que transmite estas órdenes ejecutivas a los efectores finales, 5. Los efectores finales, que son los músculos y las glándulas, y 6. Estas acciones finales actúan sobre los receptores periféricos que las desencadenaron, estableciendo ciclos funcionales ininterrumpidos.

La información que se recibe sobre el entorno es en forma de energía física (luminosa, química o mecánica) que en los receptores periféricos se transforma en eléctrica, la única que puede manejar el SN. Esta transformación tiene lugar en los receptores periféricos y se le llama transducción. A partir de este hecho y este sitio, las señales se conducen, a través de pasos sucesivos de neuronas y sinapsis (cadenas de neuronas) hasta el cerebro, donde se crean los mapas cognitivos de nuestro medio y de nosotros mismos, que se manifiestan como gnosias (capacidad de reconocer); la interacción de ellas constituye la conciencia del YO.

          Cadena neuronal

                    

                       

Las gnosias se crean en la corteza cerebral, pero en áreas distintas de la corteza para cada forma de sensibilidad (vista, oído, olfato, tacto, etcétera). De ahí se inician o continúan cadenas de neuronas de complejidad y trayectos variados, que en cada relevo en áreas de la corteza cerebral o cerebelosa o en núcleos compactos del interior del cerebro, el cerebelo y el tronco encefálico, se van modificando, redirigiendo, reorganizando, complejizando y generando nuevas funciones exclusivas del sistema nervioso: memoria, inteligencia, lenguaje, emociones, que actuando en conjunto constituyen la MENTE, capaz de crear conceptos e ideas y convertirlos en teorías, arte, ciencia, matemática y utilerías mil. Esta manifestación terminal sólo puede hacerse a través del movimiento y de secreciones glandulares. Los músculos y las glándulas son los efectores finales y únicos de ese complejo SISTEMA NERVIOSO. Las señales siguen siendo eléctricas y conducidas a los efectores a través de neuronas eferentes. Al llegar la señal eléctrica al efector muscular, cambia nuevamente a energía mecánica, que es el movimiento. Y así como la gnosia es la capacidad de reconocer, la praxia es la capacidad de saber hacer. Todo este complejo sistema de funciones del SN constituyen la función de RELACIÓN, la CONCIENCIA misma, que es el “darnos cuenta de… y actuar en consecuencia”.

Las gnosias y las praxias requieren de aprendizaje y memoria, y serán tantas cuantas podamos aprender y ejecutar; cuasi infinitas. Y toda actividad que ocurra en el SN no depende tanto del número de neuronas que alberga, sino de la forma y cantidad en que se comunican.

El SISTEMA NERVIOSO es una máquina          compleja que exige que muchas de sus piezas, cadenas y engranajes, trabajen simultánea y sincronizadamente para cumplir su función de RELACIÓN a cabalidad.

Como toda máquina de alta tecnología, necesita de un computador central, en su caso el CEREBRO, que administre y controle cada una de sus partes y sus funciones.

Ahora bien, la complejidad del SISTEMA NERVIOSO es muchos millones de veces mayor que esto que acabo de describir. Es el gran territorio ignoto del universo.



lunes, 3 de agosto de 2020

DE LA MELODÍA EN LA MÚSICA

Hace cuatro semanas mi entrada en este blog se llamó DE LOS ORÍGENES DE LA MÚSICA  1 e hizo énfasis en el ritmo, como el primero de sus elementos. Dije que el segundo en aparecer había sido la melodía y que de él diríamos ahora. Ese ahora ha llegado.

Hay constancia de la existencia de melodía en la música desde hace cinco o seis mil años, cuando se sabe de cierto que se cantaba y que había instrumentos otros que los de percusión.

También dije que el ritmo, para los profanos, es aquel elemento de la música que sentimos que podemos bailar; ahora digo que la melodía es el elemento que sentimos que podemos cantar. Esta definición, que me parece la mejor, hay a quien le parece pobre. Acudí entonces al Diccionario de la Academia de la Lengua y la verdad es que no entendí la primera acepción y lo único que me pareció claro es que debía agradar al oído. En un párrafo aparte, dice que melodía es una "composición en que se desarrolla una idea musical con independencia de su acompañamiento". Esta es una definición estupenda.

Un diccionario de música dice que melodía es una "noción muy general que se refiere a todas las relaciones sonoras posibles en el orden de la sucesión". Esto quiere decir que melodía es el elemento musical que se da por fenómenos sonoros sucesivos y no simultáneos, como cuando cantamos sin acompañamiento. Los que grafican las cosas dirían que es un fenómeno horizontal. Pero hay, además, una condición necesaria, en la que hace énfasis Aaron Copland: la melodía debe crear una una emoción en quien la escucha.

Escritura melódica, Horizontal

Hasta ahora no se ha podido analizar por qué una buena melodía tiene el poder de conmovernos. Ni siquiera podemos decir con certeza qué es lo que constituye una buena melodía. Sin embargo, la mayoría de la gente sabe si la melodía que escucha es bella o no. Por lo tanto, debe de tener algún criterio sobre eso, aunque sea inconsciente.

Para los compositores, la melodía es el elemento musical que se les da sin estudio, es el soplo de la inspiración. Las melodías ocurren espontáneamente, a algunos más que a otros; a Schubert más que a Beethoven y a José Alfredo Jiménez más que a Tomás Méndez. Pero continuamente las están aceptando y rechazando, quizás con los mismos criterios que nosotros, inconscientes, aplicamos al juzgarlas; que si es suficientemente larga y fluida, que si tiene altibajos de interés y momentos culminantes, que si tiene una cierta sensibilidad para el fluir del ritmo, etcétera.

La melodía es como el esqueleto de la música, como la música desnuda, que consiste en sonidos simples sucesivos, no simultáneos ni acompañados, encadenados por diferentes características de esos sonidos, pero fundamentalmente por la memoria de quien la escucha, pues cuando se da un sonido, el previo ya no existe. Necesariamente debe causar emoción y, en general, ser bella. Pero más que nada, la melodía es aquello de la música que sentimos que podemos cantar. Y si la danza nació con el ritmo, la canción nació con la melodía.

El tercer fundamento de la música es la armonía. De ella diremos en otra entrada de música.




lunes, 27 de julio de 2020

PROBANDO LOS VINOS ROSADOS CON LEONARDO DA VINCI

Paseaba yo por el Valle del río Loira, en Francia, región reconocida por la calidad de sus vinos rosados. No soy entusiasta de los vinos de ese color, pero había que probarlos ya que andaba por ahí. Deambulaba por la ciudad de Amboise y alcancé a ver, en un bello rincón arbolado y cercano, a un viejo canoso y con gran barba que mucho me impresionó por su aspecto de serenidad y cierta ausencia. Pero se parecía mucho a alguien conocido y cuando me vino a la cabeza quien, me le acerqué y con timidez le pregunté:

- ¿Perdone señor, es usted… Leonardo… da Vinci?

- Sí…, ¿por qué? - me contestó con timidez

Estuve por desmayarme, pero me sobrepuse y alcancé a contestarle:

- Es que su título de Príncipe del Renacimiento no creo que le otorgara patente de inmortalidad y usted, según sé, debe residir en el ultramundo desde hace ya quinientos años.

-  No, no he muerto, - me dijo sorprendido. - Tengo algunos meses viviendo aquí, donde me acogió el rey Francisco I de Francia, escapando yo de algunas maledicencias en Florencia. Estamos en 1517 y aunque viejo y cansado, me siento bien y así sigo por la vida, ¡por lo que me falta de vida!

- Y qué hace aquí, maestro, permítame que le llame así.

- Me puedes llamar así o Leonardo simplemente; no soy muy fijado. Pinto para la corte, el rey es mi amigo y con frecuencia asiste a fiestas que ofrezco. Para una de ellas inventé un león autómata que, en un momento dado, expulsa flores de lis, la flor emblemática de este reino.

- Impresionante, maestro. A usted siempre le gustó diseñar y fabricar autómatas, algunos de ellos con ideas prácticas, otros militares y unos más, inútiles. Algunos se construyeron y no trabajaron o ni se construyeron.

- Así es, ¿cómo te llamas?

- Rogelio.

- Es cierto, Rogelio, pero mi inquietud inventiva nunca me ha permitido estar ocioso. Como alguien dijo: “Es mejor trabajar de balde que estar de balde”.

- De acuerdo, maestro. Otra pregunta: Dice que aquí está pintando para la corte. ¿Qué pinta? ¿frescos, óleos, gran formato, caballete? Porque dentro de su multifuncionalidad extrema, que lo coloca como príncipe del Renacimiento, su obra pictórica es escasa. 


- También eso es verdad, pero hice la pintura más conocida y famosa del mundo y lo será en la posteridad: La Gioconda. Te cuento que la tengo aquí, en Francia; me la traje de Florencia en el inmundo viaje a lomo de mula que hice. Si quieres, la vamos a ver.

- Me encantará, pero le confieso que no me gusta mucho. Para mí, lo mejor que pintó fue La última cena, fresco que está en Milán. Y bien, maestro, me va a permitir y perdonar que lo aturrulle a preguntas, porque creo que nunca más en la vida me sucederá esto: convivir y compartir tan cercana e intensamente con Leonardo da Vinci, el único y verdadero.





- Está bien, sigamos, pero vamos a sentarnos en esa hostería de enfrente, Les Arpents, y refrescarnos con un poco del vino de aquí. Tú lo pagarás, desde luego.

- Maestro, usted es rico. Al venir a Francia, Francisco I le concedió una renta principesca de 700 escudos de oro al año, que es mucho dinero. Pague usted el vino y los entremeses, ¡no hay que ser!

- Esta bien, vamos.

Agradable lugar, fresco, tranquilo y bien atendido por una bella moza, robusta y sonriente. Un refrescante vino rosado de la casa acompañó a unas estupendas rillettes.

- Bien, maestro, aunque vivo lejos de aquí, sé de su vida, historia y trabajo, y hay cosas que no entiendo. Como prototipo de hombre del Renacimiento, se le califica también de ingeniero civil, arquitecto, urbanista y escultor. Pero si bien hizo muchos proyectos arquitectónicos, creo que no hay alguno consumado. ¿Por qué?

- Mira, yo creo que nací antes de tiempo. Eso que llaman Renacimiento y del cual dicen que soy el príncipe¸ fue un movimiento ideológico y social que canceló mil años de parálisis del pensamiento del hombre, congelado por la idea de un ser divino que todo sabía, hacía y determinaba, sin objeción alguna. El Renacimiento fue un movimiento de reivindicación del hombre individual, no del hombre social, el que habría de construir ciudades para los hombres comunes. Y mis proyectos urbanísticos eran para esto último. Quizá fueron imperfectos, pero nunca se intentaron. Se necesita mucho dinero para eso, dinero que se usó en exaltar la individualidad y fomentar la llamada cultura, no para la civilidad. Eso ya vendrá después.

- Y entonces usted será reconocido…, en ese terreno. Pero en la misma tónica que vengo usando, le quiero preguntar sobre algunas otras de sus habilidades; se dice que es poeta, músico que compone, toca varios instrumentos, improvisa en el clave y diseña e inventa nuevos instrumentos. ¿Qué me dice a eso? ¿Cómo se califica?

- Mira. Componer música lo hice como aficionado, para darme gusto a mí. Siempre tuve claro que no podía yo competir con genios como Josquin Desprez o Andrea di Cione, llamado el Verrocchio, con quienes conviví y compartí. Pero como ejecutante era yo muy bueno y solicitado, particularmente tocando el arpa de plata que diseñé. Fui un virtuoso.

Ya no me atreví a decirle que alguna vez había estado en una velada musical donde se ejecuto alguna obra de él con uno de sus instrumentos inventados. Me sonó muy fea.

Con algo de vino en la cabeza, caí en la confianza de hablarle de tu. Él me había autorizado y es más o menos de mi edad o algo menor.

- Leonardo, yo creo que tu mejor expresión como el mayor polímata del Renacimiento, es en el dibujo y la ciencia, y particularmente en el dibujo aplicado a la ciencia. Tu obra plástica consentida mía es el cartón de La Virgen, santa Ana, Jesús y Juan niños. No alcanzo a describirlo ni a definir la emoción que me embarga cuando lo miro. Caigo en trance.

- Hay muchos que lo viven así, Rogelio.

-Leonardo, vuelvo a tratarlo de maestro porque en este momento y por lo que después le revelaré, así lo considero justo. Su obra más extensa y materializada fue un verdadero tratado avanzado de anatomía humana, en base a los dibujos que hizo de los hallazgos en las numerosas disecciones anatómicas practicadas en muchos años de su vida en Florencia. Son cientos, precisos, preciosos e increíblemente didácticos, y más aún por los comentarios escritos que conllevan. Esa obra monumental me lleva a creer que es usted el verdadero Padre de la Medicina actual, si consideramos que ésta se sustenta, principalmente, en la anatomía.


- Mucho me honra tu opinión y la comparto.


               

- Abarca todas las regiones del cuerpo con detalle y verdad increíbles. Yo soy cirujano, ahora en retiro por mi edad, pero muchas veces abordé la cabeza, el cráneo y su interior, y siempre estuve inspirado y alentado por el recuerdo de sus láminas. He de decirle que los que nunca le salieron bien fueron los dibujos del cerebro mismo. Son burdos y falsos. Le pregunto: ¿Por qué?

     





Lo sé. Lo dibujaba de memoria porque el cerebro se deshace, se licúa en pocas horas después de extraído del cráneo. No encontré forma o fórmula para conservarlo. Y ya no lo voy a hacer

- Lástima maestro. Yo sé que usted está aquí como refugiado cultural. La iglesia católica, de Italia y España, le echó el ojo cuando salieron sus ilustraciones de fetos in utero, y peor aún, maestro, cuando hizo la ilustración anatómica de un coito. Ahí sí se le pasó la mano.

- Es cierto. No quise ruido con la Inquisición y acepté el asilo que me dio este reino, que es más liberal que aquellos. Pero ya vámonos. Estoy viejo y necesito descansar y, más que nada, que se me baje ese inocente vinillo rosado que tanto se me subió a la cabeza. Otro día te llevo a ver La Gioconda y te explico.

- Vale.


lunes, 20 de julio de 2020

DE LOS VINOS DE COLORES Y DE LOS COLORES NACIONALES

Pertenezco a una gran secta universal de los que disfrutamos enormemente del placer de beber buen vino en el tono de la moderación. No existe en diccionario alguno nombre que nos identifique, pues no somos enólogos, sommeliers ni catadores. Tampoco somos borrachos.

Enólogo es aquel que tiene la capacidad profesional para realizar el conjunto de actividades relativas a los métodos y técnicas de cultivo del viñedo y la elaboración de vinos, el análisis de los productos elaborados y su almacenaje, gestión y conservación.

Sommelier es el responsable del servicio de vinos y licores en los establecimientos de hostelería y de asesoría al público en las vinaterías.

El catador juzga la calidad y las características de un vino después de ser embotellado, gracias a la vista, el olfato y el gusto según su criterio personal.

 De vinos conozco lo suficiente para poder escoger, dentro de lo disponible en mi ciudad, el que va mejor para ese día, para esa comida o esa cena, para la estación del año o para ese platillo central: carne roja, pescado, pollo, conejo, ensaladas, queso, frutas, postre o lo que sea; que siempre habrá un buen vino “para lo que sea”.

Lo que todos aprendemos desde el primer día qué los probamos es que vinos hay de tres colores: rojo, también llamado tinto, blanco y rosado. Todos son de uva, de su jugo fermentado. Para los tintos, el mosto (el caldo) se hace con uva negra, de hollejo negro, y en él va la pulpa y el hollejo macerado. Para los blancos se usa sólo la pulpa de la uva, negra o blanca (verde), pero sólo, la pulpa. Hay Blanc de Blancs, vinos de uva blanca, que en el mosto va el hollejo. Los vinos rosados no son mezcla de rojo y blanco; se hacen con uva de hollejo negro, pero este se separa pronto del proceso de obtener el mosto. El vino de este color es el menos socorrido en mi país.

Hace unas semanas me dijeron de una amiga que compraba “vinos verdes”. No me sorprendí pues ya los conocía; algún tiempo tuve de ellos en la cava y los disfrutamos con la familia y los amigos. No trascendieron con nosotros, pero ahora que me los recordaron se me ocurrió que si fuesen verdes de color, con el blanco y el rojo harían buena combinación con las banderas de varios países, entre ellos el nuestro, y podrían hacerse carteles propagandísticos que sirvieran para dos entidades: una nación y una empresa vinícola. Hay antecedentes de asociaciones publicitarias de este tipo entre países y aguardientes.

     

Pero esto no es posible en el caso de los “vinos verdes”, porque no son verdes de color, son verdes de madurez. La historia es como sigue:

El Vinho verde (denominación de origen controlada) es producto de una región del noroeste de Portugal, entre los ríos Duero y Miño. La tierra es, para la agricultura, muy pobre y lo ahí sembrado crece y madura muy lentamente. La vid apenas alcanza a madurar su fruto en un año. Entonces, la vendimia se hace cuando las uvas, negras o blancas, todavía están “verdes”. Los vinos se llaman verdes por esto y hay vino tinto verde, vino blanco verde y vino rosado verde.

Por su porcentaje moderado de alcohol, son vinos afrutados, fáciles de beber, muy usados como aperitivo o para acompañar platos ligeros, como pescados, mariscos, ensaladas o carnes blancas. Es un vino leve y fresco, menos calórico de lo habitual y con muy ligera efervescencia.


            

 Tinto Vinho Verde 2013        Rosé Vinho Verde  2013       Branco Vinho Verde 2013

¡Bueno!... parece ser que el Vinho Verde de Portugal no se presta para una alianza publicitaria con México, Italia, Hungría o Irán. Ni siquiera con Portugal, pues a ese país le falta el blanco en su bandera.