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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 2 de noviembre de 2020

DELA MÚSICA CLÁSICA

Hoy diré de la música clásica, aquella gran herencia que ha dejado el arte occidental. Desde Guillaume de Machault en el siglo XIV hasta nuestros días, han sido creadas gran cantidad de obras maestras, productos de una sensibilidad, una esperanza y una mentalidad determinadas por mil años de civilización.

Los fundadores de esta música occidental partieron del canto llano, el canto gregoriano de las iglesias cristianas primitivas, un canto en decadencia escolástica: el solista ya desaparecía ante el coro y las incidencias instrumentales contrapunteaban las voces. La revolución consistía en usar los instrumentos como si fueran voces, pasarse a la polifonía, dejar el ritmo irracional para adoptar el compás racional, buscar la novedad ahí donde los antiguos querían fidelidad.

¿Fue esto bueno? Claro que sí, pero sólo por la afirmación de la búsqueda curiosa de los hombres, ya que en el arte no hay mejor ni peor, sólo diferente.

Años después, por el 1600, como una reacción contra la polifonía que había venido a ser excesiva y por lo tanto decadente, surgió la ópera como un movimiento intelectual y aparentemente elitista, pero que tenía sus raíces en los madrigales populares. Surgieron entonces los nombres de Palestrina y Monteverdi, como los campeones de un barroco temprano, que volvía los ojos a los modos clásicos de la Grecia antigua.

Esto también fue una revolución que ya no se repetiría hasta principios del siglo XX, pues desde entonces los cambios se dieron paulatinamente, como aportación de hallazgos estéticos que se sumaban a aquellos en uso. Johann Sebastian Bach, Handel y Vivaldi no crearon una nueva época, sólo enriquecieron con su armonía las viejas melodías y sus ritmos, para llevar el barroco al esplendor a mediados del siglo XVIII, esplendor que en parte dependía de la libertad para ejecutar la música.

Los clásicos tomaron la dinámica, desarrollada por los hijos de Bach y sus amigos en la última parte de ese siglo de las luces, volvieron por los fueros de la melodía, usaron de la polifonía lo que les convenía y suavizaron los ritmos barrocos, herederos de la antigüedad. Crearon así la música perfecta, absoluta, de equilibrio entre sus diferentes elementos, que no quiere decir nada más que música, que no se puede traducir. Haydn, Mozart y el joven Beethoven así la hicieron, aunque por muy poco tiempo, no más de cincuenta años.

Porque dos de ellos mismos, Mozart y más que nadie Beethoven, la habrían de llevar a significar los goces o las tormentas del alma, que ésta es la marca de la romántica, aunque los técnicos dicen que es el predominio de la melodía. Pero se perdió la libertad de expresión en la ejecución. Los autores románticos quisieron que sus obras solo fueran la expresión de su sensibilidad y hasta hoy, el ejecutante lucha cada vez por manifestarse a través de las obras románticas.

En este devenir surgieron los impresionistas franceses, que de la pintura tomaron no sólo el nombre, sino el color. Así como Monet, Cezanne o van Gogh cambiaron el dibujo por el color, Debussy y Ravel cambiaron el ritmo por una armonía tan rica, tan nueva, tan suave y natural, que sólo se puede comparar al color. Fueron los pintores de la naturaleza, pero de la emotividad de la naturaleza.

La última revolución ocurrió a principios del siglo XX, cuando los artistas, decepcionados por una humanidad que había traicionado sus mejores ideales para despeñarse en la locura de la Primera Guerra Mundial, llevaron a la música por rumbos aparentemente caóticos y nihilistas, que sólo reflejaban el asco por lo ocurrido. Así, dolorosamente, se dio el modernismo, que a través de sus dos corrientes hijas, el atonalismo y el neoclasicismo, habría de crear las obras maestras de nuestros tiempos.

Vivimos en el final de la historia. Con nosotros, todos los ciclos se cierran. No sabemos lo que habrá de suceder, aunque algunos audaces se aventuren a augurarlo. Hasta aquí vamos en la historia de la música clásica.

lunes, 26 de octubre de 2020

MUERTE ENCEFÁLICA


 Prólogo

 

Decir de muerte encefálica implica, primero que nada, decir de la muerte, porque en la actualidad, en prácticamente todos los códigos éticos, civiles o religiosos de casi todas las naciones del mundo, la muerte encefálica es la que certifica y valida la muerte de un individuo. Entonces, antes de abordar el tema de muerte encefálica, creo necesario abordar el de la muerte.

Es opinión entre filósofos y científicos, que los únicos capacitados para hablar de la muerte son los muertos; pero los muertos nada dicen porque están mudos y delegan en los vivos la pretensión imposible de comprender y definir el gran enigma. Imposible, porque de los vivos, ninguno ha vivido la muerte, porque en esta época ya nadie resucita y por lo tanto no hay testigos; y porque los que algún día resucitaron nada dijeron al respecto.

La muerte es el problema fundamental del hombre. El solo hecho de tomar conciencia de la muerte basta para engendrar la angustia y caracterizar la existencia humana. La existencia es la vida más la conciencia de la muerte.

Cuando yo me hice o me hicieron por vez primera la pregunta; ¿que es la muerte?, y ahora mismo para esta entrada, no se que contestar. He averiguado entre los vivos, en los libros y hasta en Internet y nadie sabe. Quizá la muerte no exista, pues lo más cuerdo que me han contestado es que la muerte es la cesación de la vida. Entonces, como dijo Epicuro: "cuando existimos, la muerte no existe".

Quienes afirman que tienen algo de Dios y que por lo tanto algo de ellos será eterno, dicen que el hombre muere cuando su alma, la porción divina, abandona al cuerpo, la porción animal; pero ese instante los vivos no lo podemos conocer y en ese caso, la muerte sería un momento más que un estado.

Pero es importante conocer ese momento, para fines jurídicos de los hombres y de Dios. Hay que saber si el alma ya está en juicio ante el Ser Supremo, hay que estar en la capacidad legal de repartir los bienes que quedaron en el mundo de los vivos o cambiar de estado civil para los viudos. Hay que saber si ya se pueden tomar las vísceras para trasplantarlas a enfermos necesitados. Los sacerdotes, los abogados, los parientes y amigos y nuestros mismos colegas nos exigen a los médicos que les digamos cuando la muerte haya ocurrido. ¡Cómo si la muerte fuera un fenómeno biológico!

Los médicos hemos tenido que fijar criterios de cesación de la vida, que no de muerte. Algún día fueron la detención del pulso y la respiración, pero ahora se sabe que la vida humana no se tiene porque el corazón lata. La vida humana lo es, como tal, en cuanto el hombre es capaz de mantener relación fuera de sí mismo y nadie duda que ésta sea función del encéfalo. El hombre ha decidido que el hombre muere cuando muere su encéfalo y así lo han aceptado los sacerdotes, los abogados, los familiares y amigos y los médicos.

Así, cuando los médicos lo digan, estará la muerte, y nosotros ya no existiremos. Por eso yo creo que la que no existe es la muerte, porque no tiene un carácter propio y se le identifica por la desaparición de las manifestaciones de su antítesis, la vida.

Si las almas se separan de los cuerpos para ir a radicar en los lúcidos espacios celestes o en las oscuras profundidades del averno, la muerte no existe, pues la vida no ha terminado, ni terminará. Y entonces me pregunto ¿para qué tanto brinco por la muerte, estando tan parejo el suelo de la vida eterna?

Los humanos morimos en cuanto que estamos concientes de nuestra finitud. El gran desarrollo de nuestros polos cerebrales anteriores nos ha permitido prever el futuro, pero nos ha cargado con la angustia de nuestra desaparición obligada en ese futuro. Esa conciencia de la finitud ha inventado la muerte, así como inventó el tiempo. El tiempo sólo existe en nosotros, para darnos el término de nuestra vida. La conciencia de este término es la muerte y por lo tanto sólo morimos los humanos.

La muerte no concierne directamente a la existencia humana. Para su mal o para su bien, el hombre la inventó, como inventó las abstracciones de lo bueno y lo malo y de lo bello y lo feo. Y así como de éstas surgieron la ética y el arte, del concepto de la muerte surgió el rito funeral y el concepto de polaridad opuesta, el de la perennidad; el mito de la vida eterna, para no morir.

La verdad es que mientras estemos vivos, la muerte no nos afecta, y cuando ya no lo estemos, pues menos.


Logos





Para los griegos, la muerte era la pérdida del espíritu, radicado en el corazón. Por ende, la muerte ocurría cuando el corazón dejaba de latir.



  
Galeno (130-200 d. C.)





Galeno, médico griego que residió y ejerció en Roma, hizo notar que se podía incurrir en errores diagnósticos de muerte en casos de "histeria, asfixia, coma y catalepsia", estados que podían suspender temporalmente los signos de vida, sin secuelas posteriores.
             






Andrea Vesalio, Madrid, 1543
Vesalio ha sido el mayor anatomista de la historia. fundador de la anatomía moderna y padre de la medicina actual.
Cometió el error de hacer diagnóstico de muerte en una enferma en quien había corroborado exhaustivamente la ausencia de pulso cardíaco y respiración. En la autopsia, que presenciaron los familiares, se encontró el corazón latiendo. Fue acusado de homicidio, juzgado y condenado a muerte, pena que se cambió por el exilio y la peregrinación a Tierra Santa. Murió mientras la cumplía.



William Harvey, 1627

William Harvey describió la función circulatoria, lo cual hizo del latido cardíaco un signo de vida y su ausencia como o señal de muerte. Entonces se planteó, clínicamente, que la muerte llegaba con el "cese de los latidos cardíacos".






Rudolph Virchow
(1821-1902)


Rudolph Virchow emitió la teoría de los tejidos y
            planteó que la verdadera muerte era la muerte celular. 
Si bien esto es finalmente cierto, el problema 
 es que los clínicos no tienen acceso a conocer
el momento en que ocurre la muerte celular
para hacer el diagnóstico clínico de muerte.






Y bueno, hasta los años cincuentas del siglo XX, no existían problemas para definir la muerte. Ella se presentaba en forma única, la que era muy fácil de identificar: el cese de las funciones vitales.

Pero por esos años se dio la pandemia de poliomielitis que atacó principalmente al pueblo norteamericano. Fueron muchos miles de ciudadanos, principalmente jóvenes, quienes fueron atacados por dicha enfermedad, que se caracterizó por parálisis, muy amplia en el cuerpo y severa, afectando muchas veces los músculos respiratorios, lo que finalmente llevaba a la muerte por asfixia. 
Se diseñó entonces y se usó en forma masiva, el pulmón mecánico, un respirador de presión negativa, que mantenía artificialmente la función respiratoria. Hubo pacientes que así sobrevivieron cincuenta años o más.
Son impresionantes las fotografías de entonces que muestran una sala de pulmotores en un hospital especializado. La fotografía abajo es de esas.


Pero este hecho dio lugar a una reflexión muy seria: 
        
        Una persona puede vivir sin sus pulmones si se sustituye su función. El paro respiratorio no es indicador de muerte.

Christian Barnard
(1922-2001)


Christian Barnard, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en 1967 realizó el primer trasplante de corazón. El paciente sobrevivió sólo dieciocho días.  Unos días después realizó el segundo y la sobrevida del paciente fue de más de año y medio en buenas condiciones.
Esto llevó a una segunda reflexión:

 Una persona puede vivir sin su corazón si se sustituye su función. El paro cardiaco no es indicador de muerte.




3 de diciembre de 1967: primer trasplante de corazón por el Dr. Christian Barnard

Mientras tanto, aparecían publicaciones en diversas partes del mundo llamando la atención de casos con salud cardiovascular y pulmonar en condiciones clínicas de muerte: falta total de función de relación.

Lofstedt y von Reis, 1956: Seis pacientes con ausencia completa de función neurológica, apnea, reflejos ausentes, hipotensión arterial, poliuria e hipotermia con ausencia de flujo intracraneano demostrado por angiografía.

Mollaret y Goulon, 1959: Veintitrés pacientes con daño cerebral masivo y silencio electroencefalográfico, que continuaban "vivos" sin signos de actividad cerebral, gracias la ventilación mecánica. La autopsia demostró necrosis cerebral total.

Esto generó el término francés de 
                   "Coma depassé" = cerebro muerto.
                   "más allá del coma" = un cerebro muerto en un cuerpo vivo.

Finalmente, en 1968, un comité ad hoc de la Facultad de Medicina de Harvard, constituido por diez médicos, un abogado, un teólogo y un historiador,  formuló un  reporte titulado "Una definición de coma irreversible", que fue el primer criterio para la determinación de muerte basado en un 
daño encefálico total y permanente, acuñándose el concepto de "brain death" (muerte encefálica), dejando claro que "finalmente, aunque la muerte de diferentes órganos o sistemas ocurre o puede ocurrir a diferentes tiempos en una misma persona, la muerte de la persona ocurre cuando ocurre la muerte del encéfalo".

De este documento se desprendieron las siguientes premisas:

                                                            La MUERTE es:

Una condición clínica.

Un estado irreversible del término de toda actividad del encéfalo,
incluyendo la de relación, la cognitiva y la vegetativa.

El "Cese permanente de la función del organismo como un todo" 
teniendo en cuenta que el encéfalo, como un todo, 
es el responsable de la función del organismo como un todo.

El indicador legal de la muerte.





ENCÉFALO que muestra sus tres partes constitutivas: el CEREBRO, el CEREBELO y el TRONCO ENCEFÁLICO.





En 1971, Mahondas y Chou añaden a estos conceptos la necesidad de la existencia de daño del tronco encefálico.

En 1976, el código del Reino Unido define la muerte encefálica como la pérdida total e irreversible de la función  del tronco encefálico.

En 1981, EEUU la define como la cesación irreversible de todas las funciones cerebrales, incluyendo el TRONCO como el elemento fundamental del concepto de muerte encefálica.


A la izquierda, una disección del tronco (tallo) encefálico, con sus tres partes: De arriba a abajo, mesencéfalo, puente y médula oblonga. Arriba, sus fibras de proyección hacia el cerebro, atrás sus conexiones con el cerebelo y abajo su continuación con la médula espinal.
A la derecha, cinco cortes transversales del tronco encefálico a diferentes niveles, que muestran la gran complejidad de los cruces de caminos, horizontales y verticales (ascendentes y descendentes), que permiten la interacción del sistema nervioso como un todo, que constituye la función de RELACIÓN, que es la vida misma.


Llegado este momento en la historia de la definición de MUERTE, hallamos que se presentan dos opciones de ella:

1. Diagnóstico de muerte por el criterio cardiopulmonar:
La comprobación del cese irreversible de la función
cardiopulmonar, es decir, la pérdida de los signos vitales
en forma permanente.

2. Diagnóstico de muerte por el criterio encefálico:
La comprobación del cese irreversible de la función
del encéfalo como un TODO, aún en presencia de un
funcionamiento cardiovascular y ventilatorio artificial.

Esto no significa que existan dos clases de muerte ni dos formas
diferentes de morir, sino simplemente dos formas diferentes de
llegar al diagnóstico clínico de muerte.


Ahora bien, la muerte por daño irreversible del tronco encefálico ocurre siempre por causas "espectaculares", digámoslo así. No es por apoptosis, proceso muy lento de muerte celular programada, que afecta a todos los órganos y sistemas del organismo y que probablemente responda por la "muerte natural". Es por NECROSIS, proceso agudo de daño focal que ocurre por causas graves: traumatismos craneoencefálicos severos, infecciones del sistema nervioso (meningitis o encefalitis), enfermedades vasculares del encéfalo (hemorragias o infartos) y tumores. 
Aunque son muy distintos entre sí, todos destruyen masivamente las células nerviosas por cambios químicos intracelulares que están resumidos en la imagen.

El diagnóstico de MUERTE ENCEFÁLICA, que es el diagnóstico de MUERTE, debe ser clínico, basado en los siguientes criterios, que han sido reconocidos y legalizados en casi todos los países.

1. Estado de coma de causa estructural conocida y carácter irreversible.

2. Prerrequisitos clínicos:
       a. Estabilidad cardiocirculatoria
       b. Oxigenación y ventilación adecuadas
       c. NO hipotermia grave (32° C)
       d. NO alteraciones metabólicas
       e. NO agentes tóxicos
       f. NO fármacos depresores del sistema nervioso

3. Exploración neurológica:
      a. Coma arreactivo (Glasgow 3)
      b. Reflejos troncoencefálicos ausentes: Reflejo fotomotor, reflejo maseterino,
          reflejo corneal, reflejos óculocefálicos, reflejos óculovestibulares.
      c. Prueba de la apnea

4. Pruebas diagnósticas instrumentales:
      a. Electrofisiológicas: Electroencefalograma y potenciales evocados, que evalúan 
          la actividad eléctrica cerebral.
     b. Angiografía por tomografía computada, que evalúa el flujo sanguíneo encefálico 

 
CATEGORIAS DE INTERPRETACIÓN DE LOS
CONCEPTOS SOBRE MUERTE

1. Muerte con significado biológico. Es la categoría estándar. Este criterio considera la muerte cerebral como muerte del tronco encefálico y el cese irreversible de funciones integradoras.

2. Muerte con sentido psicosocial. La persona puede perder de modo irreversible su conciencia, y esto es equivalente a la muerte. Bajo este criterio se entiende la muerte cerebral "alta". Es la muerte comprendida como neocortical, expresada en términos de pérdida irreversible de la conciencia.
ES EL ESTADO VEGETATIVO PERSISTENTE

3. Muerte en sentido sociológico. La persona, en sentido legal, por la muerte pierde el derecho de ser miembro de la comunidad humana cultural específica.


Y recuerda que:    Tu te mueres dos veces.
                        La primera, cuando te mueres; la segunda,
                        cuando se muere el último que te recuerda.


Epílogo      

 La pertinencia de mantener un encéfalo muerto en un cuerpo vivo cae dentro de las pertinencias médicas, pero no es médica, es pertinencia de la humanidad y también del hombre solo y egoísta qué, con el enorme desarrollo de su intelectualidad, ha sido capaz de prever, de conocer el porvenir y así de angustiarse con el futuro irrecusable que es la finitud, que es la muerte. Esa convicción, producto de la conciencia de su finitud, es superior, en la gran mayoría de los humanos, al concepto religioso de la vida eterna.

 Esta convicción, de polaridad opuesta al concepto de la vida, trata de evadirse por muchos medios: la prevención y curación de enfermedades, los intentos de convivencia pacífica y ahora con la demanda y aún la exigencia del trasplante de órganos, secundarios, pues no son la vida, pero son esenciales para mantenerla.

  De este modo se prolonga la existencia, se pretende evadir la finitud y asirse a una esperanza de eternidad, pero de eternidad terrestre, aquí y ahora, no en otra vida ni en otro espacio. También sabemos, aunque quisiéramos no saberlo, que esto nunca será posible.


lunes, 19 de octubre de 2020

DEL VINO Y LA SALUD







 Del vino, es inmemorial el tiempo que la humanidad actual lo ha disfrutado. Los vestigios conocidos más antiguos datan de ocho mil años; no hay testimonios confiables anteriores. Preparando esta entrada encontré una cita que dice de millones de años, lo que me sorprendió, pues la especie humana actual, el homo sapiens sapiens, no tiene más de ciento ochenta mil años sobre la tierra, según afirman los que saben. Continuando la lectura de cita tal, encontré que se refiere a una especie previa de homínidos, que se extinguió hace millones de años y de la que no hay sospecha de que sean antecesores nuestros, además de que la afirmación de que esa especie tomara vino es sólo una conjetura.

En nuestra especie, el vino ha ocupado un notable sitio de atención desde su descubrimiento o invento, mucho mayor que el de los alimentos, indispensables estos para vivir, lo que no es el vino. Ha evolucionado con la humanidad actual y es una certeza que el vino que ahora disfrutamos es el mismo de hace milenios, pero es muy diferente al de hace milenios. Es más, el vino de ahora es distinto al de apenas cien años. Estas diferencias se han dado porque han cambiado las cualidades de vino, pero también lo han hecho las capacidades receptoras del placer en los humanos.

Hay tres grandes categorías de bebidas alcohólicas:

1. Las que son producto de fermentación, que se obtienen aprovechando un proceso natural de los jugos de frutas, semillas o agaves. Son el vino, la cerveza, el pulque, el tepache, la sidra, el sake. Su contenido de alcohol raras veces alcanza el 20 por ciento.

2. Las que son producto de destilación, proceso químico elemental y muy antiguo. Genéricamente se llaman aguardientes e incluyen el brandy (el coñac es una variedad de brandy), el whisky, el vodka, el anís, el mezcal (el tequila es una variedad de mezcal), el ron, la ginebra. Su contenido de alcohol anda por el 40 por ciento y con frecuencia es más.

3. Los licores y las cremas, de los cuales hay hasta caseros. A un jugo de fruta se le agrega algún destilado o hasta alcohol de la farmacia (etanol), el que ya no se encuentra en forma líquida, y para hacer una crema se adiciona leche. El contenido final de alcohol es muy variable, según la cantidad de destilado que le ponga el hacedor, y aunque los hay de muy alta graduación, en general es baja.

En esta entrada hablamos de vino, el fermentado del jugo de uva, con o sin hollejo. Ahora bien, para tratar de los efectos perjudiciales para la salud consideramos que sus componentes importantes son el agua y el alcohol etílico (85/15 como promedio alto). Los efectos perjudiciales dependen del alcohol y se considera que ocurren por el exceso.

Desde que tenemos referencias escritas del uso del vino, unos siete mil años, se encuentran descripciones de los malos efectos por beberlo, aunque en general se refieren a hacerlo en exceso. El caso más famoso y antiguo en este sentido es el de la tremenda borrachera de Noé, descrita en la Biblia. Sin embargo, la opinión actual sostenida por los estudiosos, es que Noé y su arca son un mito.

Velázquez: El Triunfo de Baco o Los borrachos

En la Grecia clásica, Platón animaba al consumo moderado de vino, pero también se mostraba preocupado ante su abuso. Alejandro Magno  y los macedonios rendían culto a Dyonisos, dios del vino, y el propio Alejandro murió (11 de junio de 323 a. C. en  Babilonia)  después de una noche de borrachera que “lo debilitó hasta perder la movilidad, la vida y el habla”. Atila, rey de los hunos, falleció en su noche de bodas (marzo de 453 d. C. en Hungría); afirman que estaba demasiado borracho para darse cuenta que se ahogaba en su propia sangre que le brotaba de la nariz.

Epidemias como la Peste Negra (1346-1347) dispararon el consumo de vino, como suele ocurrir en tiempos de crisis. La idea de que este podía proteger al bebedor frente a una enfermedad de la que poco se conocía, estaba muy extendida y costó la vida de muchos que no hubieran muerto por sólo la epidemia misma.

Casos como estos siguen ocurriendo en todo el mundo, pero ya no pasan a la historia. Son por toxicidad aguda que desorganiza todo el entramado funcional eléctrico y químico del sistema nervioso y lleva, en horas, a la muerte. Sin embargo, hay enfermedades graves por la ingestión crónica, constante y excesiva de vino, que si bien no llevan a una muerte rápida, si lo hacen a largo plazo: la adicción, la encefalopatía alcohólica (que cursa con demencia), la cirrosis hepática y la polineuritis alcohólica. Ninguna de ellas es recomendable.

Alguna publicación reciente, sin soporte científico sólido, recomienda la abstinencia total de vino. Aseguran que, incluso una sola copa aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular y de cáncer en diferentes localizaciones. Busqué y no encontré artículos científicos serios que respalden estas afirmaciones.

Esto es lo malo del vino para la salud, pero la verdad es que es más lo bueno que lo malo. Es un sentimiento antiguo y universal que tomar el vino en forma moderada pero de costumbre cotidiana, es bueno para la salud física y mayormente para la mental y la emotiva. Diré primero de la primera.

El vino tinto, bebido con moderación, se ha considerado durante mucho tiempo como saludable para el corazón y para el cerebro. Sus antioxidantes, particularmente el resveratrol (que aumenta el colesterol bueno), contribuye a prevenir la enfermedad oclusiva de las arterias, entre ellas las coronarias y las del encéfalo, responsables de los infartos cardíacos y cerebrales. El resveratrol va en el hollejo de las uvas negras.

La gráfica muestra el comportamiento del uso crónico del vino en esa prevención cuando se usa en diferentes cantidades. El riesgo de enfermedad vascular del abstemio es igual a (x), de acuerdo con su genética. Conforme aumenta el volumen diario de ingesta, disminuye el riesgo en forma importante, hasta (x-). Ahora bien, si se sigue aumentando la ingesta diaria, el riesgo aumenta (x+) hasta niveles muy superiores a los del abstemio. El consejo consecuente es: “Bebe vino tinto con frecuencia, en la comida o en la cena, pero en forma moderada. Si te pasas de la raya (x-), te irá peor”. 

Después de todo esto, quedan dos preguntas por contestar:

1. ¿Cuánto es una dosis moderada?

Para el vino tinto, cuya proporción de alcohol promedio es 13 por ciento en la actualidad  y es el de mayor contenido de resveratrol, la dosis moderada parece ser alrededor de 200 mililitros al día, un vaso mediano, un vasito.

2. ¿Es lo mismo para otras variedades de vino, como el blanco, el rosado o los vinos espumosos?

No, porque entre menos color tengan, tienen menos resveratrol, que va en el hollejo de la uva negra. Los vinos blancos y rosados se hacen exponiendo menos tiempo al hollejo a la fermentación. Los vinos espumosos blancos, como el champaña, son los de menor contenido alcohólico, 12 por ciento, pero tienen muy poco antioxidante.

Y bien, digo yo...

               Por su gusto y su bondad
              Al vino se le ha cantado
              Desde el griego y el romano
              Hasta en París y en Bagdad
 
              Y no lo puedo negar
              Que a mí me tiene atrapado
              Pues nunca se me ha negado
              El sabor de su amistad
 
              ¡Qué más gusto yo tendría
               Que poder corresponder!
               Más nunca jamás podría
 
               Ni a medias poderlo hacer
               Por ello yo tomaría

                 De Borges su gran papel….



              Al vino

Jorge Luis Borges (1964)

En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
negro vino que alegras el corazón del hombre.

Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
desde el ritón del griego al cuerno del germano.

En la aurora ya estabas. A las generaciones
les diste en el camino tu fuego y tus leones.

Junto a aquel otro río de noches y de días
corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías,

Vino que como un Éufrates patriarcal y profundo
vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.

En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
una roja metáfora de la sangre de Cristo.

En las arrebatadas estrofas de sufí
eres la cimitarra, la rosa y el rubí.

Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.

Sésamo con el cual antiguas noches abro
y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.

Vino del mutuo amor o la roja pelea,
alguna vez te llamaré. Que así sea.









lunes, 12 de octubre de 2020

DEL TRABAJO, EL FÚTBOL, LA MÚSICA Y EL COVID-19

 

SARS-CoV-2 (virus del COVID-19)
Son ya seis meses de confinamiento por el COVID-19, mala enfermedad que al mundo tiene triste y semiparalizado, y a mi familia y a mí también, como parte que somos de él.  Pero bueno, es mejor estar confinado que finado. El quehacer se acaba, de placer o de trabajo, y hay que reinventarlo en las dos categorías.

No se puede inventar otro trabajo que él que sabes hacer. Si eres médico, hay que reinventar la asistencia, la superación personal y la educación, ahora a distancia y menos redituables. Pero es mejor que hacer nada y se obtienen experiencias memorables de ello.

 Me piden dar una consulta y me debo negar. Tengo más de ochenta años y por lo tanto la muerte con su guadaña, disfrazada de COVID-19, me tiene echado el ojo. Por otra parte, mi consultorio está en un hospital que atiende enfermos por el tal Corona virus y es riesgoso entrar ahí.

Dar consulta por teléfono es difícil; falta el contacto personal y es imposible la exploración física, pilar indiscutible de la clínica; pero ni hablar, casos hay en que no puede negarse la atención. Y empieza la aventura telefónica, extraña y difícil, que es de angustia y emoción; pero de ella nada diré ahora.

Dar clases de medicina para estudiantes y conferencias relativas a públicos diversos por la Internet ha sido una experiencia maravillosa, que me ha situado en un mundo de relación humana desconocida que yo creía imposible. La sigo preparando y fomentando y pienso continuar en ella cuando salgamos de esta pandemia. Y por ahora, no hay más trabajo, ¡Pobre de mí, qué inutilidad de señor!

¡Pero bueno… falta decir de lo bueno que ha ocurrido en la cuarentena: el entretenimiento y la cultura con la compañera de mi vida: mi esposa Sylvia! En esto, mucho hemos ganado en esta cuarentena. Como actividades compartidas, hemos leído novela moderna y antigüita también, escuchado mucha música clásica, alguna conocida, otra reconocida y mucha desconocida. Hemos visto mucho fútbol, de las competencias internacionales europeas que ahora se dan en estadios cerrados al público. En esto nos tocó la tragedia del Bayern Munich 8 – Barcelona 2. ¡Qué horror!

 Notable y significativo para nosotros ha sido la música. En nuestro modesto pero buen reproductor casero hemos revivido y descubierto enormes tesoros de la música clásica. Buena parte de ella de nuestra mediana discoteca, pero mucha más, y disponible para todos, está en la Internet. Esto es un lujo que se dio a nuestra generación y ¡qué bueno que nos tocó!

Hacemos sesiones diarias de escucharla con atención, no como música de fondo. Se programó por géneros musicales, los cuales no hemos agotado ni agotaremos. Hemos escuchado música de muchos autores, conocidos los más, pero algunos desconocidos. Con ellos hemos viajado por buena parte del mundo y por muchos años, más de quinientos. La mayoría de los encuentros han sido adorables por hermosos y enriquecedores de nuestro espíritu. Pero hasta ahora, cuando sabemos que nos falta muchísimo para apenas medio agotarla, lo que más me ha enriquecido y he disfrutado fue el capítulo del lied.

 Lied, en alemán, significa “canción”, pero no cualquier canción es un lied; es canción culta que musicaliza poemas de escritores trascendentales, como Goethe o Schiller. Los lieder (lieder es el plural de lied) ponen en melodías y aderezan con armonías, textos que ya de por sí son estructuras rítmicas, conjuntando una creación musical hermosa y muy emotiva. La voz se acompaña solamente con un piano, aunque en ocasiones se agrega un instrumento de aliento y pocas veces es toda una orquesta.

Probablemente no es buen término el de acompañamiento, pues es esencial al lied el carácter dialéctico; el piano o la orquesta, con su lenguaje no verbal, juegan un papel protagónico, alternando, comentando o disintiendo de la voz en igualdad de jerarquías. Esto ofrece una riqueza, armónica y de contrapunto, casi impensable para un par de voces.

Surgió en el área alemana y casi no salió de ella. Eso ocurrió en los albores de la era clásica de la música, en la segunda mitad del siglo XVIII. Fue tomada por los más notables compositores de esa área y de ese tiempo, y después Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Richard Strauss y finalmente Mahler, además de otros.

Franz Schubert  (1797 - 1828)

Ludwig van Beethoven (1770-1827)
                       
Es opinión extendida entre melómanos, aficionados o profesionales, que el mayor y mejor creador de lieder ha sido Franz Schubert, en el primer cuarto del siglo XIX. Es casi una herejía pensar algo diferente y yo así lo creí y lo sentí muchos años. Ahora, después de revisar el género durante mi reclusión casi conventual por el COVID-19, he cambiado de opinión y mi compositor campeón de lieder es Ludwig van Beethoven. 

¡Quizá la hoguera por hereje consiga terminar conmigo antes que el COVID-19! Pero no, NO los dejaremos, a ninguno de los dos.