Acerca de mí
- Rogelio Macías Sánchez
- Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022
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jueves, 2 de diciembre de 2021
INTERMEZZO 26. FLORES Y BICHOS QUE SE ME ATRAVIESAN.
lunes, 29 de noviembre de 2021
DEL SUEÑO Y LOS SUEÑOS. PARTE 2: LOS SUEÑOS.
Los sueños son sucesiones de imágenes, ideas, emociones y sensaciones que ocurren habitualmente en forma involuntaria en la mente durante ciertos estados del sueño. Son fenómenos cognitivos.
lunes, 22 de noviembre de 2021
DEL SUEÑO Y LOS SUEÑOS. PARTE 1: EL SUEÑO.
van Gogh: La siesta (1890)
El sueño, la acción de dormir, es un fenómeno activo, es una función compleja del sistema nervioso, que requiere para ella de más recursos funcionales que los que necesita cualquier otra función, incluyendo la cognición, es decir, el pensamiento.
Es un estado fisiológico complejo de inconsciencia, transitorio y reversible, inherente a la existencia animal, cuyo último sentido biológico no se conoce todavía. Es un estado de autorregulación y reposo que se cumple en el cerebro.
Como toda actividad del sistema nervioso, su energía es eléctrica; se genera en los receptores periféricos de los nervios sensitivos, cualquiera que sea su índole: táctil, dolorosa, de presión, térmica, auditiva, visual, gustativa, olfatoria o cualquiera otra que por ahora se me escape. Ahí generada, se transmite por apéndices dendríticos, vías aferentes que la llevan a las primeras estructuras que la modulan, los somas de las primeras neuronas sensitivas, la ajustan y envían por su axón, su apéndice eferente, a otra neurona que hace lo mismo, completando, después de pocos o muchos pasos, hasta miles, la eferencia, la acción final, que se expresa por movimiento o secreción glandular. Así se dan todas las funciones del sistema nervioso, una de las cuales, la que requiere de más recursos, es el sueño.
El sueño está inscrito en un ciclo funcional obligado: el CICLO SUEÑO - VIGILIA: se duerme y se está despierto. Este ciclo se relaciona con el ritmo NOCHE - DÍA. Es un sistema homeostático en que el sueño llama a la vigilia y la vigilia llama al sueño.
Las características clínicas de la vigila y el sueño se muestran en los cuadros de la izquierda; se refiere al sujeto que esta despierto y al que está dormido.
lunes, 15 de noviembre de 2021
¿QUIÉN SOY YO PARA DECIR O ESCRIBIR DE MÚSICA?
| Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México. Mi recinto musical favorito en todo el mundo |
Nací en la ciudad de Puebla en el año de 1937, mismo en el que murió Maurice Ravel y se descubrieron las sulfas, que son los primeros antibióticos. Mi natal ciudad la conocí a los veinte años, pues desde los tres fui un capitalino recalcitrante. En esa entonces hermosa Ciudad de México aprendí el arte de escuchar la música al mismo tiempo que las primeras letras, las dos cosas de mi madre. Fui un chico normal que terminó la carrera de médico cirujano en 1959 en la Universidad Nacional Autónoma de México. Para entonces, mi progenitora había fracasado en el empeño de enseñarme a tocar el piano, pero yo había ganado mucho en el gusto por escuchar la música y disfrutar la ópera. Además, era fanático beisbolero de los Azules de Veracruz y después de los Tigres de México y aficionado taurino buen conocedor, que vi desde Armillita y Manolete hasta Mariano Ramos. Soy neurocirujano, ahora en retiro, certificado por el consejo mexicano de la especialidad.
Mi trabajo profesional me despegó de algunas actividades, pero no de la música, y con mi esposa y por nuestras especialidades médicas, hemos viajado por el mundo, consumiendo todo lo que de música buena haya en cada lugar. En Morelia me he hecho amigo de los músicos.
Entre
los personajes de la música que mucho me honra el haber escuchado personalmente, están Maria Callas, Herbert
von Karajan, Otto Klemperer, Aram Jachaturian, Dmitri
Shostakovich, Plácido Domingo, Sergiu Celibidache, Carlos Chávez, Luis Herrera
de la Fuente, Andrés Segovia, José Iturbi, Leonard Bernstein, Jascha Heifetz y
su Stradivarius, Gerhart Muench, Eduardo Mata, James Levine, Pierre Boulez,
Jordi Savall, Philip Glass y muchos otros, a los que luego recuerdo para platicar con los
amigos. Además, haber visto la puesta en escena de El Anillo
del Nibelungo de Wagner por Patrice Chérau.
En la
actualidad me desempeño como jefe de una familia de dos miembros, neurocirujano retirado y
neurólogo activo y amigo de la música.
Entre mis defectos, reconozco una ignorancia soberana del jazz y una grave
intolerancia a la música atonal, lo que me ha valido reclamos y jalones de
orejas. Me gusta juntarme con la gente inteligente, pero no estoy muy seguro de
que a la gente inteligente le guste juntarse conmigo. Y desconfío de los que
están de acuerdo conmigo, pues pueden estar equivocados.
| Foro y lunetario del Palacio de Bellas Artes Quizá los más hermosos del mundo |
Ése soy yo, el que cada martes y durante más de veinticinco años escribió una columna periodística para comentar la música y criticar a los músicos, columna que sólo ostentó como virtud la sinceridad, con todos sus atributos. Siempre escribí de música, pero no siempre para comentar un evento al que hubiese asistido. Muchas veces hube de recurrir a la intimidad de mis recuerdos, a la historia, a la filosofía o a la teoría de la música, lo que me obligó a aprender de estas disciplinas. Creo que en este terreno he tenido buenos logros, que ahora me siento en la necesidad y obligación de compartir; al fin y al cabo es testimonio y muestra de un pequeño, pero valioso, sector de cultura de mi país.
lunes, 8 de noviembre de 2021
¡ENTRADA CENTÉSIMA!
Esta entrada es la centésima de mi blog Vinos, Música y Neurología para profanos; la primera apareció el 22 de junio del 2020 y se programó como semanal, los lunes. Veinticinco intermezzi de jueves han permitido llegar a este número bastante antes de cien semanas.
La creación del blog tuvo un motivo y la primera entrada un pretexto. El motivo fue la urgencia de manifestar mi cognición cuando la mayor parte de mi trabajo intelectual se había suspendido por el aislamiento y reclusión obligados por la pandemia de CoVid-19: asistencia médica, docencia, educación de postgrado, presencia en la música clásica y cosas más. El pretexto fue que la cava familiar se había vaciado de buenos vinos después de tres meses de reclusión y hube de abrir dos muy viejas botellas con el riesgo de que estuvieran malísimos; no fue así y lo festejé con la primera entrada. Esta imagen data de esa fecha
Como
no sabía ni sé tanto de vinos como para mantener con sólo ese tema un blog semanal,
decidí manifestarme en otros dos que me apasionan: la música clásica y la
especialidad médica que ahora ejerzo, la neurología, expuesta para profanos.
Ocasionalmente abordo otros temas de interés personal mío y general y así se
han dado setenta y cuatro lunes antes de este. El agregado de los intermezzi algunos jueves completan las
cien entregas.
Para esta centésima entrada he
decidido volver a la cava familiar, que es un sitio de intimidad, y mostrarles
algo de aquello que decora sus paredes. De vinos, sigue casi vacía; llegarán
tiempos mejores para volverla a llenar.
Preside el lugar el Príncipe de los Ingenios, Don Miguel de Cervantes Saavedra (1547 - 1616), en un manejo fotográfico del bronce que engalana el Jardín de las Rosas en Morelia.
Su mérito mayor: Haber escrito la novela más universal y significativa en la historia de la humanidad: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
No podían faltar sus dos inmortales creaturas: Don Quijote y Sancho Panza.
Arriba
a la derecha la famosísima Vendimia, también de Don Francisco de Goya y
Lucientes, un termómetro con higrómetro todavía analógicos y de Pieter Brueghel el Viejo, La
cosecha, 1565
“El buen vino
Y el amor
Hacen pasar
Felices días”
Franz Hals: El alegre bebedor, 1630.
Bebedores, bailarines y parejas alegres…
Jan Steen: La
pareja de bailadores, 1663.
Otra más de alegres comensales que cantan y
disfrutan alrededor de algún tonelillo de vino. De este cuadro no tengo referencia
alguna de autor, nombre o año.
Francisco de Goya y Lucientes:
El bebedor, 1777.
Portada antigua de Utopía (1516), de Tomás Moro, ensayo inmortal de la libertad de los
pueblos, que fue guía de acción de Vasco de Quiroga en el Michoacán del
siglo XVI:
lunes, 1 de noviembre de 2021
¿SE PUEDE HABLAR O ESCRIBIR DE MÚSICA?
Dice Daniel Freckmann: “La música es una experiencia de carácter no verbal, absolutamente inaccesible por medios puramente literarios o eruditos”. Esta afirmación periódicamente me remueve intranquilidad de conciencia; efectivamente, no se puede hablar o escribir de música.
La música es un lenguaje del hombre más antiguo que el verbal. Comunica sentimientos e ideas complejas usando como medio los sonidos desde muchos miles de años antes de que se nos diera el verbo. De esto hay evidencias antropológicas prehistóricas, históricas y actuales. El hombre inventó la música como un ritmo; por mejor decir, la descubrió en sus ritmos internos y la externalizó percutiendo mano con mano, piedra con piedra, hueso con hueso o lo que fuera con lo que fuera y emitiendo, con su aparato fonador, sonidos con una secuencia sin contenido verbal. De ahí a la danza no hubo gran distancia y con estos elementos primigenios (ritmo y percusión) surgió la música como sistema de comunicación primitivo pero infinito, aún no superado y de belleza primaria todavía no explicada.
Muchos miles de
años habrían de pasar antes de que la música adquiriera su segundo gran
elemento estructural: la melodía, que implica la adecuación del ritmo de las
palabras al ritmo musical. Esto significa que la melodía en la música surgió
después del lenguaje verbal. Tampoco hubo una gran distancia entre esto y la
canción, que es la estructura musical melódica por excelencia. En este caso, el
texto verbal es el mensajero principal de las ideas, pero en las que podríamos
llamar canciones sin palabras, que son aquellas piezas con ritmo y melodía,
pero sin verbo, el mensajero es el idioma musical.
Estos dos
elementos de la música son más viscerales que intelectuales, son emocionales,
más dionisiacos que apolíneos. Del otro elemento primario de la música, la
armonía, sí tenemos documentación histórica de su arribo a la música
occidental; démosle más o menos mil años de antigüedad. Es un elemento
eminentemente intelectual y podríamos describirlo como aquello que acompaña,
viste, enriquece y complica a la melodía.
La música, como
el verbo, consiste en unidades sonoras que, en diferentes arreglos y
combinaciones, se constituyen en elementos simbólicos con significado, pero
que, además, emana una mágica belleza. Cuando, como oyentes de la música, somos
capaces de ser hechizados por esa belleza y de percibir los mensajes que
conlleva, entonces se ha dado el fenómeno musical, la experiencia estética, el
éxtasis a través de la música.
Para nosotros,
los legos de la música, la dificultad en alcanzar este éxtasis es que buscamos
traducir el lenguaje musical al verbal, pero esa traducción es imposible.
Cuando a Beethoven le preguntaron que quería decir con su sonata Appassionata, simplemente se sentó al
piano y tocó los primeros compases de ella. Y cuando a Silvestre Revueltas un
periodista le preguntó que significaba su música, le respondió: “¿Usted cree
que si yo pudiera expresar mis ideas con palabras, me pasaría noches enteras
escribiendo esos cientos de notas?”.
Por esto no se
puede hablar ni escribir de la música. Cuando con torpeza inconsciente lo
intentamos, en realidad solemos hablar de historia de la música, de filosofía,
de sociología, de lógica, de teoría de las comunicaciones, de estética, de
semántica, incluso de política y hasta de psicología, pero no podemos hablar de
la música misma porque no existe un código traductor de las ideas musicales a
ideas verbales. Son de diferente naturaleza.
La música debe
ser oída. De nada valen las doctas escrituras de alguno que se diga experto en
música si ellas no inducen a escucharla. La música es un arte y, por lo tanto,
su forma de conocimiento es la sensibilidad, no la razón ni el método
científico ni la revelación. La música debe ser gustada más que entendida y
para eso es mejor exponerse a ella que leer a los eruditos. La música, como
arte que se da en el tiempo y no en el espacio, se recrea cada vez que se
ejecuta y se recrea por la interacción entre el intérprete y el público. Lo
mejor es participar en esa recreación exponiéndose a la música.
Cuando escribo de música, lo único que
trato es de contagiar mi pasión por ella, nunca de traducir las ideas
musicales; tratar de hacerlo sería vanidad o locura.







