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Ludwig van Beethoven (1770 - 1827) |
Pocos días después
de la muerte de Ludwig van Beethoven, ocurrida en Viena el 26 de marzo de 1827, en su desordenado
departamento se encontró una carta que se ha constituido en el documento más
enigmático de los que legó a la posteridad. Una carta autógrafa sin lugar de
remitencia y fechada “6 de julio, por la mañana”. Una segunda parte de la carta
añade que es un lunes. No trae año ni el nombre de la destinataria, pero en el
cuerpo del texto dice: “… mis pensamientos van hacia ti, mi amada inmortal”. El
estudio de esta carta ha consumido muchísimas horas y mucha tinta de excelentes
pensadores, para identificar a la “amada inmortal”. Ensayos, novelas y
películas se han hecho.
La vida amorosa
de Beethoven es un gran enigma. Amó intensamente a muchas mujeres, pero siempre
escogió, como objeto de su amor, mujeres prohibidas por la diferencia de clase
social o por estar casadas. Se sabe que varias le correspondieron o por lo
menos propiciaron el cortejo, pero Beethoven "decidía consagrarse al
trabajo cuando afrontaba la posibilidad de un vínculo permanente con una
mujer" (Elliot Forbes). Freud hubiera dicho que tenía un gran
"superego", pues en aquella época en Viena ya nadie se asustaba por
las parejas irregulares.
Sus amores
siempre fueron muy discretos y de nada hay una certeza absoluta, pero por el
tenor de algunas cartas se infiere que mantuvo relación de amantes con algunas
de estas señoras. Pero la carta famosa no trata de un juego amoroso; es un
estallido incontrolado de sentimiento apasionado, de tono exaltado, el
pensamiento confuso y una sobrecarga de emociones conflictivas.
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Fotografía del original de la carta a la Amada Inmortal |
La
identificación de “la amada inmortal” ha desencadenado varios procesos de
investigación detectivesca muy estricta, que rayan en la insanía. Se han
desnudado las intimidades de personas y familias tratando de romper ese
anonimato que Beethoven deseó. Las búsquedas han sido poco objetivas, pues en
vez de partir de una actitud neutral, cada investigador presenta su candidata
y procura las pruebas que confirmen su prejuicio. Esto ocurrió desde
Schindler, secretario y primer biógrafo de Beethoven en 1840, hasta Maynard
Solomon (1977), reputado como uno de sus mejores biógrafos modernos. Emil
Ludwig, en 1942, apenas menciona la carta en un apéndice final de su libro y no
tiene candidata.
Con
apoyos argumentales más emocionales que objetivos, han, sido presentadas con el
título de “la amada inmortal”, la condesa Giulietta Guicciardi. Era la candidata
de Schindler, que pronto tuvo que desdecirse. Teresa von Brunsvik, una fuerte
competidora, y su hermana Josephine, con pocas posibilidades. Giulietta Teresa
Malfatti, Magdalena WilImann, Amalie Sebald y Bettina Brentano von Arnin han
tenido sus caballeros defensores. Maynard Solomon sostiene que “la amada inmortal”
es Antonie Brentano, de soltera llamada Antonie von Birkenstock, y a quien
Beethoven dedicó su inmensa obra 33
Variaciones sobre un vals de Diabelli. Es curioso que
toda la objetividad de Solomon durante el desarrollo de su biografía, la pierde
cuando defiende el derecho de Toni Brentano a ser “la amada inmortal”.
Finalmente, el director de la película Immortal beloved, Bernard
Rose, plantea por primera vez en la historia de las historias de Beethoven, que
“la amada inmortal” haya sido la cuñada, la aborrecida Johanna, esposa de su
hermano Caspar y madre del famoso sobrino Karl, al que Bernard Rose hace
aparecer como hijo de Ludwig van Beethoven. Es difícil que esto sea verdad,
pero es posible, pues de nada hay certeza.
Independientemente
de quien haya sido “la amada inmortal”, la carta tiene un enorme significado en
la vida amorosa de su signatario. Beethoven fue rechazado por muchas mujeres.
Magdalena Wilmann lo menospreció porque “era feo y estaba medio loco”; la
Guicciardi prefirió un amante tonto y superficial; Julie von Vering escogió a
Von Breuning; la condesa Erdôdy lo hirió prefiriendo “al criado antes que al
amo”; Teresa Malfatti nunca respondió a las atenciones del músico; Bettina
Brentano le coqueteó sin revelar que estaba enamorada de Achim von Arnim, con
quien pensaba casarse; Josephine Deym le exigió un amor platónico, y cuando
Beethoven aceptó la espiritualización del vínculo, ella lo dejó por el conde Wolkenstein;
y una campesina a la que Beethoven seguía, prefería a los muchachos campesinos.
Es cierto que
Beethoven tenía actitudes ambivalentes hacia las mujeres y el matrimonio, pero
es evidente, también, que tantos rechazos, algunos de los cuales fueron verdaderas
traiciones, tuvieron un efecto acumulativo devastador en su orgullo. Por lo
tanto, el asunto de “la amada inmortal” fue maravilloso, pues se trató de una
mujer que lo aceptó totalmente como hombre, que le dijo que era su amado y que
lo hizo sin reservas. El amor que ella le profesó determinó que se manifestara
su capacidad reprimida de expresar amor a una mujer. Una mujer le concedía amor
y se proponía arriesgar la condenación de la sociedad para convivir con
Beethoven.
Por
consiguiente, tenía la oportunidad de convertir en realidad sus deseos
conscientes y explícitos de matrimonio y paternidad. Pero el amor tuvo que luchar
contra los esquemas y los hábitos arraigados de una vida. La intensidad de la
carta a “la amada inmortal” proviene de la profunda sinceridad con que refleja
este conflicto íntimo. Es un documento en el cual la aceptación y el
renunciamiento luchan por prevalecer.
¡La carta nunca
fue depositada en el correo!