Acerca de mí

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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 5 de diciembre de 2022

EL CASO SCHUBERT O SI MI TÍA TUVIERA RUEDAS...

Fanz Schubert, joven
Así dice el retrato original
Si murió a los 31 años, siempre fue joven.





Franz Schubert (1797 -1828) fue un músico vienés, que no austriaco de sentimiento. En tratándose del tiempo artístico, fue transtemporal; nació seis años después de la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart (1756 - 1791), austriaco y vienés, que seguía siendo el referente obligado de la música a pesar de los esfuerzos de Franz Joseph Haydn (1732 - 1809) por serlo. Finalmente, fue totalmente contemporáneo de Ludwig van Beethoven (1770 - 1827), alemán y vienés e indiscutible campeón de la música de entonces en aquellos lugares.




El tiempo de vida de Franz Schubert coincidió con la encrucijada musical más hermosa y trascendente de la historia. La música llamada clásica cerraba su ciclo, iniciado y llegado a su clímax por Mozart. Forzadamente lo continuó Haydn con obra clásica rígida y estereotipada, pero tanta, que se le considera el máximo representante de esa música, la "clásica”. Beethoven llegó a Viena en los primeros años del siglo XIX y aunque tiene música clásica en los primeros años en esa ciudad, también ya esbozaba el enorme cambió que habría de dar a la música con su Tercera Sinfonía "Eroica", la música "romántica", con su sentido de libertad de espíritu, de melodías novedosas y combinaciones armónicas que superan el protagonismo individual y solamente lucidor. En este último ambiente musical vivió, creció, trabajó y murió Franz Schubert y su música se considera el prototipo de la música romántica temprana.


Admiraba y amaba enormemente a Beethoven, pero su timidez extrema le impidió acercarse al “genio de Bonn”. Su producción mayor era de lieder (canciones cultas, de las que hizo cientos, y se le considera el mayor liderista que ha existido). En algunas de sus obras formales: sinfonías, sonatas de piano o música para conjuntos de cámara, se muestra como un romántico muy profundo, muy beethoveniano, pero con rasgos nuevos, audaces y hermosos, que prometían novedades trascendentales. Schubert se dio cuenta clara de ello y hay varias piezas que no terminó, no porque se haya muerto o incapacitado, sino por algo que surgió de su mente y su psique y lo detuvo en su timidez. Nunca sabremos que pasó por su mente para no concluir su Octava Sinfonía, conocida como Inconclusa; la Sonata para piano en Mi, D. 157 y alguna otra pieza para conjunto de cámara de instrumentos de cuerda. Su muerte temprana, apenas a los treinta y un años de edad, nos privó de algo de lo que ni idea alguien tiene como sería.

Partitura de la Sinfonía No. 8,
"Inconclusa", 
de Franz Schubert (1822)




Pero los años pasan y pasan, están por cumplirse doscientos de la muerte de Franz Peter Schubert y hay muchos que siguen en lamento por ello; cada noche, antes de dormir gritan al mundo: ¿que hubiéramos tenido de maravilloso en la música si Schubert no hubiera muerto tan joven? Eso es tan necio como tratar de completar aquella frase que se plantea en el danzón Juárez, del año 1919: "porque si Juárez no hubiera muerto..." o aquella otra frase popular: "... si mi tía tuviera ruedas..."







P.S.  8 de diciembre de 2022, 9:30 de la noche.

Hace unos minutos terminé de escuchar, en una plataforma de música clásica por Internet, el Trío de piano (piano, violín y violonchelo) No. 2 de Franz Schubert, compuesto apenas un año antes de que muriera y publicado apenas un mes antes de su deceso.
Es una pieza cumbre de la música de cámara de todos los tiempos y una muestra muy clara de ese sentimiento romántico sublimado de Schubert que anunciaba novedades trascendentales, que no se dieron  por su muerte temprana.
No se lo pierdan, búsquenlo y escúchenlo.


jueves, 1 de diciembre de 2022

INTERMEZZO 46. DEL REDOR INTERNO DE MI AMADO JARDÍN.






¡Mi hermoso jardín comunal!
Diario lo caminamos, varias vueltas por su redor interior.
Esto vemos y juntamos.







Tercia de hongos, de efímera existencia...

















... y los semilleros caídos de una araucaria.








































































El macho en su harem...

















... y cruzando la calle por la cabecera Oriente, el guardián esperando al panadero.














































































Casi la piso...

































































































Cruzo la calle por la cabecera Oriente del parque, para abrazar a la hermosa catrina que presumen en la fondita del lugar.

Hasta la próxima.



lunes, 28 de noviembre de 2022

MENTE Y DEMENCIA

Ver la entrada del 13 de septiembre de 2021









La palabra demencia deriva del latín de, privativo, y mens, mentis: juicio; esto es, carente de juicio. De ahí, locura, perturbación mental.


Cerebro normal



Juicio es cordura y depende de la mente. Es una función de la totalidad del sistema nervioso pero presidida por la corteza cerebral. Es el culmen de la función de relación, sólo superada en trascendencia que no en complejidad, por la conciencia, que es la capacidad de darse cuenta de..., sin la cual no hay nada.


La mente, conocida hace algunos años como inteligencia, también se le identifica como pensamiento. En la actualidad se prefiere usar el término cognición. Es la función más compleja del universo, que compartimos los humanos con casi todas las especies animales, aunque en diferentes grados, según perspectivas. Se integra, a su vez, con cinco funciones diferentes: gnosia o capacidad de reconocer; praxia o saber hacer; inteligencia o capacidad de improvisar; memoria o capacidad de almacenar información y ser capaz de llamarla cuando se quiera o se necesite; y lenguaje, en mi opinión la función príncipe de nuestra especie, sistema de signos que utiliza una comunidad para comunicarse oralmente o por escrito. La especie humana en la actualidad NO puede comunicarse sin lenguaje; la pobreza de lenguaje conlleva pobreza del pensamiento.

Cada uno de estas funciones tiene sistemas funcionales propios bastante bien definidos en el sistema nervioso, de algunos de los cuales he dicho en entradas previas; no viene al caso repetirlas ahora.

Ahora bien, la anormalidad por defecto de la cognición es una condición clínica que se llama demencia, pero no se requiere que fallen las cinco funciones primarias constitutivas, pero si es exigencia que fallen por lo menos dos. La que más falla o lo hace primero es la memoria, particularmente la de hechos recientes; esto se llama amnesia. Le sigue la gnosia, particularmente de lugares o de personas; se llama agnosia. Sigue en frecuencia la incapacidad para improvisar ante problemas novedosos y después la afasia, que es la pérdida del contenido simbólico del lenguaje. Finalmente, la apraxia, el no saber hacer, es la condición menos frecuente, pero se da.

Ahora bien, es condición ineludible para calificar una demencia, que las funciones ya descritas se hallan perdido, es decir, que el paciente las halla tenido normales previamente.

La demencia no es una enfermedad, es un síndrome. Esto significa un conjunto de síntomas y signos clínicos, que siempre van juntos y son los mismos, que tienen el mismo mecanismo de producción y que pueden ser provocados por varias causas. El diagnóstico de un síndrome nos obliga a buscar la enfermedad que la causa y esa tratar.

Cerebro con Enfermedad de Alzheimer

Las causas de demencia no son muchas ni pocas, pero si varias; unas tienen tratamiento y otras no. La que ahora está más en bocas de la gente es la Enfermedad de Alzheimer, enfermedad degenerativa de algunas estructuras bien definidas del cerebro. Suele aparecer después de la madurez de edad, es progresiva e incurable. Hay medicamentos que algo la mejoran por algún tiempo.

Cerebro con hidrocefalia normotensa

Una causa curable de demencia es la hidrocefalia normotensa, que consiste en la dificultad de absorber el líquido cefalorraquídeo dentro del cráneo, lo que provoca dilatación de las cavidades normales del cerebro y demencia. El tratamiento quirúrgico de esta condición con una derivación del líquido hacia el abdomen o el corazón, cura la demencia.


Un último ejemplo: la depresión anímica severa puede llevar a un cuadro que remeda totalmente una demencia. El tratamiento de la depresión, psiquiátrico y/o con medicamentos, hace desaparecer la demencia.

Estos son tres ejemplos de causas de demencia, pero hay varios más.
¡Ojo, pues!





lunes, 21 de noviembre de 2022

A PROPÓSITO DE LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA.

Dalí.    Los relojes blandos.    1931  


Hace dos semanas estuve en dos conciertos donde se escuchó música contemporánea; mucho la disfruté. Sé que no abundan los melómanos con el gusto por hacerlo y por ello quiero platicar de algunas razones. Lo primero que se me ocurre es que vale la pena definir algunos términos.


Dice el Diccionario de la Academia Española de la Lengua que contemporáneo es aquello que existe al mismo tiempo que otra persona o cosa. En tratándose de música, es aquella creada durante los años que nosotros vivimos. Con este concepto, en mi vida diaria actual, de la música que escucho, la contemporánea representa menos del veinte por ciento. Esto es más o menos lo que ocurre en todo el mundo y ello significa que vivimos en la época en que menor cantidad de música contemporánea se escucha.

Aclaremos otros conceptos. La música occidental se clasifica en estilos que corresponden a épocas: medieval, renacentista, barroca, clásica, romántica y moderna. Los nombres en general se deben a coincidencias con períodos sociales o artísticos de la humanidad, pero tienen características muy definidas en cuanto al modo de usar los diferentes elementos de la música. Pero cuando un músico compone una obra, no lo hace pensando que es un barroco, un clásico o un romántico; escribe conforme a los patrones en ese momento en boga y si tiene talento suficiente, inventa recursos que lo harán trascender. Si no, desaparecerá de la historia al momento de morir.

Cuando Bach, Mozart o Beethoven componían, hacían música contemporánea y casi no había de otra. Los autores eran los mismos intérpretes y no ejecutaban obras ajenas; era excepcional el caso de Beethoven que tocaba y dirigía desde el piano algunos conciertos de Mozart. Pero en general, cuando un músico moría, dejaba de oírse su obra. Bach quedó sin escucharse durante cien años. Y los músicos vivos tenían que escribir mucho, pues la demanda era grande; Vivaldi escribía un concierto cada semana, Bach una cantata y Schubert varias canciones. Y así muchos otros que no trascendieron. El público consumía el producto del momento.

Eduardo Mata (1942 - 1995)
Director de orquesta mexicano.

No se sabe con certeza porque cambió la situación, pero el hecho es que ahora se oye más música antigua que nunca. Hay quien culpa de ello a Mendelssohn por ser el primer autor-director que no tocaba música propia exclusivamente. Sus méritos de rescatar a Bach y a Schubert inhibieron la creación de música contemporánea, incluyendo la propia. La gente empezó a ir a los conciertos para escuchar a los antiguos, dando la espalda a los de su tiempo. Apareció una nueva calidad de músico, el director de orquesta, que decide que se escucha y que no.


A pesar de esto se mantuvo un equilibrio entre el gusto por la música nueva y la vieja. Con ansia se esperaban los estrenos de Chopin, Liszt, Wagner y Mahler. Y qué decir de Verdi o de Puccini, a quienes el pueblo y editores italianos apresuraban para que terminaran sus óperas.


El equilibrio se rompió a raíz de la Primera Guerra Mundial, crisis de la humanidad que la sacudió toda entera. En la música terminó con el romanticismo, pues los artistas no pudieron seguir componiendo conforme a patrones que formaban parte del sistema social fracasado. Los nuevos modos no fueron entendidos ni gustados por el gran público, cuya sensibilidad y pensamiento social se desarrollaban más lentamente que los de los artistas. Los abandonaron para volver los ojos y los oídos a la vieja estética.



Un golpe muy fuerte a la música contemporánea en la segunda mitad del siglo XX fue la industria del disco. La educación y la propaganda han hecho crecer enormemente el público que gusta de la música clásica. Pero tal educación y propaganda se ha dado con la música vieja. La demanda es mayor que lo que pueden ofrecer en conciertos los intérpretes y en obras nuevas los autores. Y la industria del disco compacto se ha dado a desenterrar enorme cantidad de obras antiguas para ofrecerlas al ansioso consumidor, que ahora ni salir de casa necesita para disfrutar de la música. Esta labor de paleografía tiene méritos, pero como en el caso de Mendelssohn, contribuye al desinterés por la música nueva.

En todo esto hay un riesgo grave: que, como en el Medioevo, nos quedemos anclados a formas arcaicas y limitemos la experimentación en los terrenos del arte. Sin ella, jamás se darán nuevas formas de belleza, que seguramente existen y que están por salir de las las mentes y plumas de los músicos contemporáneos. Por eso hay que estimularlos, por lo menos con nuestra presencia e interés, para que sigan en la búsqueda de nuevos modelos estéticos, de los cuales probablemente haya que ensayar cien antes de encontrar aquel que llene los requisitos de belleza y originalidad que lo hagan trascendente. Seguramente existe y algún día tendremos la gloria de presumir una obra maestra a cuyo estreno mundial asistimos. Yo creo en eso.


 

jueves, 17 de noviembre de 2022

INTERMEZZO 45. CON NOSTALGIA DE LA BUENA, SIN TRISTEZA...








Son imágenes antiguas, algunas de muchos años, todas de antes de emigrar a las Tierras Altas de Veracruz.







 











     
          Tres generaciones...











La Malinche, de Tlaxcala y Puebla















La caprichosa flor de calabaza


































































-¡Mamá..!














Alfombras de camelinas









Son hongos.




Atardecer desde Morelia



lunes, 14 de noviembre de 2022

PARA DESPEDIR A UN AMIGO.



Es para mí un ritual en el mar ver ponerse el sol y despedirme de él cada día. Después de hacerlo por años, el Sol se ha vuelto mi amigo y después de despedirnos no se quiere ir. Entonces incendia de rojos y naranjas y violetas y verdes y azules sus cielos y mis nubes, para prolongar su compañía y recordarme que al día siguiente tenemos otra cita.

Porque nunca he dudado que lo veré mañana, ni cuando triste se oculta tras las nubes grises para irse en silencio, procurando no molestarme con sus cuitas. Entonces yo, queriendo ser discreto, le doy la espalda para evitarle pena.

Otras veces, como niños o como adultos que juegan a niños, antes de despedirnos jugamos a "los escondidos". Se asoma y se pierde detrás de las nubes; yo le sigo el juego, lo veo y no lo veo. Y así jugando se va, encendiendo una vez más de rojos y rosas infinitos sus celestes banderas.

Ése es mi amigo el Sol, del que siempre que puedo me despido cuando se va. Yo sé que nunca faltará, lo que no puedo asegurar de mí.

          

Rogelio Macías Sánchez
Entre 1965 y 1968; muchos años ha.

lunes, 7 de noviembre de 2022

DEL VINO BLANCO.









Es frecuente en algunos estratos sociales del mundo occidental reunirse a tomar vino, sólo o acompañarlo con viandas o entremeses. También se suele platicar del vino, disertar sobre el vino o buscar información. Lo frecuente es hacerlo con el vino rojo o del vino rojo; pocas veces con el blanco y con el rosado es excepcional.



El vino más antiguo del que se tiene noticia, aquel del Cáucaso hace ocho mil años más o menos, era rojo; así lo certifican los estudios químicos de residuos en el fondo de vasijas de arcilla que alguna vez contuvieron vino. Lo mismo es con los vinos de la Mesopotamia y de Egipto, también de miles de años. El vino blanco sólo esta documentado desde hace dos mil quinientos años en Roma, en la Roma rica y elegante; el vino rojo era para el pueblo. Desde entonces y hasta hoy hay vino blanco en todas las latitudes donde se hace vino, los cinco continentes.

Pero la proporción de vinos rojo y blanco que se fabrica y consume en todo el mundo es baja para el vino blanco, particularmente en los países más consumidores de vino, los europeos del sur y el occidente. En México basta entrar a una buena vinatería para darse cuenta que la oferta de vinos blancos es mucho menor que la de rojos.

Vinos blanc de noirs



Ahora bien, a todos nos parece claro que el vino tinto se hace con uvas rojas o negras y el blanco con uvas blancas. Esto es absoluto para los rojos, pero no para los blancos; estos se hacen con la pulpa de uvas negras o blancas, que siempre es blanca o ligeramente amarilla. Es más, algunos vinos blancos, los de color amarillo más intenso, se hacen con pulpa y hollejo de uvas negras; éste último se retira pronto del proceso de fermentación y el vino no sale rojo. Esto da lugar a algunas denominaciones francesas desconcertantes, como vino blanc de blancs o blanc de noirs.

El vino blanco es ligero; su contenido de alcohol no suele ser mayor del doce por ciento y el resveratrol, que está en el hollejo de las uvas negras, brilla por su ausencia, por lo que los efectos benéficos para la circulación sanguínea del corazón y el cerebro no existen.

El vino blanco se consume habitualmente como aperitivo antes de las comidas, con el postre o como bebida refrescante. Es maridado tradicionalmente con la carne blanca y también con ciertos tipos de quesos, particularmente suaves.​ Su consumo también ha sido habitualmente asociado al de pescados y mariscos. Pero bueno, quiero recordar mi postura en este sentido: el maridaje de los vinos es un privilegio totalmente personal y si yo prefiero la carne roja con vino blanco, así debo consumirlo; el gusto del vino es un fenómeno estético, por lo que no hay bueno ni malo ni peor o mejor, sino me gusta o no me gusta o me gusta más que... Y hay que recordar que el champán, el príncipe de los vinos, el que va con todo y siempre, es vino blanco espumoso.