Acerca de mí
- Rogelio Macías Sánchez
- Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022
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jueves, 2 de marzo de 2023
INTERMEZZO 51. ¡DE TRES TEMAS!
lunes, 27 de febrero de 2023
¿ES EL HOMBRE UN ANIMAL MUSICAL?
Si puedes hablar, si puedes pensar, puedes hacer una canción.
Dadie Aime Loh
Parece ser que todos los humanos somos musicales. Hasta los de oído más duro responden a la música fúnebre en un entierro, al jugueteo de una danza popular o con nerviosismo ante la música de una película “de suspenso”. El que esto no suceda, porque no se puedan reconocer las melodías, se llama amusia y es una condición infrecuente del funcionamiento cerebral. La música es universal. Se ha dado y se da en todos los pueblos, con frecuencia como parte importante de la tradición cultural y a pesar de prohibiciones que en ciertos tiempos se han dictado para la música en algunos pueblos. Cambian los estilos y los instrumentos, pero la música está presente.
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| Coro de trabajadores de la Secretaría de Educación Pública, México. |
Lo que es diferente es el papel que la música juega en las sociedades. En las comunidades antiguas y aun ahora en las sociedades no occidentales o no occidentalizadas, la música la hacen todos, como parte del trabajo, en la casa o fuera de ella, para educar a los hijos, convivir en sociedad o con fines religiosos, ya sea que anden persiguiendo ballenas, arrullando a los recién nacidos o comunicándose con el espíritu de los pájaros. En la sociedad occidental, capitalista e industrializada, se festina a los músicos especialmente dotados, pero se silencian todos los demás. Una creciente industria de grabación y venta de sonidos ha convertido a la música en una comodidad de consumo, haciendo de la música social algo fútil.
A pesar de esto, el hombre parece ser un ente musical, pero ¿por qué? ¿Tiene la música una función biológica? ¿Ha tenido que ver la musicalidad con la evolución de nuestra especie?
Si la música es un carácter universal del hombre, su origen debe estar en nuestros cerebros y en nuestros genes. Existe evidencia médica de que así es, pues enfermos que han sufrido una lesión cerebral vascular se han repuesto hasta hablar normalmente y reconocer sonidos del ambiente, pero quedan incapaces de reconocer melodías que antes del evento les eran familiares; quedan con amusia. Algunos son capaces de emocionarse en el momento con el carácter triste o alegre de la música, pero no reconocerla. El caso contrario es el de Vissarion Shebalin, compositor ruso que sufrió de un infarto cerebral que lo privó casi totalmente del lenguaje verbal, pero pudo componer su Quinta Sinfonía. Evidentemente se trató de sitios diferentes del daño cerebral.
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| Madre maya yucateca que arrulla a su bebé Koonex, koonex palenxen... |
Estudios de desarrollo neural de bebés hasta de ocho meses de edad, han demostrado que el niño es más sensible a diferencias de tonos y que puede distinguir entre tonos muy cercanos. Hay quien piensa que todos los bebés de esa edad tienen oído absoluto, es decir, la capacidad de discriminar entre tonos vecinos sin estar en el contexto de una escala. Parece ser que esa habilidad se pierde conforme se madura.
Acerca del papel que la música ha jugado en la evolución de la especie humana o del papel que la evolución ha jugado en el desarrollo de la música, Darwin propone que la música surgió a través de una selección sexual, algo parecido al canto de los pájaros que se da en la época de celo como parte del cortejo. Escribió: “Parece probable que los progenitores del hombre, hombres o mujeres o ambos, antes de adquirir el poder de expresar su amor mutuo en lenguaje articulado, procuraron seducirse con notas musicales y ritmo.” La música sería un elemento de competencia sexual.
Hay otras opiniones. Una de ellas sostiene que la música se originó por su capacidad de promover la cooperación y que ese fenómeno se inicia desde la cuna, con las canciones a dúo que acercan a la madre y al hijo y que persisten mientras el niño necesita ayuda de los padres. Es muy conocido el hecho de que quienes cuidan a los niños, los arrullan y los entretienen con música o por lo menos, con elementos sonoros que tienen muchos elementos de la música. Si esto se aplica a grupos mayores, que juntos cantan, bailan u oyen música, la música puede consolidarlos como un clan, un pueblo o una nación. Hay muchos estudios de psicología experimental que tratan de demostrar los caminos cerebrales para esto, pero su descripción completa está mucho más allá de los alcances de esta entrada.
Una idea muy impactante de los beneficios de la música para la humanidad naciente es aquella que propone a la música como “un campo de juego” para el pensamiento. El hombre tiene la cualidad única de su inmensa flexibilidad mental que le permite hacer abstracciones a partir de objetos externos y concretos, crear ideas a partir de elementos físicos. Ahora entendemos esto muy bien cuando lo analizamos con nuestro lenguaje verbal, pero al parecer hubo, antes de que apareciera el verbo, esa misma creación de ideas que tenían como única expresión la música. Si la música ha sido un lenguaje, es decir, un sistema de símbolos que permiten expresar ideas, lo fue antes que el lenguaje verbal, y seguramente fue indispensable para el desarrollo de este. Existen hallazgos arqueológicos que permiten suponer esto y afirmar que “sin música, quizá nunca hubiéramos sido humanos”.
La música es un aglutinador social. Shostakovich compuso en 1941 una sinfonía que ahora se conoce como la Sinfonía de Leningrado, para estimular el espíritu patriótico y la resistencia de la ciudad al asedio de los nazis, que duró 872 días. Y lo logró: Los nazis nunca entraron a Leningrado. Ahora recomiendo ir a la entrada del 1 de agosto de 2022 donde aparece un gran poema de SOM que describe, con emotividad mayor, los quehaceres y sinsabores de Shostakovich para componer esa pieza suprema de la música heroica.
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| Gibones que cantan a dúo |
Terminaré la entrada diciéndoles que no somos la única especie que hace música. Los gibones, esos pequeños primates, viejos primos nuestros que habitan en el Sureste de Asia, cantan. Sus vocalizaciones reúnen varias de las condiciones que se le piden a una canción nuestra para ser llamada así. Cantan solos, a veces en dueto e inclusive con un coro de fondo.
lunes, 20 de febrero de 2023
DE LA TERCERA SINFONÍA DE MAHLER.
El viernes pasado, 17 de febrero, estuve en la Sala Tlaqná, en Xalapa, en el
concierto de viernes por la noche de la temporada regular de la Orquesta
Sinfónica de Xalapa (OSX); el motivo, la Tercera Sinfonía de
Mahler bajo la dirección del maestro Martin Lebel.
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| Gustav Mahler |
La Tercera Sinfonía
de Gustav Mahler (1860-1911) data de 1896, su mejor época, emocionalmente
hablando. Había superado (o por lo menos así parecía) los conflictos
religiosos, sociales y sentimentales de su juventud y estaba en plenitud
física, laboral y emotiva. Se comía el mundo a puños y su Tercera Sinfonía
es la justa expresión de esa cumbre vital que había alcanzado. La obra es muy
larga, dura cerca de cien minutos, pero apenas caben en ese tiempo tantas ideas y
tanta música; está sobrada de optimismo y de vitalidad sensible y no es
heroica. No es el poema épico de una lucha o una victoria, es el manifiesto de
su enorme suficiencia y de su felicidad a través del amor. Los nombres de los
seis movimientos lo dicen todo: 1. Pan ha despertado, llega el verano (Pan, el
dios Pan, es Mahler, por supuesto), 2. Lo que las flores me dicen, 3. Lo que me
dicen los animales del bosque, 4. Lo que el hombre me dice, 5. Lo que me dicen
los ángeles, 6. Lo que me dice el amor. Vale anotar que estos títulos, con los
que fue estrenada la obra, posteriormente Mahler los retiró y sólo dejó
indicaciones de tiempo y modo.
El primero (Potente
y decidido) es una forma sonata, la más compleja que jamás se haya escrito.
El tema principal es recurrente y dominante, es el dios Pan. Hay un pasaje
melódico a cargo del trombón, verdaderamente inolvidable y el movimiento
completo desborda optimismo por su tiempo y su orquestación, de las más ricas
que se hayan usado en una sinfonía, con gran cargo a los metales, donde se
presenta un coro de nueve cornos. El segundo (Tiempo de minueto) es un
hermoso lied (porque de minueto sólo es el tiempo) de melodías asaz
serenas cuanto hermosas. El tercero (Cómodo y juguetón) es una larga
pieza bucólica cuyo tema principal, muy lírico y romántico, corre a cargo de
una trompeta fuera de escenario, se repite y se repite, permitiendo, entre las
repeticiones, brotes irrefrenables de entusiasmo y euforia. El cuarto (Muy
lento y misterioso) se refiere al hombre mismo, al hombre de Nietzche, al
superhombre “que quiere la eternidad”. Utiliza un texto del propio Nietzche
que canta una mezzosoprano en una melodía larga y
misteriosa. El quinto (Vivaz y con ánimo) vuelve a pedir la voz humana:
un coro femenino, uno infantil y la mezzosoprano, para expresar las complejas
ideas religiosas y trascendentes que Mahler se había hecho en un sincretismo judaico,
católico y esotérico. El texto es de esa antigua colección alemana que se llama
El cuerno mágico del doncel; claramente suena, en la música de Mahler,
extraterreno; alguien diría que celestial. Finalmente, el sexto (Lento,
tranquilo, con expresión) es la apoteosis del amor que, a la usanza
wagneriana, se prolonga enormemente en un éxtasis creciente de intensidad que
parece que nunca terminará; es el amor de Mahler, que nunca terminó. Larga es
la obra y enorme la orquestación, exigiendo los máximos extremos sonoros a los
alientos, la mayor suavidad y emoción a las cuerdas y la potencia y decisión a
las percusiones.
Esa es la Tercera Sinfonía de Mahler, que nos presentó el pasado viernes la OSX. Estuvieron la mezzosoprano Harumi Castro, el Coro infantil del Instituto Superior de Música del Estado de Veracruz, la Sección femenina del Coro de la Universidad Veracruzana y la dirección magistral, sentida, emotiva, perfecta y apasionada del maestro Martin Lebel. La orquesta respondió, entregada a buscar la perfección técnica, obteniendo un resultado final de brillo, emotividad y grandeza extraordinarios.
Al final, aplauso sentido, flores para la solista y primeras damas de la orquesta y nosotros saliendo con una sensación de plenitud espiritual y de identificación total con lo mejor del ser humano: el arte y el amor.
jueves, 16 de febrero de 2023
INTERMEZZO 50. DE AQUÍ, DE ALLÁ Y DE ACULLÁ.
¿Qué es...?










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