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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 6 de mayo de 2024

LA NOVENA SINFONÍA DE BEETHOVEN, HENRIETTE SONTAG Y EL HIMNO NACIONAL MEXICANO.

Henriette Sontag
(1806 - 1854)

La Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven (1770 - 1827), es una de las mayores cumbres estéticas de todos los géneros y todos los tiempos. No es la última obra de su autor, pero data del periodo final de su vida, cuando era totalmente sordo y toda su obra era producto intelectual, sin referencia alguna, para su composición, a los sonidos físicos. No necesitaba de ellos; los tenía siempre en su cerebro. Así compuso esa maravillosa Sinfonía Coral, que traduce a un lenguaje de los legos sus pensamientos y sentimientos más elevados.



Requiere para su presentación de una orquesta grande, pero normal; un coro estándar, cien voces están sobradas, y cuatro cantantes solistas en las tesituras también estándar: soprano, contralto, tenor y barítono. Mejor será la presentación en cuanto los músicos participantes sean mejores y siempre se buscan los más o hasta donde alcance el presupuesto.

La Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven se estrenó en Viena el 7 de mayo de 1824 (mañana se cumplirán 200 años) con una orquesta mixta, la mayor que se conjuntó en la historia para un concierto dirigido por Beethoven. El autor escogió personalmente a los solistas: la soprano alemana Henriette Sontag, de apenas 18 años; la contralto Caroline Unger, de 20 años; Antonio Hanizing y Joseph Seipelt cantaron las partes de tenor y bajo barítono respectivamente. Aunque la dirección estuvo a cargo  de Ignaz Umlauf, Beethoven compartió el podio, lo que generó más problemas que beneficios, como podremos comentar en otra ocasión. Pero el resultado final fue un triunfo de apoteosis en el Teatro de la Corte de Viena, ante dos mil espectadores congregados.

Henriette Sontag fue una soprano alemana que nació en la ciudad de Coblenza en 1806, que desde muy joven se instaló como la mejor soprano del mundo en su tiempo y por largo tiempo. Sus giras, cantando los roles estelares de las óperas italianas entonces en boga, cubrieron todo el mundo de vocación occidental europeísta. Hacia el Oriente, hasta Rusia; hacia el Occidente, hasta los Estados Unidos de América y México. En los años cuarentas y cincuentas del siglo XIX, en nuestro país residían permanentemente compañías completas de ópera italiana; para los años a los que se refiere esta entrega residía una compañía dirigida por el maestro Giovanni Bottesini.

Los primeros años de la independencia mexicana fueron muy tormentosos y difíciles y fue hasta el año de 1853 cuando se hizo una convocatoria formal para la composición del texto de un himno nacional. La hizo el entonces presidente Antonio López de Santa Anna. El ganador fue un poeta potosino, Francisco González Bocanegra, de entonces sólo 29 años de edad. En febrero de 1854 se aprobó el premio y se le pidió al maestro Giovanni Bottesini que, lo más pronto posible,  hiciera la música. Pronto la completó, pero no era gran cosa.

Ese estreno del Himno Nacional Mexicano se programó para el 17 de mayo de 1854 con el coro y la orquesta de la compañía de opera italiana que era residente en México, el tenor Lorenzo Sarvi y se decidió invitar a "la mejor soprano del mundo: Henriette Sontag" como la solista mujer. Enriqueta Sontag (que así la llamaban en México las fuentes informativas) llegó a México en el mes de abril y participó en el estreno del Himno Nacional Mexicano cuando tenía 48 años de edad.

Después de la apoteótica función de estreno, los festejos para Enriqueta se prolongaron varios días, paseándola por diferentes barrios y suburbios de la ciudad. Durante un paseo por Tlalpan se iniciaron síntomas de cólera; le recomendaron reposo, pero después de seis días de horrible agonía falleció el 18 de junio. Las honras fúnebres se realizaron en la iglesia del convento de San Fernando, en cuyo panteón fue sepultada. Años después sus restos fueron trasladados a Alemania.

Meses después de este estreno, se decidió remplazar la música de Bottessini por la de Jaime Nunó, artista de origen catalán que Santa Anna había conocido en Cuba. Esta nueva versión, a la que se consideró como definitiva, y lo ha sido, se presentó el 15 de septiembre de 1854. La dirección estuvo a cargo del mismo Bottessini, la soprano fue Claudia Florentini y el tenor Lorenzo Sarvi.

Todo un novelón de extranjerismo ¿no?

lunes, 29 de abril de 2024

"VERDE QUE TE QUIERO VERDE"




Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura,
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con los ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

                       *

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
Pero ¿quién vendrá? ¿Y por dónde?…
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
—Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
—Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
—Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
—Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
—Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas;
—¡Dejadme subir! dejadme
hasta las verdes barandas,
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

                          *

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

                           *

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime,
dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

                            *

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña


                                   Romancero gitano, 1928





 


jueves, 25 de abril de 2024

INTERMEZZO 78. CRÓNICA FOTOGRÁFICA Y VEGETAL DE UNA CAMINATA CORTA.





Saliendo de casa, 

11:35 










Flores, verdes y secos coinciden, como entre los humanos coinciden los buenos, los malos  y los feos.

11:36






          Aún en la colonia...

                  11:44













Lindero de la colonia y la selva - bosque.

11:50





















Plenamente en la selva - bosque

                     11:52





























11:55














                             11:56






















         11:58
















                                    
                            11:59
















          12:00








Como dijo aquel norteamericano sorprendido de México:

"Mi no entender"


                                           12:03



   












                12:05










          La bungavilia de cuatro ojos

                           12:07
                 
   








                   12:08















            12:11







               
                  12:14
 
De regreso en la colonia.      12:20 
    

lunes, 22 de abril de 2024

DE LA OCTAVA SINFONÍA DE MAHLER, LLAMADA "DE LOS MIL"

Gustav Mahler
(1860 - 1911


El pasado viernes 19 de abril regresamos a la Sala Tlaqná, esa hermosas catedral de la música en Xalapa, residencia oficial de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, para estar en una función más de la actual temporada, presidiendo y oficiando como director el maestro Martin Lebel para ofrecernos la Octava Sinfonía de Gustav Mahler, llamada "De los mil". Con este nombre se quiere dar a entender que se necesitan mil intérpretes para ejecutarla, entre solistas, instrumentistas y coro. Sólo el día del estreno en 1910, bajo la dirección del autor, se ha puesto la obra con tantos músicos.



Requiere de una orquesta grande, de más de cien instrumentistas, de un coro más grande, unos doscientos cincuenta entre adultos y niños cantores, ocho solistas cantantes y un director. Como se ve, son bastantes menos de mil. La Octava Sinfonía no es la más larga de Mahler, pues lo son más, y por mucho, la Segunda y la Tercera. Pero es una sinfonía gigantesca, que representa la mayor expresión del muy particular misticismo cristiano de su autor.

Mahler fue un católico por convicción, judío converso y estudioso de la teología, que tenía una interpretación muy particular de su religión, un verdadero sincretismo de elementos míticos egipcios, griegos y cristianos, aunados a la convicción de que el pensamiento humano es el centro mismo de cada ser.

La Octava Sinfonía de Mahler es de una gran ambición ideológica, pues en su programa integra, en la primera parte, el himno cristiano de Hrabanus Maurus Veni Creator Spiritus, que resume la experiencia cristiana de la fe, como no se ha vuelto a tener. Dos fragmentos de tal himno latino, dicen así:

 

Ven, Espíritu Creador,

visita las mentes de tus fieles,

llena de tu celeste gracia

los pechos que tu has creado

 

Lleva luz a los sentidos,

llena de amor los corazones,

ven, Espíritu Creador

a quien Paráclito llamamos,

don del Altísimo Dios

 

En la segunda parte, escoge su propia visión de la condición cristiana, y para ello toma el texto de la escena final de la segunda parte del Fausto de Goethe, que describe el ascenso del alma de Fausto al cielo. En ella, el alma pecadora es redimida por el amor y la intercesión de las mujeres. El amor de una penitente, en otro tiempo llamada Margarita; el amor de María Egipciaca, la prostituta de Alejandría a la que el mando divino le prohibió la entrada al templo hasta que ella lo suplicó a la Virgen María. Después vivió cuarenta años en el desierto haciendo penitencia; el amor de la mujer samaritana y el amor de María Magdalena, la gran pecadora. Pero todo porque lo ordena la Gran Consoladora, la Madre Gloriosa, síntesis goethiana y mahleriana de la Isis de Egipto y la Virgen María, el Eterno Femenino. Pero al fin y al cabo, el amor generador y creador: Eros.

La Octava de Mahler fue concebida como una sinfonía, pero puede llamarse oratorio si el público que la escucha en vivo participa de la mística emoción de la redención humana. La segunda parte está tan próxima a la ópera como jamás lo estuvo el compositor. Hay personajes, arias, un libreto y coros. La Octava es la síntesis de la música de Mahler. Proclama su ideal existencial: la unicidad del arte y de la revelación mística.

La Octava es la única sinfonía totalmente coral de Mahler. Las voces la impregnan desde el principio hasta el final. En cierto sentido es una pieza conservadora. Toda ella es contrapuntística, lo que hace volver los ojos a los viejos oratorios barrocos; y el contrapunto del primer movimiento combina las melodías de un modo más tradicional que el "contrapunto disonante" típico de Mahler. Todo él parece un tributo a los grandes motetes de Bach, una vigorosa celebración del barroco, como Mahler volvía a imaginarlo en 1906.

El segundo movimiento refleja un pasado más reciente: se refiere a las óperas de Wagner, pero es completamente mahleriano, en su estilo como en su estética. La Octava desencadena torrentes de sonido y es parte del intento estético de Mahler de incorporar su himno al poder redentor del amor en sonoridades de dimensiones apropiadas.

El estreno de la Octava ocurrió el 12 de septiembre de 1910, en Munich. Asistieron, entre tres mil espectadores, Arnold Schoenberg, Otto Klemperer, Anton Webern, Sigfried Wagner (hijo de Richard), Felix Weingartner, Leopold Stokowski, Stefan Zweig, Max Reinhardt, Thomas Mann, el príncipe de Baviera, el rey de Bélgica y Henry Ford. En sus memorias sobre su marido, Alma Mahler recordaba esta fecha:

Alma Mahler
(1879 - 1964)





“El último ensayo provocó un entusiasmo delirante, pero no fue nada con el estreno mismo. Todo el público se puso de pie tan pronto como Mahler ocupó su lugar ante el atril del director; el silencio sin aliento que siguió a continuación fue el homenaje más impresionante que pudo brindarse a un artista... Y luego Mahler, dios o demonio, convirtió esos tremendos volúmenes de fuentes de luz. La experiencia fue indescriptible.”




Si Alma Mahler no pudo describir la música de la Octava Sinfonía, ¿como podría yo intentarlo?


                                                . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


Ahora bien, a fuer de ser sincero, a mi no me gusta la Octava Sinfonía de Mahler. La siento de “mucho ruido y pocas nueces” y poco original desde el punto de vista musical, que no ideológico.


 

lunes, 15 de abril de 2024

MÁS ANÉCDOTAS DEL VINO.


Hugh Johnson's Pocket Wine Book 2023 By Rand, Margaret Hardback Book
















Dice Hugh Johnson, un gran historiador del vino, que el viticultor es  “agricultor y artista, esclavo y soñador, hedonista y masoquista, alquimista y contable”, y habría que añadir que es continuador de una tradición que se pierde en la historia de los tiempos. Así ha sido siempre.





Testigo del paso del tiempo, el vino ha protagonizado conflictos internacionales, avances en la ciencia, en la economía y en el comercio, y por supuesto, momentos de placer absoluto e indescriptible, suculentas anécdotas y sucesos históricos.

Té, chocolate y café.

Vayamos a las anécdotas de hoy:

1. Agua, té y chocolate. Tiempos difíciles para el vino
En el siglo XVII el vino era la bebida más higiénica y se podía almacenar. El agua potable apenas llegaba a las ciudades, los licores no existían ni el café. Los europeos vivían la era dorada del vino.


En el siglo siguiente, la potabilización del agua en las grandes ciudades, el boom en la elaboración de destilados y la llegada de novedades desde continentes lejanos como el café, el té y el chocolate, relegaron al vino a una posición en el olvido por casi un siglo.


Viñedos ahora en Chipre.



2. El primer “Mundial” de vinos
Vayamos ahora a la  Edad Media del siglo XIII. El comercio de lana y vino había creado verdaderas fortunas entre los ávidos negociantes de Flandes, Alemania, Francia e Inglaterra y se celebraron las primeras ferias internacionales en la Champagne.



En este contexto, en el año 1224, Luis VIII, rey de Francia, tuvo la ocurrencia de celebrar la primera “batalla de los vinos”. Una especie de "mundial del vino", en el que participaron más de 70 países y regiones vinícolas, incluidas las más renombradas regiones francesas.
¿El ganador?… ¡Chipre!


Vitis vinifera mexicana


3. ¿Víctor o Victoria? El género de la vitis vinifera.

La especie vitis vinífera tiene tres primas lejanas: La vitis rupestris, la vitis riparia y la vitis aestivalis. De las cuatro, sólo la vinífera es apta para el cultivo y su posterior vinificación. ¿Por qué?
Primeramente, porque ninguna de las otras es capaz de acumular el azúcar necesario (hasta un tercio de su volumen) ni de generar la acidez suficiente y adecuada. Para ello la vitis vinifera debe cultivarse en latitudes moderadamente cálidas, que se extienden desde las orillas del mar Caspio en el este del continente, hasta la Europa occidental.
Pero vamos a lo que nos ocupa: el género de la vid. Como otras plantas, la vid silvestre, la no cultivada, produce flores masculinas o femeninas pero en muy escasas ocasiones conviven ambos géneros en la misma cepa. De modo que las plantas femeninas solo darán fruto si otra planta masculina les proporciona el polen.
Las plantas masculinas siempre son estériles y por ello los agricultores las desecharon. Así, con el paso del tiempo las otrora productivas vides femeninas acabaron tornándose también estériles, ya que no existía macho que las fecundara.
De modo que el buen vino que disfrutamos hoy se obtiene del fruto ¡de vides hermafroditas!


Hasta aquí el día de hoy; ya habrá más anécdotas.