Acerca de mí

Mi foto
Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

Seguidores

Archivo del Blog

lunes, 26 de septiembre de 2022

EL MITO DE "EL ANILLO DEL NIBELUNGO". 1

Las Eddas, en prosa,
en una publicación de 1668







Se llama mito a un relato fabuloso que se supone acontecido en un tiempo remoto y casi siempre impreciso. Los mitos suelen referirse a grandes hechos heroicos que, con frecuencia, son considerados como el fundamento y el comienzo de la historia de una comunidad o del género humano en general. La mitología es la recopilación de los mitos de un pueblo.



La mitología de los germanos fue elaborada en los primeros doce siglos de nuestra era y recopilada por un islandés anónimo del siglo XIII en una colección de poemas conocidos como Eddas, que contienen un poema cosmológico llamado Voluspá seguido de otros que se refieren a los dioses y a los héroes. La otra fuente y a su vez producto de la mitología germánica es el Cantar de los Nibelungos, epopeya popular recopilada en el siglo XII, en la que se relata la historia de Sigfrido: su origen, su casamiento, sus hechos heroicos, su asesinato, la venganza de su viuda y la destrucción del reino de los burgundios por los hunos.

Richard Wagner (1813 - 1873)

Una primera lectura de las Eddas y del Cantar de los Nibelungos deja más confusión que conocimiento, pues son infinidad de hechos y protagonistas, repetidos en muy distintas versiones, con diversos nombres para los mismos personajes y mezclado todo en un tiempo tan confuso y antiguo que no permite crear cronología alguna. Richard Wagner tomó toda esa mitología, la ordenó como el creyó que debió ser, editó los hechos y los personajes conforme a sus ideas sociales y nos heredó la versión moderna de la mitología germánica, que es la que nos ha permitido, a muchos germanos y no germanos, conocerla. Wagner no agregó ni un hecho ni un personaje; solamente hizo el poema que habría de usar para esa creación magna del genio humano: El Anillo del Nibelungo, festival escénico en un prólogo y tres jornadas.

El oro del Rin

 

En el prólogo, que lleva el nombre de El Oro del Rin, todo es fantástico y no actúa ser humano alguno. Aparece el fondo del legendario río, donde sus tres hijas custodian la roca que contiene el mágico tesoro del oro del Rin. Alberico, nibelungo, del imperio de las sombras, feo y deforme pero astuto, roba el mágico tesoro, renunciando con ello al amor.

Aparecen las montañas donde destaca el Walhalla, suntuosa residencia que han mandado construir los dioses, prometiendo como pago a Freia, diosa de la juventud. Wotan, el padre de los dioses, se niega a reconocer la deuda, y los gigantes constructores aceptan trocarla por todo el oro del Rhin y el mágico anillo que con él se fabrica. Los dioses deberán quitárselo a Alberico.

Los dioses descienden al antro de los nibelungos, donde Alberico tiene como esclavos a múltiples enanos y a su hermano Mime. Con engaños y traiciones los dioses le roban el oro y el anillo que da infinitos poderes, así como el tarnhelm, yelmo de malla que puede volver invisible a su poseedor o cambiarlo en cualquier otro ser. Todo lo entregan a los gigantes Fasolt y Fafner. Éste mata a su hermano, disputando por el anillo y se retira con todo el tesoro, solo desdeñando una espada. Los dioses sienten que su destino esta amenazado, pero deciden ocupar su palacio. Donner, dios del trueno, provoca una tempestad y después de ella, por el arco iris que aparece, ascienden al Walhalla.

La valkiria



En la primera jornada, que por nombre lleva La Valkiria, ocurre el encuentro amoroso de dos hermanos gemelos, Sigmundo y Siglinda, hijos del dios Wotan y una mortal. Siglinda ha sido obligada a ser la esposa de Hunding, un rudo cazador, a quien adormece para huir con Sigmundo después que este ha logrado arrancar la espada mágica, la Nothung, que estaba destinada para el héroe que habría de asegurar para los dioses el poder del mundo.

 

 Las valkirias, hijas de Wotan y de Erda, diosa de la tierra, son las encargadas de llevar al Walhalla a los héroes caídos en la lucha. Brunhilda, la favorita de su padre, es enviada a ayudar a Sigmundo, perseguido por Hunding; pero Fricka, esposa de Wotan y diosa defensora del derecho conyugal, exige que Sigmundo sea vencido. Brunhilda se propone defender a Sigmundo, pero Wotan, acosado por su esposa, hace que éste muera. La espada de Sigmundo queda rota y Siglinda huye protegida por Brunhilda.

A la roca de las Walkirias, en la cima de una montaña, llegan Brunhilda y Siglinda, para quien Brunhilda pide protección a sus hermanas, pero estas temen la cólera de Wotan. Brunhilda hace que huya Siglinda, anunciándole que está encinta de un hijo que se llamará Sigfrido, quien será el héroe que matará al dragón que cuida el Anillo maldito. Wotan, en un diálogo de sentimientos encontrados, le reprocha a la hija la desobediencia y esta le responde que hizo lo que en el fondo Wotan quería que se hiciera. Wotan lo entiende, pero Brunhilda debe ser castigada. Quedará en un sueño profundo y será despertada por un héroe que no conocerá el miedo. El cuerpo durmiente de Brunhilda queda envuelto en una muralla de llamas.

Sigfrido enfrenta al dragón

La segunda jornada, que se llama Sigfrido, continúa la historia de la Walkiria veinte años después. Siglinda murió al nacer Sigfrido y como herencia le dejó los pedazos de la espada de su padre. Sigfrido se ha criado con el enano Mime, hermano de Alberico, y es un joven vigoroso e insolente que no conoce el miedo. Mime, que es herrero, no ha logrado unir los pedazos de la espada de Sigfrido con la cual podría vencer a Fafner, transformado en un terrible dragón que cuida la caverna del anillo. Sigfrido funde la espada y a golpe de martillo la forma y tiempla. Jubiloso, blande la Nothung y se encamina al bosque, mientras Mime prepara un brebaje para matarlo en cuanto tenga el anillo.

En el bosque, a la sombra de un tilo, Sigfrido escucha los mágicos murmullos de la floresta y el canto de los pájaros. Se siente extasiado, pero no entiende su lenguaje. Los llamados con su cuerno de caza atraen al dragón, a quien vence en titánica lucha hundiendo su espada en el corazón de Fafner. Al sacar la espada, la ardiente sangre le moja un dedo que el se lleva a la boca. En ese momento Sigfrido comprende el lenguaje de los pájaros. Uno le aconseja entrar a la caverna, apoderarse del yelmo mágico y del anillo. Avisado por el pájaro de la estratagema de Mime, pronto lo mata. A poco, el canto del pájaro le dice de la roca donde duerme Brunhilda y le muestra el camino.

Erda, la diosa de la Tierra, le anuncia a Wotan que se acerca el ocaso de los dioses, los cuales deben dar lugar a la humanidad triunfante, la de Sigfrido y Brunhilda. Sigfrido llega a la roca y cuando Wotan quiere impedir su paso, le rompe su báculo y el padre de los dioses desaparece para siempre. Sigfrido avanza a través de las llamas. Surge el día y con tímida emoción besa en los labios a Brunhilda que despierta. Ha dejado de ser valkiria para convertirse en mujer y, rendida, caer en los brazos de su esposo.
El ocaso de los dioses


La última jornada es El Ocaso de los Dioses. Las Nornas, hermanas del destino, anuncian el fin de la era de los dioses. Mientras tanto, en la roca de las valkirias, Brunhilda y Sigfrido se juran fidelidad eterna. Sigfrido le entrega el Anillo a Brunhilda y esta le da su corcel favorito y su armadura. Se despiden, pues Sigfrido viaja al Rhin, al castillo de los Gibichungos, cuyos reyes, Gunther y su hermana Gutruna, se han aliado con Hagen, hijo de Alberico, para tomar el anillo y el Oro del Rhin. Gutruna le ofrece a Sigfrido una bebida mágica que lo hace olvidar a Brunhilda y enamorarse de Gutruna. Gunther quiere conquistar a Brunhilda y Sigfrido se la promete si Gutruna se casa con él. Con ayuda del yelmo mágico, Sigfrido se transforma en Gunther y va a la roca en busca de Brunhilda, a quien arrebata el anillo.

Al regresar al castillo de los Gibichungos, Alberico y Hagen conjuran para tener el anillo y este se dispone a preparar la doble boda, Gunther con Brunhilda y Sigfrido con Gutruna. Al llegar Brunhilda y Sigfrido todavía bajo los efectos del brebaje del olvido, le pide explicaciones. Sigfrido la desprecia y ella lo acusa de traidor. Hagen promete vengarla y organizará una cacería en la que se atribuirá la muerte de Sigfrido a un jabalí.

En un valle cerca del río las hijas del Rin se recrean y se lamentan de la pérdida de su tesoro. Llega Sigfrido que se encanta con su gracia y belleza. Le piden el anillo y él se burla de ellas. Las ninfas lo amenazan y le anuncian su próxima muerte. Hagen y los cazadores se unen a Sigfrido, y antes de matarlo le ofrecen una bebida para que recobre la memoria. Con la lanza clavada por la espalda Sigfrido expira, enviando un supremo adiós a su bien amada Brunhilda. Un cortejo fúnebre conduce el cuerpo del héroe muerto a la sala del castillo de Gunther, donde Gutruna cae abrazando el cuerpo de su esposo. En la disputa por el anillo Hagen mata a Gunther y cuando el asesino se aproxima al cadáver para apoderarse de la joya fatal, el brazo de Sigfrido se levanta en solemne amenaza. Termina la tragedia con la inmolación de Brunhilda en la pira funeral de Sigfrido. Toma una antorcha, enciende la hoguera, salta sobre su caballo y se lanza en medio de las llamas. Como una visión, el cielo se incendia y el Walhalla se desploma en el horror grandioso de un océano de fuego. El oro y el anillo maldito regresan al río y la tierra es entregada a los hombres.





jueves, 22 de septiembre de 2022

INTERMEZZO 42. HOJAS DE LA VEGETALIA VERACRUZANA.





Recién que me cambié a las Tierras Altas de Veracruz hace cuatro meses, me contactó una amiga que tampoco es de aquí pero recién había visitado el estado. Me confesó: Lo que más me impresionó de Veracruz fue lo verde y la comida. Tal afirmación la he vuelto a escuchar de un par de personas, también inmigrantes. Yo la comparto, pero le agregaría el agua. No me atrevo a hacer una entrada en este blog sobre la comida, pero sí sobre el agua y lo verde, color que le dan las hojas de su vegetalia.



Lo verde de Veracruz lo dan sus bosques, sus selvas y sus jardines. Lo verde son las hojas, que multiplican por millones a las flores que podrían dar otros colores. Las ciudades y los pueblos no revierten el verdor, son verdes. Van imágenes de la verde Veracruz.







            


               Desde salir de casa...





































No todas las hojas son verdes...







... pero los paisajes, sí.













































































































































































Verde, que te quiero verde...



lunes, 19 de septiembre de 2022

PASADO, PRESENTE Y FUTURO DEL VINO EN CHINA.

Estandarte de Ur,  Mesopotamia. Tablero sumerio de 5,000 años de antigüedad.
Representa la paz y muestra un brindis con vino, el más antiguo que se conserva.

Los primeros testimonios fidedignos que tenemos del vino y la vinicultura por el género humano datan de unos ocho mil años y se reconocen en el Cáucaso, esa región donde coinciden Europa y Asia  y que ahora ocupan Georgia y Armenia. De una industria vitivinícola formal, el primer testimonio es de mil años después, en la Mesopotamia, en el terreno de la antigua Persia, ahora el país islámico Irán. Ahí el testimonio fue escrito por los sumerios en tablillas de barro y escritura cuneiforme. Hace cinco mil años, el arte e industria de hacer vino en grandes cantidades se dio en Egipto y por mucho tiempo, miles de años. El vino en Europa, a través de Grecia y Roma es muy posterior. Los caminos de esta expansión son conocidos y entendidos y de algunos de ellos he dicho en entradas previas de este blog.




De la vinicultura en China se sabe que existe desde hace unos cuatro mil años, pero nadie se atreve a sugerir los caminos por los que llegó a ese Extremo Oriente y es posible que no haya llegado de lugar ni por ruta alguna, sino que haya sido nativo, como sucedió en el Cáucaso. Pero el hecho es que, desde entonces, los chinos tienen vino y lo consumen y disfrutan de los mismos modos que lo hacemos los occidentales.

Monumento en la montaña a Mao Zedong,
 joven, en su provincia natal en China








Una pregunta a la que no he encontrado respuesta es si el consumo de vino en China estuvo prohibido o por lo menos limitado durante el régimen de Mao Zedong (1949 - 1976), que tuvo tintes nacionalistas extremos.



Vinos chinos actuales en el comercio




A partir de la muerte del caudillo, las relaciones políticas y económicas entre el Occidente y China se abrieron en los dos sentidos; todo lo que se puede se le vende a China y China nos vende todo, porque ahora todo se hace en China. Los franceses, españoles, chilenos y argentinos se han apresurado a vender grandes cantidades de vino a China y ha sido exitoso su mercado. Pero los chinos, que son casi dos mil millones en un terreno casi infinito, han crecido notablemente su industria vitivinícola y amenazan con invadir el mundo entero con sus vinos. Yo los probaré con gusto; estoy seguro que los hay buenos.

Li Po (699 - 762)





En todos los países en que se hace y bebe vino, se ha hecho poesía alusiva, desde siempre y hasta ahora; este blog es testigo de ello. Cierro esta entrada con una poesía  de Li Po, que sobresalió en la época de mayor esplendor de las letras chinas. Bohemio, gran bebedor y desordenado, fue amante de la naturaleza, buen músico y parece que pendenciero. Murió una noche cuando iba en una barca sobre el río Yang Tse; borracho, quiso alcanzar la luna que se reflejaba.






Una jarra de vino entre las flores,
No hay ningún camarada para beber conmigo,
Pero invito a la luna 
Y, contando a mi sombra, somos tres...
Más la luna no bebe 
Mi sombra se contenta con seguirme,
Tardaré poco en separarme de ella;
¡La primavera es tiempo de alegría!

Si es la vida un gran sueño,
¿Para que atormentarse?
Yo bebo todo el día.
Cuando me tambaleo,
Me duermo al pie de las columnas,
Despierto bajo el sol;
Oigo cantar un pájaro oculto entre las flores.
¿Qué hora será?
El viento de la primavera
Difunde la canción del ruiseñor,
Me siento conmovido y pronto a suspirar,
Más me sirvo otra copa.
Y canto yo también como los pájaros.
Cuando la noche llega a relevar al sol,
Se agotan mis canciones,
mas he perdido ya de nuevo
la sensación de lo que me rodea.

¡Qué corto es el día!
y aún cien años son nada.
El firmamento azul asciende al infinito,
y el tiempo es sólo una lucha eterna con los elementos.
Maku, reina de los inmortales, ostenta sus eternos moños,
Pero en ellos abundan los cabellos de nieve.
Y el rey del cielo, al ver a las vírgenes de jade,
ríe a carcajadas mil, diez millones de veces.
Y yo intento enganchar los seis dragones 
al carro solitario para subir a Oriente.
E invitaré a los dragones a beber exquisito vino
en la Osa Mayor, inmensa copa,
no busco la riqueza, no busco los honores;
puesto que soy mortal sólo pretendo vivir en juventud.




lunes, 12 de septiembre de 2022

DEL PÚBLICO DE LA MÚSICA.

Rembrandt van Rijn
La ronda nocturna (1642)



En ocasiones, cuando comento algún evento musical, hablo del público y lo critico. Es que el público forma parte de la obra misma. Como en todas las artes, para que se dé el fenómeno estético, se requiere del público; sin él, no hay arte.




Si nadie hubiera visto la Piedad de Miguel Ángel, el Partenón en Atenas o La ronda nocturna de Rembrandt, tales piezas no existirían como obras de arte. Es más, si no hubieran rebasado un ámbito familiar, tampoco lo serían. Y visto desde el punto de vista opuesto, para un individuo no existe una obra de arte si no la conoce, aunque el resto del mundo sí. Para que exista la obra de arte deberá haber un emisor, el artista, y un receptor, el público, escaso o numeroso, en quien incida el mensaje estético. Entonces resulta que hay tantas obras de arte como público que se expone a ellas, pues cada uno recoge, analiza e interpreta el mensaje de modo distinto. Hay tantas Giocondas de Leonardo da Vinci y paisajes bucólicos de José María Velasco como personas los hayan visto.


La música, como el teatro y la danza, es más compleja, pues requiere de un intérprete, un intermediario que tome el mensaje del autor y lo lleve al público. Este intermediario le pone lo suyo a la obra, con el resultado de que el número de Quintas Sinfonías de Beethoven es el producto de multiplicar el número de oyentes por el número de intérpretes, sin tomar en cuenta que el mismo oyente e intérprete harán de la misma obra de Beethoven, una distinta cada día, pues su estado de ánimo, tan importante al afinar la sensibilidad, es distinto cada día. Así de complejos somos los humanos.


Juzgar a una obra musical es difícil, pues hay que considerar a todos los hechores, incluyéndose a uno mismo y, exceptuando a la música programática, el mensaje que cada uno recibirá será diferente. Juzgar a un intérprete, solitario o múltiple, tampoco es fácil, pues salvo desafinaciones o destiempos muy obvios, que van claramente en contra de lo prescrito, solemos calificar como buen intérprete a aquel que nos hace llegar el mensaje del autor con un sentimiento parecido al nuestro y malo al que tiene un sentimiento diferente.

Calificar al público no es posible, entre otras cosas, por el concepto plural que su nombre indica. El público nunca se equivoca. En todo caso, la reacción de una mayoría del público estuvo de acuerdo con la mía o fue diferente, pero si yo la juzgo mala, igual derecho tiene cualquiera del público de calificar mi gusto como malo. Es cierto que hay públicos más conocedores que otros, porque han oído más, y es de esperar que estos públicos puedan establecer un número mayor de comparaciones para, como grupo, calificar una obra musical o a un intérprete; pero el público nunca está equivocado.

Puede pedirse a un público una apertura de espíritu, es decir, que esté dispuesto a escuchar, con atención crítica, a todos los autores e intérpretes que se le ofrezcan, para después de ello, juzgarlos con conocimiento de causa. Debe pedírsele que sea respetuoso de los intérpretes, del resto del público y de sí mismo, permitiendo que, sin distracciones, cada uno reciba la obra. Se le puede pedir, también, que sea congruente en su reconocimiento; que no aplauda por rutina si no le gustó, pero que no sea tacaño con sus aplausos si la pieza fue de su agrado. El público no se equivoca, pero esa infalibilidad debe ser responsable, pues un buen público genera un arte mejor.

El público es artista también y, como los autores y los intérpretes, tiene la responsabilidad de hacer bien su papel.

jueves, 8 de septiembre de 2022

INTERMEZZO 41. NUEVA VEGETALIA DESDE VERACRUZ.









Saliendo de casa, a caminar por ahí, a ver si llego al pueblo...
















































































































A la mitad del camino.

















































No es flor, es sólo una pluma...





































Llegué al fin, para saludar al Citlaltepetl
desde la calle principal de mi pueblo.
Salud...

lunes, 5 de septiembre de 2022

DIOS Y EL DIABLO EN NUESTROS CEREBROS.


Dr. Isaac Costero (1903 - 1980)










"Hay un único lugar en el Universo donde coinciden en armonía Dios y el Diablo: el HIPOTÁLAMO."

Dr. Isaac Costero Tudanca





Primero diré del doctor Costero, después del hipotálamo y finalmente de la su frase que encabeza esta entrada.

El doctor Isaac Costero fue un médico español especialista en patología, educado en los mejores niveles mundiales de entonces para esa especialidad (Alemania) y colaborador muy estrecho del doctor Pío del Río Ortega, que es la figura más destacada de la llamada Escuela Histológica Española, que giró alrededor de Don Santiago Ramón y Cajal. Su especialidad, la histología y patología del sistema nervioso. Sus conceptos de entonces siguen siendo vigentes, aunque ampliados con las modernas técnicas de investigación al respecto.
Por razones de sus ideas políticas, republicanas y democráticas, el doctor Costero se exilió en México en 1939; desde entonces y bajo su guía, se formó la moderna escuela de patología en México, que alcanza niveles de proyección internacional.

Para fines de esta entrada he de decirles que el doctor Isaac Costero fue mi maestro de Anatomía Patológica en el tercer año de la carrera de médico cirujano en la entonces Escuela de Medicina de la UNAM; fue en el año de 1956. En su clase escuché la oración que encabeza esta entrada y siempre la tengo presente; suelo trasladarla a mis alumnos, pues me parece que integra, en una sola frase, un concepto genial.



Del hipotálamo ya dije en este blog, en la entrada del 28 de febrero de este año. Es un complejo conjunto de micronúcleos nerviosos que se encuentra por debajo del tálamo, gran conjunto nuclear del cerebro que es el verdadero secretario particular de la corteza cerebral. Por debajo y adelante de este gran núcleo, el de mayor contenido de neuronas en el sistema nervioso, se encuentra el hipotálamo, pequeñito como una uva, pero también muy celular. Característica especial es que muchas de sus neuronas emiten señales eléctricas, nerviosas; otras, también muchas, lo que generan son hormonas, es decir, también es una glándula endócrina, cuyas acciones se ejercen sobre la hipófisis, que mucho tiempo ha sido considerada la matriarca todopoderosa del sistema endócrino, el de las hormonas. Resulta que esta depende del hipotálamo.

Ahora bien, hipotálamo e hipófisis constituyen una unidad funcional, un verdadero sistema autónomo que no depende de voluntad ajena alguna y que maneja dos grandes funciones: la homeostasis y las emociones. La homeostasis es el equilibrio interno de la química de nuestro organismo; las emociones, son las emociones..., complejo funcional inexcusable en la especie humana, tanto como incomprendido.
Las dos funciones corren a cargo de los dos sistemas, pero el endócrino se encarga más de la homeostasis, de la supervivencia, y el nervioso de las emociones, con todos sus intríngulis. Y aquí es donde entran Dios y el Diablo.



Decía el doctor Costero que Dios es el sistema endócrino del hipotálamo, cálido y luminoso, de actuar inmediato, rápido y oportuno ante crisis que comprometan la vida o la integridad del sujeto, siempre en lucha por salir adelante; puede fallar, pero entonces él mismo muere en la lucha.
El sistema nervioso del hipotálamo es el Diablo, frío, calculador, distante, lento e intrigante, que puede dejar morir o el mismo matar a su poseído. Es inmortal. 
Y cada uno de nosotros tenemos a los dos en nuestro hipotálamo y ellos allá arriba la llevan bien. Mientras no haya motivo de discordia entre la homeostasis y el sentimiento, entre nuestra química interna y las emociónes, Dios y el Diablo conviven en paz.

Así lo veía el doctor Isaac Costero entonces y yo también, entonces y ahora. Hasta la próxima.