... frente a un hermoso rascacielos en Chicago.
Muelle en Rosarito, Baja California, México
Leyendo el periódico en Colima.
Aprendiendo de los mayores...
Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México.
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| Gaetano Gandolfi Caín matando a Abel (ca. 1620) |
| Teatro del Festival de Bayreuth, donde se estrenó en agosto de 1876 El Anillo del Nibelungo. |
En la entrega anterior escribí sobre “El mito del Anillo del Nibelungo”; hoy lo haré sobre la música para ese mito. Me referiré a la Tetralogía de Richard Wagner, obra cósmica que el maestro de Bayreuth entregó a la fascinación de los hombres, cuestionando y enriqueciendo el lenguaje musical y el dramático.
El conocimiento del argumento, que es tal como lo escribí la semana pasada, se presta a interpretaciones diversas que dependen de las posturas sociales o políticas de quienes lo analizan. Así, George Bernard Shaw vio en El Anillo la cristalización dramática y musical de los postulados comunistas, con el derrocamiento de los corruptos y decadentes capitalistas y la toma del poder por el pueblo. Los nacionalsocialistas alemanes del segundo cuarto del siglo XX lo interpretaron como la evidencia del destino manifiesto de la raza aria, pura, descendiente de los dioses y superior. Wagner nunca manifestó un programa político o social de El Anillo, pero es claro que esta obra no se pudo hacer antes de la Revolución Industrial de principios del siglo XIX. Trata de la lucha de una raza de hombres, nacida de los dioses, que sacrificando a los mejores de los suyos se alza victoriosa y toma el poder sobre la tierra. La obra puede parecer subversiva y lo es.
Ese pensamiento, puesto en un marco de poesía medieval alemana, se desarrolla durante casi quince horas a través de un fluido continuo musical, fluido y continuo a pesar de que necesitó veinticinco años para completarse.
Musicalmente, El Anillo tiene muy pocas deudas; su originalidad es abrumadora y desde el empleo de la voz (declamativa, mitad recitativo, mitad arioso y estrictamente silábica) a la ausencia de arias convencionales, desde la trama notable de leitmotiven (“motivos conductores” descriptivos o sugerentes, rítmicos, melódicos o armónicos, que regulan tanto la estructura dramática como la musical) hasta su mensaje poético y filosófico, todo es aporte novedoso a la música del siglo XIX. El flujo sempiterno del Rin, el fuego que rodea la inaccesibilidad de Brunhilda, el oro conflictivo, la espada redentora o cualquiera de los casi cien leitmotiven de la Tetralogía son expresiones musicales que, por su propia esencia, proporcionan a los personajes su completo significado y arrebatan al oyente por su fuerza y poderío excepcionales.
La mejor definición de leitmotiv la hizo Lavignac: “La materialización musical sistemática de una idea dará un cuerpo claramente reconocible y perceptible a un personaje, a un hecho, a una impresión determinada”. Para ello, el leitmotiv debe ser breve, fácilmente reconocible, en consecuencia claramente ritmado y, lo más a menudo posible, confiado al mismo instrumento. El leitmotiv es la sustancia primera de la urdimbre wagneriana y, muchas veces, cuando dice lo que los personajes no dicen o aquello que ni siquiera saben conscientemente, es expresión inefable de fantasías secretas o inconscientes.
En sus reflexiones sobre Wagner, Theodor Adorno dice: “La cohesión de la sonoridad en virtud de su división es una de las características más importantes de la técnica wagneriana. La totalidad nace de su reducción a minúsculos contornos individuales, los cuales, cuando se acercan a un valor límite, pueden fundirse en un continuum y, más aún, son el origen de amplios planos sonoros”.
El eje constituyente de esta narración heroica es la música porque esencialmente la poesía, para Wagner, no es otra cosa que lenguaje pentagramado. Por eso sólo la música puede decir algo cuando todo ha callado, sólo la música puede dar sonido al silencio. Wagner así lo dijo: “Para lograr este resultado es menester que el poeta esté poseído de un vivo sentimiento de las tendencias de la música y de su inagotable potencia de expresión, porque es preciso que construya su poema de manera que penetre hasta en las fibras más delicadas del tejido musical y que la idea que expresa se resuelva enteramente en el sentimiento”.
Paradigma de la imaginación romántica, estas más de catorce horas de música filosófica no se pierden en una maraña de confusión, sino que, gracias a la genialidad del músico y especialmente al sistema de “motivos conductores”, conservan una estructura transparente sin mácula, una posibilidad de abordaje plenamente inteligible. Wagner accede al símbolo, pero este se hace maleable y diáfano en sus manos. Se trata del destino de los dioses y del drama particular del mundo que nos han legado, la paradoja judeocristiana de conciliar la omnipotencia de Dios y el libre albedrío de los hombres
El
Anillo tiene la significación singular de un vasto fresco épico, de un
organigrama filosófico único en la historia musical donde todas las situaciones
humanas posibles (el amor, el erotismo, el adulterio, el incesto, el conflicto
generacional, la lucha por el poder, la corrupción del dinero, la mentira, el
ansia de trascendencia) se dan cita en esas corcheas dibujadas por la grandeza
creadora de un privilegiado. Wagner lo dijo en una carta a Franz Liszt en
noviembre de 1852: “El Anillo es el poema de mi vida, de todo lo que soy y de
todo lo que siento”.
El Anillo incluye, como mínimo, una decena de relatos superpuestos y simultáneos, muchos de los cuales deben ser sutilmente detectados por el espectador. Esto es como un contrapunto monumental cuyas líneas melódicas estarían constituidas por las partituras vocales, musicales, visuales, y la armonía por sus combinaciones en la escena.
Por su significación en el mundo del arte, por su fuerza épica, por su grandiosidad elocuente y temeraria, por sus muchas horas de pentagrama, por su incesante manantial de sugerencias poéticas y de leitmotiven, Richard Wagner logró en las páginas de El Anillo dialogar con los dioses de tú a tú, inmiscuyéndose no sólo en su vida diaria sino en sus sueños más delirantes, en sus arrebatos más agresivos, en sus nostalgias más hondas, tal como si fueran humanos.

Escena final de El ocaso de los dioses
en la producción del Teatro Real de Madrid
en enero de este año.
| Las Eddas, en prosa, en una publicación de 1668 |
Se llama mito a un relato fabuloso que se supone acontecido en un tiempo remoto y casi siempre impreciso. Los mitos suelen referirse a grandes hechos heroicos que, con frecuencia, son considerados como el fundamento y el comienzo de la historia de una comunidad o del género humano en general. La mitología es la recopilación de los mitos de un pueblo.
La mitología de los germanos fue elaborada en los primeros doce siglos de nuestra era y recopilada por un islandés anónimo del siglo XIII en una colección de poemas conocidos como Eddas, que contienen un poema cosmológico llamado Voluspá seguido de otros que se refieren a los dioses y a los héroes. La otra fuente y a su vez producto de la mitología germánica es el Cantar de los Nibelungos, epopeya popular recopilada en el siglo XII, en la que se relata la historia de Sigfrido: su origen, su casamiento, sus hechos heroicos, su asesinato, la venganza de su viuda y la destrucción del reino de los burgundios por los hunos.
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| Richard Wagner (1813 - 1873) |
En el prólogo, que lleva el nombre de El Oro del Rin, todo es fantástico y no actúa ser humano alguno. Aparece el fondo del legendario río, donde sus tres hijas custodian la roca que contiene el mágico tesoro del oro del Rin. Alberico, nibelungo, del imperio de las sombras, feo y deforme pero astuto, roba el mágico tesoro, renunciando con ello al amor.
Aparecen las montañas donde destaca el Walhalla, suntuosa residencia que han mandado construir los dioses, prometiendo como pago a Freia, diosa de la juventud. Wotan, el padre de los dioses, se niega a reconocer la deuda, y los gigantes constructores aceptan trocarla por todo el oro del Rhin y el mágico anillo que con él se fabrica. Los dioses deberán quitárselo a Alberico.
Los dioses descienden al antro de los nibelungos, donde Alberico tiene como esclavos a múltiples enanos y a su hermano Mime. Con engaños y traiciones los dioses le roban el oro y el anillo que da infinitos poderes, así como el tarnhelm, yelmo de malla que puede volver invisible a su poseedor o cambiarlo en cualquier otro ser. Todo lo entregan a los gigantes Fasolt y Fafner. Éste mata a su hermano, disputando por el anillo y se retira con todo el tesoro, solo desdeñando una espada. Los dioses sienten que su destino esta amenazado, pero deciden ocupar su palacio. Donner, dios del trueno, provoca una tempestad y después de ella, por el arco iris que aparece, ascienden al Walhalla.
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| La valkiria |
En la primera jornada, que por nombre lleva La Valkiria, ocurre el encuentro amoroso de dos hermanos gemelos, Sigmundo y Siglinda, hijos del dios Wotan y una mortal. Siglinda ha sido obligada a ser la esposa de Hunding, un rudo cazador, a quien adormece para huir con Sigmundo después que este ha logrado arrancar la espada mágica, la Nothung, que estaba destinada para el héroe que habría de asegurar para los dioses el poder del mundo.
Las valkirias, hijas de Wotan y de Erda, diosa de la tierra, son las encargadas de llevar al Walhalla a los héroes caídos en la lucha. Brunhilda, la favorita de su padre, es enviada a ayudar a Sigmundo, perseguido por Hunding; pero Fricka, esposa de Wotan y diosa defensora del derecho conyugal, exige que Sigmundo sea vencido. Brunhilda se propone defender a Sigmundo, pero Wotan, acosado por su esposa, hace que éste muera. La espada de Sigmundo queda rota y Siglinda huye protegida por Brunhilda.
A la roca de las Walkirias, en la cima de una montaña, llegan Brunhilda y Siglinda, para quien Brunhilda pide protección a sus hermanas, pero estas temen la cólera de Wotan. Brunhilda hace que huya Siglinda, anunciándole que está encinta de un hijo que se llamará Sigfrido, quien será el héroe que matará al dragón que cuida el Anillo maldito. Wotan, en un diálogo de sentimientos encontrados, le reprocha a la hija la desobediencia y esta le responde que hizo lo que en el fondo Wotan quería que se hiciera. Wotan lo entiende, pero Brunhilda debe ser castigada. Quedará en un sueño profundo y será despertada por un héroe que no conocerá el miedo. El cuerpo durmiente de Brunhilda queda envuelto en una muralla de llamas.
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| Sigfrido enfrenta al dragón |
La segunda jornada, que se llama Sigfrido, continúa la historia de la Walkiria veinte años después. Siglinda murió al nacer Sigfrido y como herencia le dejó los pedazos de la espada de su padre. Sigfrido se ha criado con el enano Mime, hermano de Alberico, y es un joven vigoroso e insolente que no conoce el miedo. Mime, que es herrero, no ha logrado unir los pedazos de la espada de Sigfrido con la cual podría vencer a Fafner, transformado en un terrible dragón que cuida la caverna del anillo. Sigfrido funde la espada y a golpe de martillo la forma y tiempla. Jubiloso, blande la Nothung y se encamina al bosque, mientras Mime prepara un brebaje para matarlo en cuanto tenga el anillo.
Erda, la diosa de la Tierra, le anuncia a Wotan que se acerca el ocaso de los dioses, los cuales deben dar lugar a la humanidad triunfante, la de Sigfrido y Brunhilda. Sigfrido llega a la roca y cuando Wotan quiere impedir su paso, le rompe su báculo y el padre de los dioses desaparece para siempre. Sigfrido avanza a través de las llamas. Surge el día y con tímida emoción besa en los labios a Brunhilda que despierta. Ha dejado de ser valkiria para convertirse en mujer y, rendida, caer en los brazos de su esposo.En el bosque, a la sombra de un tilo, Sigfrido escucha los mágicos murmullos de la floresta y el canto de los pájaros. Se siente extasiado, pero no entiende su lenguaje. Los llamados con su cuerno de caza atraen al dragón, a quien vence en titánica lucha hundiendo su espada en el corazón de Fafner. Al sacar la espada, la ardiente sangre le moja un dedo que el se lleva a la boca. En ese momento Sigfrido comprende el lenguaje de los pájaros. Uno le aconseja entrar a la caverna, apoderarse del yelmo mágico y del anillo. Avisado por el pájaro de la estratagema de Mime, pronto lo mata. A poco, el canto del pájaro le dice de la roca donde duerme Brunhilda y le muestra el camino.
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| El ocaso de los dioses |
La última jornada es El Ocaso de los Dioses. Las Nornas, hermanas del destino, anuncian el fin de la era de los dioses. Mientras tanto, en la roca de las valkirias, Brunhilda y Sigfrido se juran fidelidad eterna. Sigfrido le entrega el Anillo a Brunhilda y esta le da su corcel favorito y su armadura. Se despiden, pues Sigfrido viaja al Rhin, al castillo de los Gibichungos, cuyos reyes, Gunther y su hermana Gutruna, se han aliado con Hagen, hijo de Alberico, para tomar el anillo y el Oro del Rhin. Gutruna le ofrece a Sigfrido una bebida mágica que lo hace olvidar a Brunhilda y enamorarse de Gutruna. Gunther quiere conquistar a Brunhilda y Sigfrido se la promete si Gutruna se casa con él. Con ayuda del yelmo mágico, Sigfrido se transforma en Gunther y va a la roca en busca de Brunhilda, a quien arrebata el anillo.
Al regresar al castillo de los Gibichungos, Alberico y Hagen conjuran para tener el anillo y este se dispone a preparar la doble boda, Gunther con Brunhilda y Sigfrido con Gutruna. Al llegar Brunhilda y Sigfrido todavía bajo los efectos del brebaje del olvido, le pide explicaciones. Sigfrido la desprecia y ella lo acusa de traidor. Hagen promete vengarla y organizará una cacería en la que se atribuirá la muerte de Sigfrido a un jabalí.
En un valle cerca del río las hijas del Rin se recrean y se lamentan de la pérdida de su tesoro. Llega Sigfrido que se encanta con su gracia y belleza. Le piden el anillo y él se burla de ellas. Las ninfas lo amenazan y le anuncian su próxima muerte. Hagen y los cazadores se unen a Sigfrido, y antes de matarlo le ofrecen una bebida para que recobre la memoria. Con la lanza clavada por la espalda Sigfrido expira, enviando un supremo adiós a su bien amada Brunhilda. Un cortejo fúnebre conduce el cuerpo del héroe muerto a la sala del castillo de Gunther, donde Gutruna cae abrazando el cuerpo de su esposo. En la disputa por el anillo Hagen mata a Gunther y cuando el asesino se aproxima al cadáver para apoderarse de la joya fatal, el brazo de Sigfrido se levanta en solemne amenaza. Termina la tragedia con la inmolación de Brunhilda en la pira funeral de Sigfrido. Toma una antorcha, enciende la hoguera, salta sobre su caballo y se lanza en medio de las llamas. Como una visión, el cielo se incendia y el Walhalla se desploma en el horror grandioso de un océano de fuego. El oro y el anillo maldito regresan al río y la tierra es entregada a los hombres.
Recién que me cambié a las Tierras Altas de Veracruz hace cuatro meses, me contactó una amiga que tampoco es de aquí pero recién había visitado el estado. Me confesó: Lo que más me impresionó de Veracruz fue lo verde y la comida. Tal afirmación la he vuelto a escuchar de un par de personas, también inmigrantes. Yo la comparto, pero le agregaría el agua. No me atrevo a hacer una entrada en este blog sobre la comida, pero sí sobre el agua y lo verde, color que le dan las hojas de su vegetalia.
Lo verde de Veracruz lo dan sus bosques, sus selvas y sus jardines. Lo verde son las hojas, que multiplican por millones a las flores que podrían dar otros colores. Las ciudades y los pueblos no revierten el verdor, son verdes. Van imágenes de la verde Veracruz.
Desde salir de casa...
No todas las hojas son verdes...
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| Estandarte de Ur, Mesopotamia. Tablero sumerio de 5,000 años de antigüedad. Representa la paz y muestra un brindis con vino, el más antiguo que se conserva. |