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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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jueves, 10 de agosto de 2023

lunes, 7 de agosto de 2023

DE LOS REINOS DE LA NATURALEZA Y LA NEUROLOGÍA.

En el óvalo de contorno negro, yo.
En la escuela primaria, a la que llegué hace ochenta años, aprendí a leer y escribir, lo que implica la capacidad de entender las ideas de casi todos los demás humanos y que ellos entiendan las nuestras. Es el gran recurso del Homo sapiens y el detonador de nuestra situación privilegiada en el mundo. Con ello, pronto aprendí de los tres reinos de la naturaleza: el mineral, el vegetal y el animal.

Pasado el tiempo, no recuerdo cuánto pero ya era yo mayorcito, me topé con que los reinos entonces eran cinco, habiendo desaparecido de la clasificación al mineral; había cambiado el concepto de los reinos y se había limitado a los seres vivos. No sé que pasó con el mineral ni a donde fueron a parar sus ejemplares, que siguen presentes en la tierra.

¿Por qué estos cambios tan drásticos en los sistemas de clasificación de los individuos que poblamos nuestro planeta? Ya Aristóteles, hace 2400 años, hizo notar que la diversidad progresiva dependía de las plantas y los animales; hay especies que desaparecen y otras que aparecen, pero son más las nuevas  que las que se pierden, lo que ha llevado, al cabo de los siglos, al crecimiento casi escandaloso de las variedades y los individuos vivos, a pesar de esfuerzos de la especie humana por detenerlo, voluntaria o involuntariamente. 

El sistema de los reinos biológicos es la forma que tiene la ciencia de clasificar a los seres vivos por su relación de parentesco en la historia de la evolución. Esto significa que todas las especies que integran cinco grandes grupos tienen antepasados comunes, por lo que comparten parte de su genética y pertenecen al mismo árbol genealógico. Todos los seres vivos sobre la Tierra tenemos un ancestro común que vivió hace muchos millones de años y era microscópico, unicelular.

Esta tabla debe leerse de abajo a arriba y de izquierda a derecha.

1. Los seres vivos más pequeños, más antiguos y más simples son los de más abajo, con un fondo violeta, el Reino Monera. Son bacterias, algunas de las cuales enferman a la especie humana. 
2. Sigue el Reino Protoctista, en fondo azul. Son las algas y protozoarios, algunos de los cuales también enferman a nuestra especie, como las sabidas amibas en el intestino y fuera de él.
3. Siguen, en fondo amarillo, los miembros del Reino Fungi, los hongos, que antes se consideraban vegetales; ya no. Algunos son comestibles y sabrosos y otros, venenosos. ¡Cuidado!
4. A la derecha, en fondo verde, continúa el Reino Vegetal, las plantas. Todos las conocemos y las identificamos. También las hay comestibles y sabrosas y venenosas. ¡ojo también!
5. Finalmente, arriba a la derecha y con fondo rosa, el Reino Animal, los animales, entre los cuáles, y en los niveles más altos de la evolución, estamos los humanos; somos vertebrados y mamíferos. Quiero recordar que los dinosaurios, que desaparecieron de la Tierra hace 65 millones de años, eran animales, vertebrados, situados más cerca de las aves que de los reptiles.


Ahora bien, ¿cuál es la característica, estructural o funcional, que hace la diferencia entre planta y animal?

Es la presencia de la función de relación en los animales, es decir, la capacidad de ser sensible a estímulos, externos e internos, y generar respuestas adecuadas. Esto implica un Sistema Nervioso.

Ahora bien, esto significa la presencia de unidades celulares capaces de cumplir esa función. Se llaman neuronas y esperamos encontrarlas en todos los individuos del Reino animal, lo que no sucede en los poríferos, las esponjas de mar, que serían la simple y compleja transición entre el Reino Vegetal y el Reino Animal. Pero si las esponjas de mar no tienen neuronas, su cubierta externa es una placa sensible y reactiva que genera acciones. Es un sistema nervioso  poco característico, sin neuronas, pero qué muy tímidamente ejerce una función de relación.

A partir de los Cnidarios, que son las medusas, todos los animales ejercemos nuestra función de relación, más o menos compleja según nuestra especie, a través de estructuras celulares especializadas que son las neuronas; se organizan en formas más o menos simples o complejas, desde pequeñas cadenas celulares o redes o ganglios y subsistemas nerviosos complejos centrales y periféricos, siendo los mayormente desarrollados los de los mamíferos. Los mayores son los de los humanos en la tierra y las orcas en el mar.

Seres_Vivos
Me encanta saber que soy pariente de los pingüinos.
¡Son maravillosos!

Para concluir el tema, habría que abordar las diferencias cuantitativas de los sistemas nerviosos en las diferentes especies animales, pero eso ya lo hice en la entrada del lunes 26 de diciembre del 2022, hace apenas unos meses. Recomiendo buscarlo y ahí completar su información. Hoy no me saldría mejor que entonces.





lunes, 31 de julio de 2023

BREVE VELADA CON ANÉCDOTAS DEL VINO.










El mundo del vino no deja de sorprendernos. Petrus 2000 es un vino de Burdeos que estuvo 14 meses en la Estación Espacial Internacional en 2019. Fue un lote de 12 botellas que acompañaron a 320 cañas de vid para investigar como se adaptan las plantas a las condiciones del espacio. Las bajaron del cielo y ya se abrieron tres que se dieron a degustar a personalidades que supuestamente saben de catar vinos. De las pocas opiniones que se han abierto al conocimiento público, las más significativas coinciden en que la estancia extraterrestre aceleró el proceso de maduración y enriquecimiento hasta en tres veces. Esta aritmética no la acabo de entender, quizá porque no soy sommelier

Otra botella del lote está por subastarse o venderse en algo así como un millón de dólares y quizá ya sucedió. Esto tampoco lo entiendo, pero son las extravagancias de los ricos modernos.

Las ochos botellas restantes se van a conservar para estudios de evolución de resultados en plazos mayores. ¡Ufff!



La historia del vino y su comercio tiene también un lado oscuro. Son muchos los relatos sobre el fraude en el vino. Galeno sospechaba que había más vino falerno (vino muy codiciado y caro en la Roma de los primeros años del Cristianismo) en el mercado del realmente producido en la zona. ¿Quién puede ahora reprochar a los italianos que pusieran olivos de cartón piedra para justificar su producción ante la Unión Europea? 


Emperador Domiciano
(51 d.C - 96 d.C.)

Lo de la competencia mal llevada viene también de aquella época: en el año 92 d.C., el emperador Domiciano decretó levantar todos los viñedos de la región de Cahors (ahora Burdeos) en la que se producían unos vinos bastante exitosos en el mercado. La razón que se dio fue que el Imperio necesitaba trigo urgentemente, pero de paso se llevaron por delante a los principales competidores de las exportaciones de los vinos italianos. ¡Será por falta de suelo en el Imperio! Con Roma de capa caída, el vino siguió produciéndose masivamente en el Mediterráneo oriental (Imperio Bizantino) y por la Ruta de la Seda viajó hasta China, a la que arribó en el siglo VIII d.C.






Decía un historiador que “los pueblos del Mediterráneo empezaron a emerger del salvajismo cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid". Lo verdaderamente curioso es que lo dijera el historiador y militar ateniense Tucídides en el siglo V antes de Cristo. 



Los griegos definieron como una auténtica barbaridad el atreverse a beber una cerveza o un vino sin diluir. Sin embargo, el vino tenía un poderoso efecto sobre la mente y el comportamiento y beber con la idea de agarrar una buena borrachera sedujo (y sigue seduciendo aunque con algunos matices) a todos los pueblos mediterráneos; eso está muy por encima de los criterios que afectan al paladar. Los griegos comerciaron con sus vinos tan lejos como pudieron; se calcula que los fragmentos de las ánforas depositadas en una zona del lecho del río Sena (del norte de Francia pasando por París) representan entre cinco y diez millones de litros de vino.


Aunque para nosotros es un acto normal de celebración, todavía hoy se desconoce exactamente cómo nació el brindis. Para algunos, tiene sus orígenes en la Antigua Roma ya que este pueblo consideraba que el vino debía disfrutarse con los cinco sentidos, oído incluido. Para otros, la raíz del brindis está en la Antigua Grecia y el gesto en sí era cuestión de precaución: brindar implicaba demostrarle al invitado a nuestra mesa que la copa no estaba envenenada, algo que despertaba muchas suspicacias cuando se brindaba con agua.


    ¡ Salud !

Pero a pesar de estos orígenes lejanos, muchos defienden la teoría de que el brindis, tal y como lo conocemos en la actualidad, se remonta a la Alemania del siglo XVI. Es más, algunos historiadores dan fe del momento exacto en el que nació el brindis: en la celebración de la conquista de Roma por las tropas de Carlos V. ¿Será?


jueves, 27 de julio de 2023

INTERMEZZO 60. DEL JARDÍN FLORIDO DE DOÑA LAURA.

Vista nocturna actual del Área Verde


Doña Laura es vecina de cuadra en nuestra colonia Arboledas de San Pedro en la periferia de Coatepec. Vive, como nosotros, frente a la amada "área verde", un lindo parque arbolado que se presta para caminar por su redor sombreado, leer o meditar en sus bancas, echar novio por teléfono los jóvenes, en las buenas y en las malas, y jugar fútbol niños, jóvenes y adultos.


El anuncio de sus helados está
precedido  y presidido por un
hermoso arbusto verde amarillo


Doña Laura es abuela y divide su tiempo entre cuidar nietos en Xalapa y ser ama de casa en San Pedro, donde hace unos deliciosos helados para vender a los vecinos y cuida con esmero admirable de su pequeño jardín, que da a la calle para que los vecinos lo disfrutemos con ella. Algunas imágenes de sus bellezas florales ya han aparecido en algunos intermezzi de este blog, pero el día de hoy toda la entrada le da crédito y está dedicada al Jardín florido de Doña Laura.









Esta magnolia blanca, que acá llaman "ciento en una", precede a su vez al arbusto verde amarillo en la banqueta callejera de la casa de doña Laura.
Hace trece meses no tenía el letrero de los helados.


























      

                No le faltan Aves del paraíso...






















Escena cotidiana de lunes a viernes al medio día 
desde el jardín de doña Laura: regresando de la escuela
con hermanito cargado.






lunes, 24 de julio de 2023

LEONARDO DA VINCI Y LA MÚSICA.





Hace años, pero ya en este siglo XXI, estuve en una magnífica exposición española que se llamó como el título de esta entrada: Leonardo da Vinci y la Música, cuyo atractivo central era la exhibición de instrumentos musicales diseñados por ese hombre del Renacimiento, pero construidos en este siglo. Esto, porque Leonardo diseñó muchos instrumentos, pero sólo se construyó uno en su vida, una bellísima lira de plata en forma de cráneo de caballo. Dicen que era un excelente tañedor de lira e improvisador.




Leonardo da Vinci (1452-1519) es el príncipe del Renacimiento, entendiendo por ese título el principal de algo y no el hijo de alguien. El Renacimiento es el fenómeno socio-cultural más trascendente en la historia moderna de la humanidad occidental. Se dio desde los últimos años del siglo XIV hasta los primeros del XVI y se considera que su epicentro fue el norte de Italia, en particular, Florencia. Cuando se habla del Renacimiento, se piensa en el arte y se dice que fue el movimiento que regresó a los valores estéticos del arte clásico, helénico y romano, rompiendo las rígidas normas del medioevo cristiano. Pero el Renacimiento fue mucho más que eso y por eso mucho más fue trascendente. Rompió con la Iglesia Católica a través de la Reforma religiosa presidida por Martín Lutero (1483-1546) y le dio al hombre la posibilidad de encarar a Dios de frente, sin intermediarios, y de poder interpretar, personalmente, las Sagradas Escrituras. Al hombre le dio por explicarse las cosas y no aceptar explicaciones que no fueran propias. Así se dio la Revolución Científica y sus dilectos hijos y nietos, la ciencia y el método científico, que también eran un volver al modo helénico de conocer el mundo. Campeones de esta fueron, entre otros, Nicolás Copérnico (1473-1543) y Galileo Galilei (1564-1642), que defendieron, con riesgo de su vida, su convicción de que era el Sol y no la Tierra el centro del Universo. En la anatomía, Andrea Vesalio (1514-1564) disecó y dibujó al hombre en su mayor profundidad e intimidad. Paladines y mártires de la libertad de pensar, decir y discutir, fueron los españoles emigrados Juan Luis Vives (1492-1540) y Miguel Servet (1511-1553). El común denominador fue el humanismo, el hacer del hombre el centro del pensamiento y la acción humanos.


En este medio y con este entorno se dio Leonardo en Florencia, el Hombre del Renacimiento, arquitecto, pintor, escultor, inventor, ingeniero, creador de instrumentos musicales, cocinero, alquimista, gramático, poeta, anatomista y más y, primero que nada, hombre de ciencia. Leonardo hizo pocas pinturas, no más de veinte, pero es conocido en el mundo por la más famosa que se haya hecho: La Gioconda. Hizo miles de dibujos, algunos de los cuales representan su maravilloso manifiesto estético; otros, su aportación a la fundación de la anatomía científica y, por lo tanto, de la medicina moderna. Otros más, sus bocetos arquitectónicos, desde muy complejos como ciudades enteras hasta escenografías teatrales. Finalmente, muchos otros son sus diseños de inventor, inventor de todo, auténticamente y sin exagerar.


Las realizaciones de estos proyectos son muy escasas. Nunca se construyó edificio alguno conforme a sus planos seductores; sólo hay una escultura, la cabeza de un guerrero, definitivamente atribuida a Leonardo, y no causa revuelo alguno; no se construyó ninguna de sus máquinas guerreras o las voladoras; nunca se concretaron sus diseños domésticos; dejó muchas pinturas inacabadas, en ocasiones sólo bocetadas; y de sus muchos instrumentos musicales diseñados sólo construyó la bellísima lira de plata en forma de cráneo de caballo que, al parecer, el no tañía. Pero el legado de Leonardo da Vinci es espiritual y enorme. Consta de su manifiesto estético centrado en la figura humana, su curiosidad inagotable, su imaginación superlativa, la rigidez de su pensamiento científico y el sentido de libertad absoluta en el reconocimiento y el respeto del derecho ajeno. Quizá sea el mayor legado que hombre alguno haya dejado a nuestra humanidad.



Volviendo a la exposición que mencioné al principio, estaba centrada en instrumentos musicales diseñados por Leonardo pero de fabricación moderna. Había percusiones, alientos y cuerdas; los había mixtos y con modos raros de tocarse. También automáticos, para evitarse errores en el tiempo por parte de los ejecutantes, y algunos complicadísimos, tanto, que nadie en su sano juicio los toca, más que nada porque los resultados acústicos no son equivalentes a la dificultad. Todos están diseñados con un pensamiento de ingeniería más que musical y estaban destinados a obtener nuevos sonidos, mejorar los ya existentes y facilitar la producción de la música. Las tres joyas de la exposición eran una viola organista, que es una quimera entre clavecín y zanfona, el órgano de tubos de papel y la lira de plata en forma de cráneo de caballo. Lo que no se conserva es música compuesta por Leonardo da Vinci y de esto, mejor nada comento.



lunes, 17 de julio de 2023

OLIVER SACKS: MÚSICA Y NEUROLOGÍA. MUSICOFILIA.


Oliver Sacks (1933 - 2015)















De este blog podría decirse que fue inspirado por o diseñado para Oliver Sacks. La verdad es que no fue ninguna de las dos, pero ese señor representa algunos de los ideales de estas páginas.




Oliver Sacks fue químico, luego médico, después neurólogo y siempre humanista, pero desde sus años jóvenes en Inglaterra estudió y aprendió música. Era un buen pianista aficionado además de un teórico de la matemática y la lógica de la música. En términos modernos se diría que fue un neuromúsico (perdón por el neologismo, es mío).

Su concepto de la música parece apoyarse en las conclusiones de aquellos alienígenas de la novela "El fin de la infancia" de Arthur C. Clarke. La curiosidad los lleva a descender a la superficie de la Tierra para asistir a un concierto, que escuchan educadamente. Tienen que admitir que eso que llaman música es, en cierto modo, eficaz para los humanos, fundamental para la vida humana. No obstante, carece de conceptos, no elabora proposiciones; carece de imágenes y símbolos y es el material del que está hecho el lenguaje. Le falta poder de representación. No guarda una relación lógica para el mundo.

Pero la música nos afecta de un modo que ninguna otra actividad creativa humana consigue hacerlo, estableciendo una conexión. directa entre nuestro sentimientos y lo que escuchamos, pero también entremezclando nuestras vivencias con los sonidos que nos rodean y que, posteriormente, permiten a nuestro sistema nervioso recuperar lo vivido como una llave a un tiempo pasado y tal vez olvidado.

Sólo en épocas más recientes se ha estudiado de manera sistemática el influjo de la música en nuestro cerebro. Los primeros psicólogos y neurólogos abrieron paso a través del estudio de casos singulares. Ahora, la moderna tecnología, particularmente la resonancia magnética funcional, ha permitido radiografiar la actividad cerebral favoreciendo una acercamiento más científico, creando, en palabras del propio Oliver Sacks, una neurología de la normalidad.

Muchos de sus libros tratan de casos clínicos de enfermedad neurológica que se manifiesta, en mayor o menor grado, por trastornos de la relación de pacientes con la música. En Musicofilia, que data del 2007, Sacks se dirige a la intersección de la neurología y la música; la música como aflicción y como tratamiento. En el libro recopiló gran parte de la información disponible sobre el cerebro y la música, el modo en que nos influye, pero también los infinitos modos en. que la música se adueña de nuestras mentes, no siempre para bien, y de que modo la música puede acudir en ayuda del enfermo. Sus capítulos describen casos clínicos, con delicadeza y cercanía a pesar de lo arduo del tema o lo espantoso de las situaciones descritas, porque también la música engendra monstruos.










La primera parte del volumen, Poseídos por la música, describe como en ocasiones la música puede convertirse en una obsesión. Es el caso de un médico, totalmente ajeno a cualquier interés por la música más allá del silbido camino del trabajo, que, tras sobrevivir a un rayo, desarrolla una pavorosa afición por el piano, al que termina por dominar a la perfección a costa de su vida profesional y su matrimonio.

Parecido patrón siguen quienes sufren de lo que Sacks denomina "gusanos musicales", pequeñas secuencias de apenas segundos, pocas notas repetidas de manera insistente durante horas, hasta casi hacer enloquecer a quien las padece. Es curioso que, en muchos casos, esta dolencia sucede a músicos arruinando su carrera, incapaces de volver a tocar con normalidad o de lograr la concentración necesaria para sus tareas de composición. Pero en otras ocasiones, estos músicos logran reconvertir su arte y explorar los sonidos de su mente para sus creaciones, un arte lunático o demente, pero no por ello menos emotivo o hermoso.

En la segunda parte de Musicofilia, Una musicalidad variada, Sacks repasa casos como la sinestesia musical, en la que el sujeto identifica escalas con colores o sabores, una experiencia más frecuente de lo sospechado. Esto enlaza con la presencia excepcional de personas con oído absoluto, capaces de identificar una nota aislada de manera perfecta. Pero esta perfección puede perderse con facilidad, lo que altera de manera definitiva la percepción musical del individuo que, en ocasiones, termina por no ser capaz de distinguir una simple armonía.

En el capítulo Memoria, movimiento y música, Sacks destaca la conexión entre enfermedades como el Parkinson y la música como medio de mitigar sus manifestaciones más aparatosas o el síndrome de Tourette, cuyos espasmos y tics parecen controlarse cuando el paciente se enfrenta a una actividad musical. 

Parecida influencia parece ofrecer la música en el caso de la afasia, la incapacidad para el lenguaje (su emisión o comprensión), que parece ser burlada cuando la música entra en juego. Personas incapaces de pronunciar una frase completa pueden elaborar complicadas reflexiones empleando melodías conocidas.

Por último, en Emoción, Identidad y Música, el autor reflexiona sobre la depresión, los sueños musicales y otras interacciones entre los aspectos más sensitivos de nuestro espíritu y la música.


Carente de la dinámica de otros textos de Sacks, Musicofilia amenaza desintegrarse en un catálogo de fenómenos disparatados. Lo que hace que Musicofilia sea coherente es el mismo Sacks. Él es el argumento moral del libro. Curioso, culto, interesado, en sí mismo justifica la profesión médica y, podría decirse, la raza humana. Sacks es, en suma, el exponente ideal de la visión de que la respuesta a la música es innata a nuestra especie. También es el guía ideal para el territorio que cubre. Musicofilia les permite a los lectores unirse a Sacks en donde es más vital, entre melodías y con sus pacientes.


Resulta sorprendente que haya esperado hasta el final de su carrera (Sacks nació en 1933) para escribir esta obra. La música le sirvió para aumentar su disfrute de la vida y para salir airoso en momentos difíciles. Tal vez por todo ello, Sacks haya preferido esperar para escribir este libro como testimonio de su pasión.