A propósito del CoViD-19
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| Bella imagen del SARS-CoV-2, el virus de CoViD-19, visto a través de un microscopio electrónico de barrido. |
A propósito del CoViD-19
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| Bella imagen del SARS-CoV-2, el virus de CoViD-19, visto a través de un microscopio electrónico de barrido. |
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| Franz Liszt a los 47 años |
Franz Liszt (1811-1886), húngaro de nacimiento y sentimiento, es uno de los personajes protagónicos más interesantes de la música, tanto por sus conceptos estéticos y sus creaciones como por su vida personal, que no privada, tan compleja y desconcertante. Hoy no diré de la música, haré chisme.
En su lecho de muerte, Adan Liszt, padre de
Franz, advirtió a su hijo, de dieciséis años entonces, que las mujeres
dominarían y trastornarían su vida. La profecía se cumplió: no solamente las
mujeres lo enloquecieron, sino que también él trastornó y enloqueció a los
corazones femeninos. Si bien había encanto en su rostro apasionado y en su
cascada de pelo lacio que le hacían parecer como joven príncipe encantado, su
verdadero sortilegio estaba en esas hábiles manos que surcaban el teclado.
A la muerte de su padre se encargó del
sustento de su madre impartiendo clases. Pronto cobró fama como gran maestro
particular y se convirtió en un ídolo de los principales salones de París.
Entonces fue el intrépido y galante donjuán. Se cuenta que tuvo más de
veinticinco intrigas amorosas (solamente de las que se supo) y nunca se casó.
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| Marie de Flavigny (1805 - 1876) |
El gran amor de Liszt y su relación más estable, en la medida de lo posible, se llamó de soltera Marie de Flavigny. Mujer liberal, escritora de garra e historiadora, que adoptó el seudónimo de Daniel Stern cuando comenzó a colaborar con la prensa opositora francesa a comienzos de la década de 1840. Al momento de conocer a Liszt, en 1838, Marie era la condesa d'Agoult, pues estaba casada con el conde Charles d'Agoult, a quien abandonó sin más trámite cuando comprendió que el verdadero amor había tocado a su puerta. La relación, intensa y apasionada, duró 11 años y de la unión nacieron cuatro hijos: un hombre y tres mujeres. De una de ellas, Cósima, ya dije en la entrada del 26 de julio, en relación a la vida amorosa de Richard Wagner.
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| Carolyne Sayn-Wittgenstein (1819 - 1887) |
Su segundo gran amor fue la princesa Carolyne Sayn-Wittgenstein, periodista y ensayista aficionada, noble por su matrimonio con un príncipe, oficial del ejército ruso. Carolyne conoció a Liszt en 1847, durante una de sus giras musicales por Rusia. Ella se había separado de su marido y comenzaron a vivir juntos en Weimar en 1848. Ahí vivió con ella 15 años. La princesa era rica y católica y quiso regularizar su situación casándose con Liszt. Tuvieron suficientes razones ($) para convencer al Papa de anular su matrimonio previo, pero a punto de casarse hubo más razones por parte del marido y el Zar de Rusia y le anularon la invalidez de matrimonio. Posteriormente, la relación se convirtió en un amor platónico, sobre todo después de que el compositor recibió las órdenes menores de la Iglesia Católica. Tras la muerte del compositor quedó tan deprimida que sólo le sobrevivió unos pocos meses.
De 1855 a 1870 Franz Liszt vivió en Roma. Cuando cumplió 55 años, cansado de su vida de gitano errante, tomó las órdenes menores en la Iglesia Católica y se encerró en un claustro de dominicos. El Papa lo hizo abad y acostumbraba visitarlo para disfrutar y solazarse con sus improvisaciones. Como abate tonsurado, Liszt solía vestir traje clerical a la romana, aunque no por eso se cortó la melena. No le estaba permitido decir misa o confesar a los fieles, pero sí podía exorcizar al demonio. Tenía muchas libertades y a veces accedía a ellas.
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| Olga Janina (1845 - 1914) |
Así, el demonio lo tentó y no lo soltó como presa. A los 58 años, el abad en clausura se rindió a los violentos encantos de Olga Janina, una condesa cosaca, una preciosa ojinegra de 19 años. La música de Liszt escuchada en un concierto la impulsó a escribir al Maestro, ir por él, sacarlo del claustro e iniciar el idilio. Trató de envenenarse cuando pensó que Liszt la dejaría, pero no lo consiguió y sobrevivió bastantes años para escribir Recuerdos de una cosaca, que tiene un epílogo de desesperanza, cuando en su buhardilla, abandonada, sólo quedan, dominando los recuerdos, veinte retratos del gran músico.
La medicina es un
oficio que para su desempeño utiliza información obtenida por el método
científico y habilidades mixtas de aprendizaje complejo. A su vez, es aceptado
que el conocimiento que brinda la ciencia siempre será aproximado, parcial y momentáneo, y en la intimidad de nuestro pensamiento, los médicos estamos convencidos de que,
sobre casi cualquier tema de la medicina, es mayor la ignorancia que la
sabiduría. La prudencia, entonces, es indispensable para el buen ejercicio de
nuestro oficio.
Revisando la
historia de la medicina, desde la antigua hasta la reciente, se da uno cuenta
que a través de los años, siglos y ya milenios, los médicos hemos trabajado
muchas veces en el error. Error en conocer las causas de una enfermedad o su
mecanismo, error en el diagnóstico y, por ende, error en el tratamiento y
prevención.
Ahora, hasta nos
burlamos de ideas y acciones de nuestros colegas de hace quinientos años o más
o mucho menos, hasta de apenas veinte. Cuando los médicos se dan cuenta que
están trabajando sobre un piso resbaladizo e inseguro, crean nuevos términos
que orienten hacia el problema sin comprometerse a explicarlos. Ejemplo es el sífilocáncer, término usado en la segunda
mitad del siglo XIX y los primeros años del XX. Se refería a una enfermedad que
tenía características clínicas de sífilis terciaria y de cáncer y que no
pudiendo demostrar la una ni el otro se usaba el término híbrido de sífilocáncer, que confundía más las
cosas. Ya tiene muchos años que no se usa, y ahora es difícil encontrar
referencias, aún históricas, en la Internet.
Algo más reciente,
que ya nos tocó conocer y conocer a quienes creían en tal término, fue la histeroepilepsia, término fomentado por
Sigmund Freud a finales del siglo XIX y en uso hasta mediados del pasado,
cuando yo ya estudiaba medicina. Se refería a una enfermedad del sistema
nervioso central, episódica y paroxística, que cursaba con crisis muy complejas
que los clínicos no sabían distinguir si eran epilépticas o histéricas
conversivas. Los electroencefalogramas no los sacaban de duda, no sabían que
tratamiento ofrecer y se conformaban con informar a la familia que la paciente
(predominaba en las mujeres) tenía histeroepilepsia.
Esa confusión ya desapareció; ahora se tiene epilepsia o trastorno de
conversión (así llaman ahora a esa forma de histeria), aunque hay ocasiones
en que sigue siendo difícil distinguirlos.
Así llegamos a la migralepsia,
que es el último neologismo médico importante. Reúne dos enfermedades en una y
ya es de uso común en la comunidad médica neurológica actual. Lo que hace el
término es reconocer que dos enfermedades que se han considerado diferentes, la
epilepsia y la migraña, son una sola, por lo menos en algunos
casos.
Hasta hace no
mucho, nos enseñaban y aprendíamos esto, que es verdadero:
Estos cuadros son muy
semejantes, y sugieren un mecanismo común de las dos enfermedades. Las dos
consisten, clínicamente, en crisis que repiten, epilépticas en la epilepsia y
de dolor de cabeza migrañoso en la segunda.
Se llama crisis a
un episodio súbito y transitorio de alteración funcional del sistema nervioso.
Las crisis epilépticas son variadas pero con frecuencia hay inconsciencia
transitoria. Las crisis migrañosas casi siempre son de dolor de cabeza, casi
siempre de un lado de la cabeza, hemicránea, y también hay variantes. La
frecuencia de las crisis es muy variable en los dos casos, desde varias al día
hasta años sin ellas y en los dos casos también, estas enfermedades “no matan,
pero no dejan vivir”.
Los cuadros que ahora siguen muestran que estas dos condiciones, la epilepsia y la migraña, se tratan con los mismos medicamentos y con buen resultado en las dos enfermedades con el ácido valproico y el topiramato.
Desde
el último tercio del siglo XIX, John Huglings Jackson, médico y neurólogo
inglés, intuyó que la actividad neurológica, la normal y la enfermiza, era de
carácter electroquímico; tenía razón. Esto se vino a comprobar en los años veintes
del siglo pasado, cuando el neurólogo alemán Hans Berger inventó el
electroencefalógrafo, con el cual se demostró que la actividad del cerebro es
eléctrica, digamos minieléctrica, pues los rangos de voltaje que maneja son de microvoltios. También se pudo demostrar que las crisis epilépticas se
deben a descargas excesivas de voltaje de focos de neuronas cerebrales, que
pueden ser fijos, desplazarse por la corteza cerebral o generalizarse.
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| A la izquierda: Electroencefalograma (EEG) NORMAL A la derecha (EEG) ANORMAL,que muestra una descarga eléctrica característica de una CRISIS EPILÉPTICA |
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| Semejanzas más que diferencias se encuentran al comparar la EPILEPSIA y la MIGRAÑA |
Ahora bien, a los migrañosos no les hace mucha gracia que los vayan a cambiar al casillero de los epilépticos.
¡Bueno, este es un autorretrato con flores!
En la modernidad, una "selfie"
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| Richard Wagner (1813 - 1883) |
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| Minna Planer (1809 - 1866) |
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| Mathilde Wesendonck (1820 - 1902) |
La
enología es la ciencia, técnica y arte de producir vino. El vino es una obra
de arte. Este último concepto es clave para entender esta entrada que trae algunos conceptos que chocan con opiniones sacralizadas. Estas
opiniones son mías y no por ello y ser actuales son irrefutables; simplemente son mías.
1. El vino es una obra de arte; su mensaje de bondad y belleza nos llega a través de los sentidos, no por la fe o la razón. En las artes no hay mejor ni peor, sólo diferente. Nadie puede decir que la Tercera Sinfonía de Beethoven sea mejor que la Quinta de Chaikovski: sólo se puede asegurar que a mi me gusta más una o la otra. No existe el mejor vino del mundo; existen él o los que más me gustan, que suelen ser diferentes de los que disfruta toda la gente que he conocido en mi vida y estoy convencido que hay más variedades de vino en el mundo que personas he conocido en mi ya larga vida.
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| Precios en México el 15 de julio de 2021 A la izquierda: $ 116, 402.00 A la derecha: $ 260.00 |
2. Los vinos caros son mejores que los de precio moderado o bajo. Falso. En ninguna región vinícola del mundo, el costo de producción de una botella de vino de 750 ml. supera los veinticinco dólares. Es increíble entonces que en todos los países en que se consume vino, se vendan botellas, locales e importadas, desde cinco dólares hasta cinco mil. Y hay buenos, muy buenos, en los baratos y de precio medio. Yo nunca he bebido un vino de miles de dólares ni mucho menos y hay la anécdota publicada del cliente de un restaurante elegante en la ciudad de Nueva York que ordenó una botella de dos mil dólares para la comida, le sirvieron una de quince y no notó diferencia alguna.
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| Crianza en madera Vinificación en acero inoxidable |
3. El vino viejo, añejado en barricas de madera, es mejor que el joven. Falso también, si se aplica en términos absolutos. La madera, por dos, cinco o diez años, le da suavidad y tersura al vino. El tonel metálico, después de un año de vinificación le mantiene frescura. Entonces, la preferencia por un vino viejo o uno joven depende de que comida vaya a acompañar. Los aficionados al queso y vino afirman, en general, que “queso viejo, vino tierno; queso fresco, vino añejo”. Este principio es recomendable para cualquier combinación de vino y comida: “platos fuertes, vinos tiernos; platos suaves, vinos viejos”. Y aquí una aclaración: Los vinos que envejecen son los tintos, no los blancos.
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| "El vino blanco es para pescado o mariscos y el vino tinto para carne roja" ?? |
6.
Champaña. Finalmente, un par de
notas sobre este vino, famoso y fabuloso. La primera es para aclarar que Champagne es una región del norte de
Francia famosa por producir, desde hace varios siglos, el famoso “vino blanco
espumoso”. Se ha generalizado el nombre de “Champagne” (Champaña en español) para el vino
espumoso blanco producido en cualquier lugar del mundo, pero ninguna otra
región que la francesa puede ostentar, en su etiqueta, el título de Champagne.
La segunda nota bajo este título es acerca de la opinión de que este vino debe escogerse para los postres o para el brindis final de una comida o cena festivas, como la de Año Nuevo. Falso. El champaña es el más generoso de los vinos. Va bien con todos los platos de una comida familiar o un banquete, por sofisticado que sea, desde las entradas hasta el postre y brindis finales, pasando por peces, carnes rojas, verduras, frutas, etcétera. Además es el vino de la menor graduación alcohólica que en este momento se puede beber en el mundo entero y hay de todos los precios. Es estupendo.
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| Tranvía de cable en las calles de San Francisco Medio de transporte antiguo y popular |
Terminaré refiriendo una magnífica experiencia gastronómica que se me dio en San Francisco, California, durante una semana de ópera en esa ciudad. Por las mañanas, íbamos a pie, mi esposa y yo, desde el hotel en la parte alta de una colina al centro vital de la ciudad. El primer día y en ese camino, nos tropezamos con un auténtico desayunadero popular. Encontré un menú de jugo de naranja, huevos Benedictine y una copa de champaña, de la región, por supuesto. Espléndido el desayuno; lo repetí durante siete días. Lo recomiendo.