Coatepec es un pueblo que tiene nombre de cerro.
Su nombre significa Cerro de las Serpientes.
Coatepec es un pueblo que tiene nombre de cerro.
Su nombre significa Cerro de las Serpientes.
El pasado viernes 1 de noviembre estuvimos una vez más en la Sala Tlaqná en el concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Xalapa en el que se presentó, como pieza estelar del programa, el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Muchas veces lo he escuchado en mi vida, en vivo y en grabaciones; es una pieza sublime.
Me vino a la memoria la velada en que lo escuché por vez primera, hace ya muchísimos años. Unos después hice una nota de esa audición para una columna semanal de música que tenía yo en un diario de Morelia, ciudad en la que residí hasta hace dos años y medio. Ahora revivo esa nota, porque a mi edad me resulta mejor recordar historias que inventarlas.
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| Romano Picutti 1908 - 1956 |
Recuerdo cuando escuché por vez primera el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Fue el 26 de septiembre de 1951 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, donde entonces yo vivía. Lo que nos llevó al teatro a mi madre y a mí fue la curiosidad de escuchar a un coro de niños de la provincia mexicana, de Morelia, que estaban ganando cartel entre los conocedores y de cuyo director decían que era el mejor del mundo. Lo cantaron con una orquesta también de provincia, la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), que desde entonces era muy prestigiada y considerada entre las mejores del país. Eran los Niños Cantores de Morelia, treinta y cinco, que cantaron las voces de soprano y contralto. Los adultos, tenores y bajos, eran de un coro que se presentó como de la Catedral de Morelia. No recuerdo los solistas, pero el director fue el maestro Romano Picutti.
| Wolfgang Amadeus Mozart 1756 - 1791 |
¿Y los Niños Cantores de Morelia? Su actuación resultó indeciblemente hermosa. La OSX estuvo en una buena noche, pero nadie la mencionó después del concierto; a los solistas tampoco. El faro que alimentó la inefable velada fueron los Niños Cantores de Morelia, que cantaron como ángeles que desde el cielo dirigiera el mismo Mozart. Pero hubo una figura más señera y reconocida: la del maestro Romano Picutti, verdadero forjador y director inigualado de esa leyenda que son “esos” Niños Cantores de Morelia, los de 1950 a 1960, que, como leyenda auténtica, fueron reales y son irrepetibles.
... O ¿QUÉ TANTO LOS VIEJOS PODEMOS DISFRUTAR DE LO NUEVO?
| Alexis Aranda (1974) |
Esta entrada es de reflexiones sobre mí mismo, a los 87 años de edad y a raíz de haber escuchado recientemente, en una velada de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, el Concierto de fuego, para violonchelo y orquesta, de Alexis Aranda, músico mexicano nacido en 1974; es decir, tiene apenas 50 años de edad; es chiquillo.
No me queda muy claro en mi vida que fue primero, si aprender a leer y escribir o escuchar con atención música clásica. Las dos ocurrieron alrededor de los seis años. La música a través de la radio de entonces en la Ciudad de México, con tres estaciones de AM, que sólo transmitían de esa música, desde muy temprano por la mañana hasta muy noche por la noche. Mi radio, yo tenía uno propio, siempre estaba encendido y sintonizado en una de esas estaciones mientras no estuviera yo en la escuela o durmiendo por la noche. Ahí escuché casi toda la música clásica de la que se disponía entonces y, por supuesto, los compositores conocidos: Beethoven, Chaikovski, Chopin, Schubert, Liszt y todos esos “clásicos”. Desde entonces y desde esa edad, mi madre me llevaba con cierta frecuencia a conciertos sinfónicos los viernes o los domingos al Palacio de Bellas Artes, el Teatro Metropolitan o al Cinema Palacio Chino adaptado como recinto sinfónico los domingos por las mañanas. Así se llegó, en 1949, el día del primer gran acontecimiento musical en mi vida; una noche asistí al Palacio de Bellas Artes para escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven con la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de Sergiu Celibidache. Ese evento dejó una marca imborrable en mi memoria, la primera, y fundó mi archivo mental de la música que me gusta, la que me disgusta y la que me es indiferente.
Ese archivo mental de la música se ha enriquecido durante setenta y cinco años, mayormente con la música "antigua", desde Bach hasta Shostakovich para mí. Ha habido cierto rechazo, aunque no total, por la música más nueva, la totalmente mi contemporánea a partir de la segunda mitad del siglo pasado. Disfruto de la buena música mexicana contemporánea a partir de Silvestre Revueltas y hasta nuestros días, pero la verdad es que rechazo mucha música nueva, en ocasiones sin al menos escucharla una vez.
| Barbara Piotrowska |
El viernes 18 de octubre estuve una vez más en la Sala Tlaqná en el concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), con la idea de disfrutar de la Cuarta Sinfonía de Mendelssohn, que se tocaría como pieza final. Antes del intermedio estaban anunciadas dos piezas contemporáneas de autores latinoamericanos. La dirección estaría a cargo del invitado Martín García, del Uruguay, director titular de la Orquesta Filarmónica de Montevideo. La segunda obra del programa, antes del intermedio, sería el Concierto de fuego, del mexicano Alexis Aranda, compuesta en el año 2009. El solista anunciado era Bárbara Piotrowska, polaca con muchos méritos y ahora principal de la sección de violonchelos de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río, Veracruz.
Y se dio el Concierto de fuego, que conserva el modelo tradicional de tres movimientos independientes, con nombres que designan constelaciones celestes en este caso, y siguiendo también el modelo dinámico clásico de rápido - lento - rápido.
Y órale, que se nos entregó un concierto para violonchelo y orquesta sinfónica de la mayor calidad que se pueda pedir, que compite ventajosamente en sentimiento, belleza y emotividad, con cualquier concierto para violonchelo y orquesta de cualquier época y de cualquier autor, con las ventajas, por ser contemporáneo nuestro, de compartir el modelo actual de nuestros pensamientos y sentires, lo que lo convierte en un consentido de los que vivimos ahora, en el final de este primer cuarto del siglo XXI, aunque tengamos 87 años.
En la interpretación y ejecución estupendas de Bárbara Piotrowska, solista, y la Orquesta Sinfónica de Xalapa bajo la dirección de Martín García, el Concierto de Fuego para violonchelo y orquesta de Alexis Aranda quedará presente en nuestras memorias, por siempre. Gracias.
| Orquesta Sinfónica de Xalapa, en concierto en su casa, la Sala Tlaqná. |
El vino alegra a los tristes, reanima a los viejos, inspira a los jóvenes y hace que el cansancio olvide su trabajo.
1. El vino alegra a los tristes,...
3. El vino inspira a los jóvenes y...
4. El vino hace que el cansancio olvide su trabajo.
Salud !!