Acerca de mí

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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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jueves, 13 de octubre de 2022

INTERMEZZO 43. FOTOGRAFÍAS CONSENTIDAS A TRAVÉS DEL TIEMPO Y LOS LUGARES.





La selección de fotografías para esta entrega no la hice en base a una supuesta calidad técnica o estética, sino sentimental. Son imágenes que me dicen algo, me emocionan o me traen bellos recuerdos. Algunas tienen cincuenta años y ninguna es fatal, no se preocupen.


Esta se llama "Iniciando el camino de la vida". Madre e hijo, éste apenas con  un año cumplido.






La iglesia de mi pueblo, perdón, mi ciudad durante cincuenta años: Morelia y su catedral.









Pobrecillo, se desveló toda la noche estudiando para el examen y reprobó (?)











Entrando a la modernidad...

Puerta principal del Templo de San Francisco en Morelia, siglo XVI.  Hermoso barroco plateresco









Echándose la tlapalería encima...









Ardilla comiendo su nuez en un parque de Chicago...












... frente a un hermoso rascacielos en Chicago.







Muelle en Rosarito, Baja California, México


 






Leyendo el periódico en Colima.






       Aprendiendo de los mayores...

 




         



Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México.                                                            






Orquesta Infantil de Morelia tocando una pieza sinfónica en la Plaza de San Francisco.






"Y nosotros los pobres marinos,
hemos hecho un barquito de vela,
pa' vivir en el fondo del mar     
que ya no se puede vivir en la tierra."  

Los bribones
  Años 60s del 1900




                                                                                  



lunes, 10 de octubre de 2022

DE LOS TRAUMATISMOS CRANEOENCEFÁLICOS O SEA, DE LOS GOLPES EN LA CABEZA.



Los golpes en la cabeza son una calamidad, comenzando por su nombre médico: traumatismos craneoencefálicos, que abreviamos TCE. Por razones de economía en la escritura y de darle ligereza a esta entrada, al referirnos a ellos sólo pondremos la abreviatura.

Gaetano Gandolfi
Caín matando a Abel (ca. 1620)



Y son una calamidad desde el principio de la humanidad si nos atenemos a lo que afirma la Biblia: En el principio Dios creó a Adán y a Eva y los soltó jovenzuelos en el paraíso. Pronto tuvieron dos hijos, Caín y Abel, que crecieron dedicados, probablemente, al pastoreo y la recolección de frutas y semillas. Por envidias generadas porque el Señor apreciaba más los sacrificios que le ofrecía Abel, Caín lo mató con una quijada de burro. Aunque no se menciona como lo mató, debe haber sido golpeándole la cabeza, pues es el único modo de matar a un prójimo con una quijada de burro. Los artistas plásticos que milenios después de ocurrido han reproducido ese hecho, así lo testimonian, pero la verdad es que no se sabe con que arma lo mató, si acaso lo mató y si acaso existieron.




Rudy Coronado fue un modesto boxeador mexicano de Guadalajara que peleó desde 1951 hasta 1962. En ese año, en Acapulco subió al
ring por última vez en su vida. Fue derrotado por la vía del nocaut del que nunca despertó. Lo transportaron a la Ciudad de México, al Hospital de la Raza del IMSS, donde yo era residente de primer año en el servicio de neurocirugía. Llegado en la noche, hicimos los estudios de los que entonces disponíamos e hice el diagnóstico de hematoma subdural agudo y contusión cerebral generalizada severa. Busqué a mis maestros, que no pudieron venir a esa hora y me indujeron a operarlo en la noche con la ayuda de los internos rotatorios de pregrado. Así lo hice, no lo hice mal y constaté la verdad de nuestros diagnósticos iniciales. Rudy Coronado no murió esa noche ni pronto, pero nunca despertó. En estado vegetativo permaneció un buen tiempo; murió fuera de nuestro hospital.


Entonces fui invitado a un programa de televisión para discutir temas de interés social. Expuse mi tesis, que hasta ahora sostengo, de que el boxeo debe ser prohibido, pues es un “deporte ?” en que el objetivo es matar al contrario por TCE. Cada año son varios los boxeadores muertos por eso alrededor de todo el mundo y México aporta su cuota.

Luis Donaldo Colosio

Otro tipo de TCE, pero más frecuente y grave que los anteriores, son los producidos por proyectiles de armas de fuego, es decir, los balazos. Entre todos los muertos que diariamente ocurren por este mecanismo en nuestro país y en otros más o menos iguales de salvajes, hay mucha gente famosa que ha sido muerta por balazos en la cabeza; a saber, los presidentes de los Estados Unidos Abraham Lincoln (1865) y John F. Kennedy (1963), el luchador social y Premio Nobel de la Paz Martin Luther King (1968). En México, los candidatos presidenciales en campaña Álvaro Obregón (1928) y Luis Donaldo Colosio (1994) y muchos más en todos los lados del mundo.

Las causas y mecanismos de los TCE en México son, en orden de frecuencia, accidentes automovilísticos y de motocicleta, violencia, accidentes de trabajo y accidentes domésticos; los dos primeros representan más del 90 por ciento.

En los traumatismo por accidente automovilístico, las razones de las lesiones graves y mortales son, en orden de frecuencia también, exceso de velocidad, estado de ebriedad alcohólica del conductor, no usar cinturones de seguridad  y el uso de teléfonos celulares al manejar. En los accidentes en motocicleta, el NO usar cascos de seguridad, tanto el piloto como el pasajero de atrás.

Para la violencia, ahora tan crecida en México, no tengo palabras para decir de ella. La tristeza y la angustia me lo impiden. La dejo a ustedes como tema de reflexión.

lunes, 3 de octubre de 2022

“EL ANILLO DEL NIBELUNGO". 2: LA MÚSICA DEL MITO.

 

Teatro del Festival de Bayreuth, donde se
estrenó en agosto de  1876
El Anillo del Nibelungo.



En la entrega anterior escribí sobre “El mito del Anillo del Nibelungo”; hoy lo haré sobre la música para ese mito. Me referiré a la Tetralogía de Richard Wagner, obra cósmica que el maestro de Bayreuth entregó a la fascinación de los hombres, cuestionando y enriqueciendo el lenguaje musical y el dramático.


El conocimiento del argumento, que es tal como lo escribí la semana pasada, se presta a interpretaciones diversas que dependen de las posturas sociales o políticas de quienes lo analizan. Así, George Bernard Shaw vio en El Anillo la cristalización dramática y musical de los postulados comunistas, con el derrocamiento de los corruptos y decadentes capitalistas y la toma del poder por el pueblo. Los nacionalsocialistas alemanes del segundo cuarto del siglo XX lo interpretaron como la evidencia del destino manifiesto de la raza aria, pura, descendiente de los dioses y superior. Wagner nunca manifestó un programa político o social de El Anillo, pero es claro que esta obra no se pudo hacer antes de la Revolución Industrial de principios del siglo XIX. Trata de la lucha de una raza de hombres, nacida de los dioses, que sacrificando a los mejores de los suyos se alza victoriosa y toma el poder sobre la tierra. La obra puede parecer subversiva y lo es.

Ese pensamiento, puesto en un marco de poesía medieval alemana, se desarrolla durante casi quince horas a través de un fluido continuo musical, fluido y continuo a pesar de que necesitó veinticinco años para completarse.

Musicalmente, El Anillo tiene muy pocas deudas; su originalidad es abrumadora y desde el empleo de la voz (declamativa, mitad recitativo, mitad arioso y estrictamente silábica) a la ausencia de arias convencionales, desde la trama notable de leitmotiven (“motivos conductores” descriptivos o sugerentes, rítmicos, melódicos o armónicos, que regulan tanto la estructura dramática como la musical) hasta su mensaje poético y filosófico, todo es aporte novedoso a la música del siglo XIX. El flujo sempiterno del Rin, el fuego que rodea la inaccesibilidad de Brunhilda, el oro conflictivo, la espada redentora o cualquiera de los casi cien leitmotiven de la Tetralogía son expresiones musicales que, por su propia esencia, proporcionan a los personajes su completo significado y arrebatan al oyente por su fuerza y poderío excepcionales.

La mejor definición de leitmotiv la hizo Lavignac: “La materialización musical sistemática de una idea dará un cuerpo claramente reconocible y perceptible a un personaje, a un hecho, a una impresión determinada”. Para ello, el leitmotiv debe ser breve, fácilmente reconocible, en consecuencia claramente ritmado y, lo más a menudo posible, confiado al mismo instrumento. El leitmotiv es la sustancia primera de la urdimbre wagneriana y, muchas veces, cuando dice lo que los personajes no dicen o aquello que ni siquiera saben conscientemente, es expresión inefable de fantasías secretas o inconscientes.

En sus reflexiones sobre Wagner, Theodor Adorno dice: “La cohesión de la sonoridad en virtud de su división es una de las características más importantes de la técnica wagneriana. La totalidad nace de su reducción a minúsculos contornos individuales, los cuales, cuando se acercan a un valor límite, pueden fundirse en un continuum y, más aún, son el origen de amplios planos sonoros”.

El eje constituyente de esta narración heroica es la música porque esencialmente la poesía, para Wagner, no es otra cosa que lenguaje pentagramado. Por eso sólo la música puede decir algo cuando todo ha callado, sólo la música puede dar sonido al silencio. Wagner así lo dijo: “Para lograr este resultado es menester que el poeta esté poseído de un vivo sentimiento de las tendencias de la música y de su inagotable potencia de expresión, porque es preciso que construya su poema de manera que penetre hasta en las fibras más delicadas del tejido musical y que la idea que expresa se resuelva enteramente en el sentimiento”.

Paradigma de la imaginación romántica, estas más de catorce horas de música filosófica no se pierden en una maraña de confusión, sino que, gracias a la genialidad del músico y especialmente al sistema de “motivos conductores”, conservan una estructura transparente sin mácula, una posibilidad de abordaje plenamente inteligible. Wagner accede al símbolo, pero este se hace maleable y diáfano en sus manos. Se trata del destino de los dioses y del drama particular del mundo que nos han legado, la paradoja judeocristiana de conciliar la omnipotencia de Dios y el libre albedrío de los hombres

El Anillo tiene la significación singular de un vasto fresco épico, de un organigrama filosófico único en la historia musical donde todas las situaciones humanas posibles (el amor, el erotismo, el adulterio, el incesto, el conflicto generacional, la lucha por el poder, la corrupción del dinero, la mentira, el ansia de trascendencia) se dan cita en esas corcheas dibujadas por la grandeza creadora de un privilegiado. Wagner lo dijo en una carta a Franz Liszt en noviembre de 1852: “El Anillo es el poema de mi vida, de todo lo que soy y de todo lo que siento”.

El Anillo incluye, como mínimo, una decena de relatos superpuestos y simultáneos, muchos de los cuales deben ser sutilmente detectados por el espectador. Esto es como un contrapunto monumental cuyas líneas melódicas estarían constituidas por las partituras vocales, musicales, visuales, y la armonía por sus combinaciones en la escena.

Por su significación en el mundo del arte, por su fuerza épica, por su grandiosidad elocuente y temeraria, por sus muchas horas de pentagrama, por su incesante manantial de sugerencias poéticas y de leitmotiven, Richard Wagner logró en las páginas de El Anillo dialogar con los dioses de tú a tú, inmiscuyéndose no sólo en su vida diaria sino en sus sueños más delirantes, en sus arrebatos más agresivos, en sus nostalgias más hondas, tal como si fueran humanos.

Escena final de El ocaso de los dioses
en la producción del Teatro Real de Madrid
en enero de este año.


lunes, 26 de septiembre de 2022

EL MITO DE "EL ANILLO DEL NIBELUNGO". 1

Las Eddas, en prosa,
en una publicación de 1668







Se llama mito a un relato fabuloso que se supone acontecido en un tiempo remoto y casi siempre impreciso. Los mitos suelen referirse a grandes hechos heroicos que, con frecuencia, son considerados como el fundamento y el comienzo de la historia de una comunidad o del género humano en general. La mitología es la recopilación de los mitos de un pueblo.



La mitología de los germanos fue elaborada en los primeros doce siglos de nuestra era y recopilada por un islandés anónimo del siglo XIII en una colección de poemas conocidos como Eddas, que contienen un poema cosmológico llamado Voluspá seguido de otros que se refieren a los dioses y a los héroes. La otra fuente y a su vez producto de la mitología germánica es el Cantar de los Nibelungos, epopeya popular recopilada en el siglo XII, en la que se relata la historia de Sigfrido: su origen, su casamiento, sus hechos heroicos, su asesinato, la venganza de su viuda y la destrucción del reino de los burgundios por los hunos.

Richard Wagner (1813 - 1873)

Una primera lectura de las Eddas y del Cantar de los Nibelungos deja más confusión que conocimiento, pues son infinidad de hechos y protagonistas, repetidos en muy distintas versiones, con diversos nombres para los mismos personajes y mezclado todo en un tiempo tan confuso y antiguo que no permite crear cronología alguna. Richard Wagner tomó toda esa mitología, la ordenó como el creyó que debió ser, editó los hechos y los personajes conforme a sus ideas sociales y nos heredó la versión moderna de la mitología germánica, que es la que nos ha permitido, a muchos germanos y no germanos, conocerla. Wagner no agregó ni un hecho ni un personaje; solamente hizo el poema que habría de usar para esa creación magna del genio humano: El Anillo del Nibelungo, festival escénico en un prólogo y tres jornadas.

El oro del Rin

 

En el prólogo, que lleva el nombre de El Oro del Rin, todo es fantástico y no actúa ser humano alguno. Aparece el fondo del legendario río, donde sus tres hijas custodian la roca que contiene el mágico tesoro del oro del Rin. Alberico, nibelungo, del imperio de las sombras, feo y deforme pero astuto, roba el mágico tesoro, renunciando con ello al amor.

Aparecen las montañas donde destaca el Walhalla, suntuosa residencia que han mandado construir los dioses, prometiendo como pago a Freia, diosa de la juventud. Wotan, el padre de los dioses, se niega a reconocer la deuda, y los gigantes constructores aceptan trocarla por todo el oro del Rhin y el mágico anillo que con él se fabrica. Los dioses deberán quitárselo a Alberico.

Los dioses descienden al antro de los nibelungos, donde Alberico tiene como esclavos a múltiples enanos y a su hermano Mime. Con engaños y traiciones los dioses le roban el oro y el anillo que da infinitos poderes, así como el tarnhelm, yelmo de malla que puede volver invisible a su poseedor o cambiarlo en cualquier otro ser. Todo lo entregan a los gigantes Fasolt y Fafner. Éste mata a su hermano, disputando por el anillo y se retira con todo el tesoro, solo desdeñando una espada. Los dioses sienten que su destino esta amenazado, pero deciden ocupar su palacio. Donner, dios del trueno, provoca una tempestad y después de ella, por el arco iris que aparece, ascienden al Walhalla.

La valkiria



En la primera jornada, que por nombre lleva La Valkiria, ocurre el encuentro amoroso de dos hermanos gemelos, Sigmundo y Siglinda, hijos del dios Wotan y una mortal. Siglinda ha sido obligada a ser la esposa de Hunding, un rudo cazador, a quien adormece para huir con Sigmundo después que este ha logrado arrancar la espada mágica, la Nothung, que estaba destinada para el héroe que habría de asegurar para los dioses el poder del mundo.

 

 Las valkirias, hijas de Wotan y de Erda, diosa de la tierra, son las encargadas de llevar al Walhalla a los héroes caídos en la lucha. Brunhilda, la favorita de su padre, es enviada a ayudar a Sigmundo, perseguido por Hunding; pero Fricka, esposa de Wotan y diosa defensora del derecho conyugal, exige que Sigmundo sea vencido. Brunhilda se propone defender a Sigmundo, pero Wotan, acosado por su esposa, hace que éste muera. La espada de Sigmundo queda rota y Siglinda huye protegida por Brunhilda.

A la roca de las Walkirias, en la cima de una montaña, llegan Brunhilda y Siglinda, para quien Brunhilda pide protección a sus hermanas, pero estas temen la cólera de Wotan. Brunhilda hace que huya Siglinda, anunciándole que está encinta de un hijo que se llamará Sigfrido, quien será el héroe que matará al dragón que cuida el Anillo maldito. Wotan, en un diálogo de sentimientos encontrados, le reprocha a la hija la desobediencia y esta le responde que hizo lo que en el fondo Wotan quería que se hiciera. Wotan lo entiende, pero Brunhilda debe ser castigada. Quedará en un sueño profundo y será despertada por un héroe que no conocerá el miedo. El cuerpo durmiente de Brunhilda queda envuelto en una muralla de llamas.

Sigfrido enfrenta al dragón

La segunda jornada, que se llama Sigfrido, continúa la historia de la Walkiria veinte años después. Siglinda murió al nacer Sigfrido y como herencia le dejó los pedazos de la espada de su padre. Sigfrido se ha criado con el enano Mime, hermano de Alberico, y es un joven vigoroso e insolente que no conoce el miedo. Mime, que es herrero, no ha logrado unir los pedazos de la espada de Sigfrido con la cual podría vencer a Fafner, transformado en un terrible dragón que cuida la caverna del anillo. Sigfrido funde la espada y a golpe de martillo la forma y tiempla. Jubiloso, blande la Nothung y se encamina al bosque, mientras Mime prepara un brebaje para matarlo en cuanto tenga el anillo.

En el bosque, a la sombra de un tilo, Sigfrido escucha los mágicos murmullos de la floresta y el canto de los pájaros. Se siente extasiado, pero no entiende su lenguaje. Los llamados con su cuerno de caza atraen al dragón, a quien vence en titánica lucha hundiendo su espada en el corazón de Fafner. Al sacar la espada, la ardiente sangre le moja un dedo que el se lleva a la boca. En ese momento Sigfrido comprende el lenguaje de los pájaros. Uno le aconseja entrar a la caverna, apoderarse del yelmo mágico y del anillo. Avisado por el pájaro de la estratagema de Mime, pronto lo mata. A poco, el canto del pájaro le dice de la roca donde duerme Brunhilda y le muestra el camino.

Erda, la diosa de la Tierra, le anuncia a Wotan que se acerca el ocaso de los dioses, los cuales deben dar lugar a la humanidad triunfante, la de Sigfrido y Brunhilda. Sigfrido llega a la roca y cuando Wotan quiere impedir su paso, le rompe su báculo y el padre de los dioses desaparece para siempre. Sigfrido avanza a través de las llamas. Surge el día y con tímida emoción besa en los labios a Brunhilda que despierta. Ha dejado de ser valkiria para convertirse en mujer y, rendida, caer en los brazos de su esposo.
El ocaso de los dioses


La última jornada es El Ocaso de los Dioses. Las Nornas, hermanas del destino, anuncian el fin de la era de los dioses. Mientras tanto, en la roca de las valkirias, Brunhilda y Sigfrido se juran fidelidad eterna. Sigfrido le entrega el Anillo a Brunhilda y esta le da su corcel favorito y su armadura. Se despiden, pues Sigfrido viaja al Rhin, al castillo de los Gibichungos, cuyos reyes, Gunther y su hermana Gutruna, se han aliado con Hagen, hijo de Alberico, para tomar el anillo y el Oro del Rhin. Gutruna le ofrece a Sigfrido una bebida mágica que lo hace olvidar a Brunhilda y enamorarse de Gutruna. Gunther quiere conquistar a Brunhilda y Sigfrido se la promete si Gutruna se casa con él. Con ayuda del yelmo mágico, Sigfrido se transforma en Gunther y va a la roca en busca de Brunhilda, a quien arrebata el anillo.

Al regresar al castillo de los Gibichungos, Alberico y Hagen conjuran para tener el anillo y este se dispone a preparar la doble boda, Gunther con Brunhilda y Sigfrido con Gutruna. Al llegar Brunhilda y Sigfrido todavía bajo los efectos del brebaje del olvido, le pide explicaciones. Sigfrido la desprecia y ella lo acusa de traidor. Hagen promete vengarla y organizará una cacería en la que se atribuirá la muerte de Sigfrido a un jabalí.

En un valle cerca del río las hijas del Rin se recrean y se lamentan de la pérdida de su tesoro. Llega Sigfrido que se encanta con su gracia y belleza. Le piden el anillo y él se burla de ellas. Las ninfas lo amenazan y le anuncian su próxima muerte. Hagen y los cazadores se unen a Sigfrido, y antes de matarlo le ofrecen una bebida para que recobre la memoria. Con la lanza clavada por la espalda Sigfrido expira, enviando un supremo adiós a su bien amada Brunhilda. Un cortejo fúnebre conduce el cuerpo del héroe muerto a la sala del castillo de Gunther, donde Gutruna cae abrazando el cuerpo de su esposo. En la disputa por el anillo Hagen mata a Gunther y cuando el asesino se aproxima al cadáver para apoderarse de la joya fatal, el brazo de Sigfrido se levanta en solemne amenaza. Termina la tragedia con la inmolación de Brunhilda en la pira funeral de Sigfrido. Toma una antorcha, enciende la hoguera, salta sobre su caballo y se lanza en medio de las llamas. Como una visión, el cielo se incendia y el Walhalla se desploma en el horror grandioso de un océano de fuego. El oro y el anillo maldito regresan al río y la tierra es entregada a los hombres.





jueves, 22 de septiembre de 2022

INTERMEZZO 42. HOJAS DE LA VEGETALIA VERACRUZANA.





Recién que me cambié a las Tierras Altas de Veracruz hace cuatro meses, me contactó una amiga que tampoco es de aquí pero recién había visitado el estado. Me confesó: Lo que más me impresionó de Veracruz fue lo verde y la comida. Tal afirmación la he vuelto a escuchar de un par de personas, también inmigrantes. Yo la comparto, pero le agregaría el agua. No me atrevo a hacer una entrada en este blog sobre la comida, pero sí sobre el agua y lo verde, color que le dan las hojas de su vegetalia.



Lo verde de Veracruz lo dan sus bosques, sus selvas y sus jardines. Lo verde son las hojas, que multiplican por millones a las flores que podrían dar otros colores. Las ciudades y los pueblos no revierten el verdor, son verdes. Van imágenes de la verde Veracruz.







            


               Desde salir de casa...





































No todas las hojas son verdes...







... pero los paisajes, sí.













































































































































































Verde, que te quiero verde...



lunes, 19 de septiembre de 2022

PASADO, PRESENTE Y FUTURO DEL VINO EN CHINA.

Estandarte de Ur,  Mesopotamia. Tablero sumerio de 5,000 años de antigüedad.
Representa la paz y muestra un brindis con vino, el más antiguo que se conserva.

Los primeros testimonios fidedignos que tenemos del vino y la vinicultura por el género humano datan de unos ocho mil años y se reconocen en el Cáucaso, esa región donde coinciden Europa y Asia  y que ahora ocupan Georgia y Armenia. De una industria vitivinícola formal, el primer testimonio es de mil años después, en la Mesopotamia, en el terreno de la antigua Persia, ahora el país islámico Irán. Ahí el testimonio fue escrito por los sumerios en tablillas de barro y escritura cuneiforme. Hace cinco mil años, el arte e industria de hacer vino en grandes cantidades se dio en Egipto y por mucho tiempo, miles de años. El vino en Europa, a través de Grecia y Roma es muy posterior. Los caminos de esta expansión son conocidos y entendidos y de algunos de ellos he dicho en entradas previas de este blog.




De la vinicultura en China se sabe que existe desde hace unos cuatro mil años, pero nadie se atreve a sugerir los caminos por los que llegó a ese Extremo Oriente y es posible que no haya llegado de lugar ni por ruta alguna, sino que haya sido nativo, como sucedió en el Cáucaso. Pero el hecho es que, desde entonces, los chinos tienen vino y lo consumen y disfrutan de los mismos modos que lo hacemos los occidentales.

Monumento en la montaña a Mao Zedong,
 joven, en su provincia natal en China








Una pregunta a la que no he encontrado respuesta es si el consumo de vino en China estuvo prohibido o por lo menos limitado durante el régimen de Mao Zedong (1949 - 1976), que tuvo tintes nacionalistas extremos.



Vinos chinos actuales en el comercio




A partir de la muerte del caudillo, las relaciones políticas y económicas entre el Occidente y China se abrieron en los dos sentidos; todo lo que se puede se le vende a China y China nos vende todo, porque ahora todo se hace en China. Los franceses, españoles, chilenos y argentinos se han apresurado a vender grandes cantidades de vino a China y ha sido exitoso su mercado. Pero los chinos, que son casi dos mil millones en un terreno casi infinito, han crecido notablemente su industria vitivinícola y amenazan con invadir el mundo entero con sus vinos. Yo los probaré con gusto; estoy seguro que los hay buenos.

Li Po (699 - 762)





En todos los países en que se hace y bebe vino, se ha hecho poesía alusiva, desde siempre y hasta ahora; este blog es testigo de ello. Cierro esta entrada con una poesía  de Li Po, que sobresalió en la época de mayor esplendor de las letras chinas. Bohemio, gran bebedor y desordenado, fue amante de la naturaleza, buen músico y parece que pendenciero. Murió una noche cuando iba en una barca sobre el río Yang Tse; borracho, quiso alcanzar la luna que se reflejaba.






Una jarra de vino entre las flores,
No hay ningún camarada para beber conmigo,
Pero invito a la luna 
Y, contando a mi sombra, somos tres...
Más la luna no bebe 
Mi sombra se contenta con seguirme,
Tardaré poco en separarme de ella;
¡La primavera es tiempo de alegría!

Si es la vida un gran sueño,
¿Para que atormentarse?
Yo bebo todo el día.
Cuando me tambaleo,
Me duermo al pie de las columnas,
Despierto bajo el sol;
Oigo cantar un pájaro oculto entre las flores.
¿Qué hora será?
El viento de la primavera
Difunde la canción del ruiseñor,
Me siento conmovido y pronto a suspirar,
Más me sirvo otra copa.
Y canto yo también como los pájaros.
Cuando la noche llega a relevar al sol,
Se agotan mis canciones,
mas he perdido ya de nuevo
la sensación de lo que me rodea.

¡Qué corto es el día!
y aún cien años son nada.
El firmamento azul asciende al infinito,
y el tiempo es sólo una lucha eterna con los elementos.
Maku, reina de los inmortales, ostenta sus eternos moños,
Pero en ellos abundan los cabellos de nieve.
Y el rey del cielo, al ver a las vírgenes de jade,
ríe a carcajadas mil, diez millones de veces.
Y yo intento enganchar los seis dragones 
al carro solitario para subir a Oriente.
E invitaré a los dragones a beber exquisito vino
en la Osa Mayor, inmensa copa,
no busco la riqueza, no busco los honores;
puesto que soy mortal sólo pretendo vivir en juventud.




lunes, 12 de septiembre de 2022

DEL PÚBLICO DE LA MÚSICA.

Rembrandt van Rijn
La ronda nocturna (1642)



En ocasiones, cuando comento algún evento musical, hablo del público y lo critico. Es que el público forma parte de la obra misma. Como en todas las artes, para que se dé el fenómeno estético, se requiere del público; sin él, no hay arte.




Si nadie hubiera visto la Piedad de Miguel Ángel, el Partenón en Atenas o La ronda nocturna de Rembrandt, tales piezas no existirían como obras de arte. Es más, si no hubieran rebasado un ámbito familiar, tampoco lo serían. Y visto desde el punto de vista opuesto, para un individuo no existe una obra de arte si no la conoce, aunque el resto del mundo sí. Para que exista la obra de arte deberá haber un emisor, el artista, y un receptor, el público, escaso o numeroso, en quien incida el mensaje estético. Entonces resulta que hay tantas obras de arte como público que se expone a ellas, pues cada uno recoge, analiza e interpreta el mensaje de modo distinto. Hay tantas Giocondas de Leonardo da Vinci y paisajes bucólicos de José María Velasco como personas los hayan visto.


La música, como el teatro y la danza, es más compleja, pues requiere de un intérprete, un intermediario que tome el mensaje del autor y lo lleve al público. Este intermediario le pone lo suyo a la obra, con el resultado de que el número de Quintas Sinfonías de Beethoven es el producto de multiplicar el número de oyentes por el número de intérpretes, sin tomar en cuenta que el mismo oyente e intérprete harán de la misma obra de Beethoven, una distinta cada día, pues su estado de ánimo, tan importante al afinar la sensibilidad, es distinto cada día. Así de complejos somos los humanos.


Juzgar a una obra musical es difícil, pues hay que considerar a todos los hechores, incluyéndose a uno mismo y, exceptuando a la música programática, el mensaje que cada uno recibirá será diferente. Juzgar a un intérprete, solitario o múltiple, tampoco es fácil, pues salvo desafinaciones o destiempos muy obvios, que van claramente en contra de lo prescrito, solemos calificar como buen intérprete a aquel que nos hace llegar el mensaje del autor con un sentimiento parecido al nuestro y malo al que tiene un sentimiento diferente.

Calificar al público no es posible, entre otras cosas, por el concepto plural que su nombre indica. El público nunca se equivoca. En todo caso, la reacción de una mayoría del público estuvo de acuerdo con la mía o fue diferente, pero si yo la juzgo mala, igual derecho tiene cualquiera del público de calificar mi gusto como malo. Es cierto que hay públicos más conocedores que otros, porque han oído más, y es de esperar que estos públicos puedan establecer un número mayor de comparaciones para, como grupo, calificar una obra musical o a un intérprete; pero el público nunca está equivocado.

Puede pedirse a un público una apertura de espíritu, es decir, que esté dispuesto a escuchar, con atención crítica, a todos los autores e intérpretes que se le ofrezcan, para después de ello, juzgarlos con conocimiento de causa. Debe pedírsele que sea respetuoso de los intérpretes, del resto del público y de sí mismo, permitiendo que, sin distracciones, cada uno reciba la obra. Se le puede pedir, también, que sea congruente en su reconocimiento; que no aplauda por rutina si no le gustó, pero que no sea tacaño con sus aplausos si la pieza fue de su agrado. El público no se equivoca, pero esa infalibilidad debe ser responsable, pues un buen público genera un arte mejor.

El público es artista también y, como los autores y los intérpretes, tiene la responsabilidad de hacer bien su papel.