Acerca de mí

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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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jueves, 16 de marzo de 2023

INTERMEZZO 52. DE MI PASADO RECIENTE.



Éste soy yo en mi pasado reciente, es decir, pocos meses antes de emigrar a las Tierras Altas de Veracruz. Desde entonces caminaba yo diariamente por los redores de mi casa, que está a la mitad de una montaña y que, por lo tanto, siempre hay que subir y bajar si se sale de ella. Como ahora, siempre salí con teléfono-cámara al cinto y en pocos años me llené de miles de fotografías que conservo almacenadas en unidades informáticas. Algunos cientos usé en los intermezzi primeros de este blog cuando vivía en Morelia y unas cuantas en alguna que otra entrada desde mi lindo pueblo de ahora; el día de hoy volveré a hacerlo, porque revisando viejos archivos con la idea de desentilicharme, he encontrado muchas fotografías que merecen compartirse. Vale y sale.






























































Estos son los guardianes del Valle de Guayangareo
A la izquierda las Tetas      A la derecha el Quinceo
















Fantasmagóricas amarillas...
















Azáleas en la Facultad de Medicina













Nochebuenas extemporáneas...


 Esto no es Morelia, por supuesto, sólo es de los 
tiempos de Morelia, es Cuyutlán, Colima; pero 
lo trascendental  de esta fotografía se explica en 
la siguiente, que es apenas un fragmento de esta.

Aprendizaje




El niño mayor ha adquirido una habilidad de correr por el palo y al llegar al final en alto, se lanza a la ola en el momento en que esta llega. El niño menor, probablemente su hermanito, lo admira y le aprende observándolo.
La fotografía se llama: 








Y bueno, ya que salimos de Morelia, les presento esta Luna con palmeras de una playa de Rosarito, Baja California, de los mismos tiempos de las fotos anteriores.
















En Morelia hay telarañas gigantes para capturar humanos... ¡Palabra que sí!













¡Buenos días, buenas tardes o buenas noches!



















lunes, 13 de marzo de 2023

LA MÚSICA COMO ENFERMEDAD NEUROLÓGICA.

Vector de nota musical 3d la clave de sol melódica es un símbolo de color  gris acero, un elemento conservatorio clásico y música moderna | Vector  Premium


Esta entrega me coloca en una situación especialmente sensible, la de la música como enfermedad del sistema nervioso. La música y la neurología son pasiones fundamentales de mi vida. Llegó primero la música, cuando tenía yo menos de diez años; la medicina es mi profesión y la neurología y la neurocirugía las especialidades que bien ejercí por más de cincuenta años, la neurología clínica hasta hace nueve meses, a raíz de que emigré a las Tierras Altas de Veracruz. El detonante de este conflicto emocional ha sido la lectura, por segunda ocasión, del libro Musicofilia de Oliver Sacks, eminente neurólogo, escritor clínico, divulgador de la ciencia y músico no profesional; falleció en el 2015. La condición es compleja y trataré de explicarla, antecediendo a ello algunas premisas que la sostengan.

Premisa primera: La música es un arte que se da en el tiempo, no en el espacio. Es creación del sistema nervioso central, es una función de este mismo y en la actualidad no hay misterio, en términos generales, en su mecanismo de producción, aunque no hay precisión cognitiva de  los detalles de localización funcional cerebral de sus diferentes elementos constitutivos; es un lenguaje que comunica ideas.


Imagen de un corte transversal del cerebro
donde  se han agregado puntos de colores
en áreas corticales funcionales de la música.



La música, como una función compleja del sistema nervioso, se genera en la corteza cerebral, el máximo nivel funcional del cerebro. No se da en un área única fija, se da por la interacción compleja de áreas cerebrales corticales conectadas a modo de red, que parecen predominar en los lóbulos frontal y temporal, mayormente del hemisferio derecho, de función sensitiva, motora y emocional. Finalmente es un lenguaje, sonoro y gráfico, que si bien pudo ser más antiguo en la historia evolutiva del homo sapiens - sapiens, ahora ha dejado su lugar de prevalencia al lenguaje verbal, también sonoro y gráfico, es decir, hablado y escrito.



El verbo, el lenguaje de las palabras dichas o escritas, es también una función compleja del sistema nervioso, se genera en la corteza cerebral, el máximo nivel funcional del cerebro. Tampoco se da en un área única fija, se da por la interacción compleja de áreas cerebrales corticales conectadas a modo de red, que tienen localizaciones bien conocidas, predominantemente en el hemisferio cerebral izquierdo, en el lóbulo frontal y en la encrucijada temporoparietal.

Premisa segunda: Las anormalidades de una función compleja del sistema nervioso pueden ser cuantitativas y cualitativas; las cuantitativas pueden ser de más o de menos, las cualitativas son de calidad. Pongamos ejemplos, primero del movimiento.

La anormalidad negativa de la función motora es parálisis (ausencia de movimiento) o disminución de su fuerza; la anormalidad positiva es el movimiento excesivo e involuntario, como los temblores, los tics o los ataques epilépticos motores.

La anormalidad negativa de la función sensitiva es la anestesia, no sentir; la anormalidad positiva es sentir lo que no existe, alucinación sensitiva, y el equivocar lo que se siente se llama parestesia. Esto se aplica a todas las formas de sensibilidad: tacto, dolor, temperatura, propiocepción, olfato, vista, oído, gusto y orientación espacial.

En el lenguaje verbal, se llama afasia motora a la incapacidad de transmitir ideas con lenguaje verbal, oral o escrito, y afasia sensitiva o sensorial a la incapacidad de entender el lenguaje, oral o escrito. Existen también las variantes de entender o expresar equivocadamente el lenguaje, se llama parafasia. Esto, siempre y cuando se dé  en alguien que previamente tenía una función de lenguaje verbal normal.

En la música, la anormalidad negativa es la amusia, término con el que se denomina a trastornos que inhabilitan para reconocer tonos o ritmos musicales o de reproducirlos, lo que a su vez puede acarrear problemas con la escritura o la dicción. Como todos los trastornos de funciones del sistema nervioso tiene variantes;  las reconocidas son: 

  • Amusia motora, cuya expresión clínica es la incapacidad para silbar o cantar.
  • Amusia perceptiva, cuya expresión clínica es la incapacidad para discriminar los tonos.
  • Amnesia musical, cuya expresión clínica es la incapacidad para reconocer canciones familiares.
  • Apraxia musical, cuya expresión clínica es la incapacidad para interpretar música.
  • Agrafia musical, cuya expresión clínica es la incapacidad para escribir música.
  • Alexia musical, cuya expresión clínica es la incapacidad para leer música.

Todos estos términos se refieren a la pérdida de funciones previamente adquiridas; un individuo que nunca aprendió a leer música, NO puede tener alexia musical.

Ahora bien, las anormalidades positivas en la música pueden ser alucinaciones o ilusiones musicales o crisis epilépticas parciales de manifestación compleja musical. Las alucinaciones consisten en escuchar música que no se está dando en ese momento; las ilusiones consisten en interpretar como música sonidos que no son musicales y las crisis epilépticas son ataques o inicio de ataques epilépticos que pueden ser muy severos.

Todo lo que he descrito de la música como enfermedad es un síntoma y no una enfermedad, es decir, su identificación obliga a buscar la enfermedad que lo causa. Las causas posibles son varias, pero  todas radican en el cerebro, en áreas corticales cerebrales responsables de la función de la música: tumores, infartos, infecciones o traumatismos también focales. El tratamiento, obviamente, deberá ser de la causa y no del síntoma musical.

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Existe la contraparte optimista a esta entrega, que es LA MÚSICA COMO TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES NEUROLÓGICAS; de eso diré en ocasión posterior.









lunes, 6 de marzo de 2023

ANECDOTARIO DEL VINO 1

Estandarte de Ur, Mesopotamia. Tablero sumerio de 5000 años de antigüedad.
Representa la paz y muestra un brindis con vino, el más antiguo que se conserva.


Del vino se sabe que los humanos lo consumimos desde hace unos ocho mil años y que su origen se dio en el Cáucaso. Del descubrimiento que dio lugar a tal afirmación, se infiere también que el vino era toda una industria que lo surtía a una población consumidora y que seguía, para la consecución final de tal bebida, un proceso similar al que se usa en la actualidad en todo el mundo para ello.

Se ha dicho que el vino vino a ser un producto gourmet a finales del siglo XIX y que antes de ese tiempo era bebida de desarrapados para abajo en la escala social. El Estandarte de Ur, que encabeza esta entrada y que data de cinco mil años, muestra el brindis con vino de siete jefes de estado que celebraban la concordia entre ellos con vino que seguramente era bueno y que se ofrecía en ocasiones tan trascendentes como ese pacto de paz. Seguramente era un buen vino.

Y ahora, una anécdota que refuerza lo aquí dicho:

Alejandro III de Escocia
1241 - 1286





En el banquete de bodas del rey Alejandro III de Escocia, en el año 1251, se bebió el equivalente a 135,000 botellas de vino para acompañar 60,000 arenques, 1,300 ciervos, 7,000 gallinas, 170 jabalíes y 70,000 hogazas de pan. Por supuesto que fueron miles de invitados y yo no fui incluido.

Esta anécdota la encontré curioseando por la Internet. Después busqué exhaustivamente otra referencia que la confirmara; no la encontré. ¿Será cierta o la inventaron? Yo creo esto último.





El degüello del Oporto

El vino de Oporto, que para los amigos sólo es el Oporto, es originario de esa bellísima ciudad y puerto de Portugal, que sin más recato se abre a la mar en el Océano Atlántico. Tiene mucha historia, en la que se distingue la de su vino, con características especiales que lo hacen único en el mundo. Hay tinto y hay blanco, pero es un vino de alta graduación alcohólica, hasta del 25%. Esto se consigue porque el proceso inicial de fermentación del mosto en un momento dado se interrumpe al agregarle destilado de uva, brandy, lo que detiene la fermentación y le deja una consistencia y sabor únicos. Como en todos los vinos, hay diferentes calidades y precios, pero el Oporto, en general, es caro.

Hay una tradición más que centenaria en la región: A las niñas, desde que nacen y con cualquier motivo festivo, se les regalan botellas de Oporto, que van juntando en casa por años para abrirlas en su fiesta de bodas; eso significa qué hay vinos de veinte, veinticinco o más años, que en general están magníficos para gustarlos. El Oporto dura bien, pero lo que puede echarse a perder con el paso de los años es el corcho, que la humedad continua a la que está expuesto lo pudra; al descorcharlo se fragmenta en muchos pedacitos que contaminan el vino y lo echan a perder; tantos años y cuidados tirados al basurero.


En Portugal y ahora en muchos países civilizados del mundo, degüellan la botella para no descorcharla. Se utilizan unas pinzas tijeras que se calientan al rojo vivo y se aplican alrededor del cuello; después de un tiempo conocido por los somelieres expertos en ello, retiran la pinza tijera caliente y con agua helada enfrían lo quemado; entonces, con una ligera torción del cuello se desprende la boca de la botella con el corcho intacto. Esto es el degüello del Oporto.


Voy a terminar con una anécdota personal referente al Oporto.

Hace poco menos de cincuenta años ya hubo en casa una cava familiar con capacidad hasta de doscientos botellas de vino. Siempre fue muy variado su contenido, con preferencia de los tintos y siempre hubo Oporto, aunque nunca mucho. Por entonces conocí la anécdota de las botellas de Oporto que las novias portuguesas aportan, o por lo menos aportaban, como dote para su fiesta de bodas; todas les habían sido regaladas. Para entonces, mi hija tenía menos de diez años y decidí juntarle botellas de Oporto que llevara como dote a su fiesta de bodas. La fiesta tal nunca se dio y muchos años después ahí estaban las botellas de Oporto, muy viejas, algunas con casi cuarenta años de edad.

Ésta era una marca favorita en nuestra cava



Nos llegó el Covid 19, el encierro justificado, el no trabajar y después trabajar en forma limitada y finalmente la emigración a las Tierras Altas de Veracruz, desde donde ahora escribo. La cava se vació por consumo familiar de sólo dos. Dos o tres veces por semana se abría una vieja botella, que no se reponía, pues no salíamos de casa. En algún momento le llegaba el turno a un Oporto, que los había, pocos, hasta de treinta años de viejos. Yo sabía del riesgo de los corchos, pero ni modo; nunca tuve las pinzas tijeras para degollar una botella, no las podía conseguir y mucho menos aprender a usarlas. Abría las botellas de Oporto en la forma convencional de extraer el corcho y me llegaron a tocar dos con el corcho podrido que salió apedazado. No cundió el pánico; decanté el contenido de la botella a través de un coladorcito de agujeros muy pequeños y santo remedio, el Oporto resultó estupendo: añejo, sano, vital y exquisito. ¡Cómo lo disfrutamos!

¡Salud!


 








jueves, 2 de marzo de 2023

INTERMEZZO 51. ¡DE TRES TEMAS!













                   "Pelillo de gato" es el pasto.












Son tréboles pequeñitos,
goteados de rocío.








Pastos con gotas que hacen función de lentes.                                           



















Semillero de liquidámbar, 
caído y llovido.           
    





      
             ... y este es el liquidámbar.









No es un perro escondido del chipi chipi, es una hoja caduca de liquidambar.














               
        De mis hojas consentidas




























             Todas son hojas.





























                  



 ¡Ayy... pobre!
                   ¿Qué le pasó a ésta hoja?

                                                                                                 
                                                                                                                      
















Seca del tronco, reverdece en lo alto.
(Los cables eléctricos no cuentan)




































No son flores, pero cuentan.





lunes, 27 de febrero de 2023

¿ES EL HOMBRE UN ANIMAL MUSICAL?



      









Si puedes hablar, si puedes pensar, puedes hacer una canción.

Dadie Aime Loh





En el número de diciembre 2001 - enero 2002 de la revista Natural History apareció un artículo de Susan Milius titulado Face the music (Mirando a la música), en el que discute, sobre la base de opiniones de científicos especializados calificados, si acaso el hombre es una especie musical, ¿por qué y qué papel ha jugado la música en su evolución? La ilustración principal del artículo es la fotografía de arriba: un niño parisino  callejero de los años treinta del siglo XX que vierte su alma entera en la música. El artículo es la mar de interesante, comparto la mayoría de sus asertos y me ha inducido a preparar esta entrega para ustedes.

Parece ser que todos los humanos somos musicales. Hasta los de oído más duro responden a la música fúnebre en un entierro, al jugueteo de una danza popular o con nerviosismo ante la música de una película “de suspenso”. El que esto no suceda, porque no se puedan reconocer las melodías, se llama amusia y es una condición infrecuente del funcionamiento cerebral. La música es universal. Se ha dado y se da en todos los pueblos, con frecuencia como parte importante de la tradición cultural y a pesar de prohibiciones que en ciertos tiempos se han dictado para la música en algunos pueblos. Cambian los estilos y los instrumentos, pero la música está presente.

Coro de trabajadores de la
Secretaría de Educación Pública, México. 

Lo que es diferente es el papel que la música juega en las sociedades. En las comunidades antiguas y aun ahora en las sociedades no occidentales o no occidentalizadas, la música la hacen todos, como parte del trabajo, en la casa o fuera de ella, para educar a los hijos, convivir en sociedad o con fines religiosos, ya sea que anden persiguiendo ballenas, arrullando a los recién nacidos o comunicándose con el espíritu de los pájaros. En la sociedad occidental, capitalista e industrializada, se festina a los músicos especialmente dotados, pero se silencian todos los demás. Una creciente industria de grabación y venta de sonidos ha convertido a la música en una comodidad de consumo, haciendo de la música social algo fútil.

A pesar de esto, el hombre parece ser un ente musical, pero ¿por qué? ¿Tiene la música una función biológica? ¿Ha tenido que ver la musicalidad con la evolución de nuestra especie?

Si la música es un carácter universal del hombre, su origen debe estar en nuestros cerebros y en nuestros genes. Existe evidencia médica de que así es, pues enfermos que han sufrido una lesión cerebral vascular se han repuesto hasta hablar normalmente y reconocer sonidos del ambiente, pero quedan incapaces de reconocer melodías que antes del evento les eran familiares; quedan con amusia. Algunos son capaces de emocionarse en el momento con el carácter triste o alegre de la música, pero no reconocerla. El caso contrario es el de Vissarion Shebalin, compositor ruso que sufrió de un infarto cerebral que lo privó casi totalmente del lenguaje verbal, pero pudo componer su Quinta Sinfonía. Evidentemente se trató de sitios diferentes del daño cerebral.

Madre maya yucateca que arrulla a su bebé
Koonex, koonex palenxen.
..


Estudios de desarrollo neural de bebés hasta de ocho meses de edad, han demostrado que el niño es más sensible a diferencias de tonos y que puede distinguir entre tonos muy cercanos. Hay quien piensa que todos los bebés de esa edad tienen oído absoluto, es decir, la capacidad de discriminar entre tonos vecinos sin estar en el contexto de una escala. Parece ser que esa habilidad se pierde conforme se madura.

Acerca del papel que la música ha jugado en la evolución de la especie humana o del papel que la evolución ha jugado en el desarrollo de la música, Darwin propone que la música surgió a través de una selección sexual, algo parecido al canto de los pájaros que se da en la época de celo como parte del cortejo. Escribió: “Parece probable que los progenitores del hombre, hombres o mujeres o ambos, antes de adquirir el poder de expresar su amor mutuo en lenguaje articulado, procuraron seducirse con notas musicales y ritmo.” La música sería un elemento de competencia sexual.

Hay otras opiniones. Una de ellas sostiene que la música se originó por su capacidad de promover la cooperación y que ese fenómeno se inicia desde la cuna, con las canciones a dúo que acercan a la madre y al hijo y que persisten mientras el niño necesita ayuda de los padres. Es muy conocido el hecho de que quienes cuidan a los niños, los arrullan y los entretienen con música o por lo menos, con elementos sonoros que tienen muchos elementos de la música. Si esto se aplica a grupos mayores, que juntos cantan, bailan u oyen música, la música puede consolidarlos como un clan, un pueblo o una nación. Hay muchos estudios de psicología experimental que tratan de demostrar los caminos cerebrales para esto, pero su descripción completa está mucho más allá de los alcances de esta entrada.

Una idea muy impactante de los beneficios de la música para la humanidad naciente es aquella que propone a la música como “un campo de juego” para el pensamiento. El hombre tiene la cualidad única de su inmensa flexibilidad mental que le permite hacer abstracciones a partir de objetos externos y concretos, crear ideas a partir de elementos físicos. Ahora entendemos esto muy bien cuando lo analizamos con nuestro lenguaje verbal, pero al parecer hubo, antes de que apareciera el verbo, esa misma creación de ideas que tenían como única expresión la música. Si la música ha sido un lenguaje, es decir, un sistema de símbolos que permiten expresar ideas, lo fue antes que el lenguaje verbal, y seguramente fue indispensable para el desarrollo de este. Existen hallazgos arqueológicos que permiten suponer esto y afirmar que “sin música, quizá nunca hubiéramos sido humanos”.

La música es un aglutinador social. Shostakovich compuso en 1941 una sinfonía que ahora se conoce como la Sinfonía de Leningrado, para estimular el espíritu patriótico y la resistencia de la ciudad al asedio de los nazis, que duró 872 días. Y lo logró: Los nazis nunca entraron a Leningrado. Ahora recomiendo ir a la entrada del 1 de agosto de 2022 donde aparece un gran poema de SOM que describe, con emotividad mayor, los quehaceres y sinsabores de Shostakovich para componer esa pieza suprema de la música heroica.

Gibones que cantan a dúo


Terminaré la entrada diciéndoles que no somos la única especie que hace música. Los gibones, esos pequeños primates, viejos primos nuestros que habitan en el Sureste de Asia, cantan. Sus vocalizaciones reúnen varias de las condiciones que se le piden a una canción nuestra para ser llamada así. Cantan solos, a veces en dueto e inclusive con un coro de fondo.






lunes, 20 de febrero de 2023

DE LA TERCERA SINFONÍA DE MAHLER.

 

El viernes pasado, 17 de febrero, estuve en la Sala Tlaqná, en Xalapa, en el concierto de viernes por la noche de la temporada regular de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX); el motivo, la Tercera Sinfonía de Mahler bajo la dirección del maestro Martin Lebel.

Gustav Mahler



La Tercera Sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911) data de 1896, su mejor época, emocionalmente hablando. Había superado (o por lo menos así parecía) los conflictos religiosos, sociales y sentimentales de su juventud y estaba en plenitud física, laboral y emotiva. Se comía el mundo a puños y su Tercera Sinfonía es la justa expresión de esa cumbre vital que había alcanzado. La obra es muy larga, dura cerca de cien minutos, pero apenas caben en ese tiempo tantas ideas y tanta música; está sobrada de optimismo y de vitalidad sensible y no es heroica. No es el poema épico de una lucha o una victoria, es el manifiesto de su enorme suficiencia y de su felicidad a través del amor. Los nombres de los seis movimientos lo dicen todo: 1. Pan ha despertado, llega el verano (Pan, el dios Pan, es Mahler, por supuesto), 2. Lo que las flores me dicen, 3. Lo que me dicen los animales del bosque, 4. Lo que el hombre me dice, 5. Lo que me dicen los ángeles, 6. Lo que me dice el amor. Vale anotar que estos títulos, con los que fue estrenada la obra, posteriormente Mahler los retiró y sólo dejó indicaciones de tiempo y modo.

El primero (Potente y decidido) es una forma sonata, la más compleja que jamás se haya escrito. El tema principal es recurrente y dominante, es el dios Pan. Hay un pasaje melódico a cargo del trombón, verdaderamente inolvidable y el movimiento completo desborda optimismo por su tiempo y su orquestación, de las más ricas que se hayan usado en una sinfonía, con gran cargo a los metales, donde se presenta un coro de nueve cornos. El segundo (Tiempo de minueto) es un hermoso lied (porque de minueto sólo es el tiempo) de melodías asaz serenas cuanto hermosas. El tercero (Cómodo y juguetón) es una larga pieza bucólica cuyo tema principal, muy lírico y romántico, corre a cargo de una trompeta fuera de escenario, se repite y se repite, permitiendo, entre las repeticiones, brotes irrefrenables de entusiasmo y euforia. El cuarto (Muy lento y misterioso) se refiere al hombre mismo, al hombre de Nietzche, al superhombre  “que quiere la eternidad”. Utiliza un texto del propio Nietzche que canta una mezzosoprano en una melodía larga y misteriosa. El quinto (Vivaz y con ánimo) vuelve a pedir la voz humana: un coro femenino, uno infantil y la mezzosoprano, para expresar las complejas ideas religiosas y trascendentes que Mahler se había hecho en un sincretismo judaico, católico y esotérico. El texto es de esa antigua colección alemana que se llama El cuerno mágico del doncel; claramente suena, en la música de Mahler, extraterreno; alguien diría que celestial. Finalmente, el sexto (Lento, tranquilo, con expresión) es la apoteosis del amor que, a la usanza wagneriana, se prolonga enormemente en un éxtasis creciente de intensidad que parece que nunca terminará; es el amor de Mahler, que nunca terminó. Larga es la obra y enorme la orquestación, exigiendo los máximos extremos sonoros a los alientos, la mayor suavidad y emoción a las cuerdas y la potencia y decisión a las percusiones.

Orquesta Sinfónica de Xalapa en la Sala Tlaqná

Esa es la Tercera Sinfonía de Mahler, que nos presentó el pasado viernes la OSX. Estuvieron la mezzosoprano Harumi Castro, el Coro infantil del Instituto Superior de Música del Estado de Veracruz, la Sección femenina del Coro de la Universidad Veracruzana y la dirección magistral, sentida, emotiva, perfecta y apasionada del maestro Martin Lebel. La orquesta respondió, entregada a buscar la perfección técnica, obteniendo un resultado final de brillo, emotividad y grandeza extraordinarios. 

Al final, aplauso sentido, flores para la solista y primeras damas de la orquesta y nosotros saliendo con una sensación de plenitud espiritual y de identificación total con lo mejor del ser humano: el arte y el amor.