Acerca de mí
- Rogelio Macías Sánchez
- Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022
Seguidores
lunes, 19 de agosto de 2024
jueves, 15 de agosto de 2024
INTERMEZZO 85. VERDE QUE TE QUIERO VERDE 3
lunes, 12 de agosto de 2024
EDUCACIÓN EN NEUROLOGÍA. ¿ENSEÑANZA O APRENDIZAJE?
?????????
La Neurología es la rama o especialidad de la Medicina que se encarga de saber del Sistema Nervioso; su anatomía (¿cómo es?), su fisiología (¿como trabaja?), su patología (enfermedades), su clínica (¿como son estas enfermedades, como se estudian y como deben tratarse?). La neurocirugía es un apéndice ejecutivo de la neurología, que se encarga del tratamiento por cirugía de la enfermedades del sistema nervioso que lo ameriten.
El ejercicio profesional de la Neurocirugía exige, en la actualidad y por ley en todos los países civilizados, un entrenamiento prudente y la certificación de este por valoraciones de conocimientos y habilidades a través de exámenes de postgrado e informes de capacidad en los centros de especialización donde se llevó a cabo la capacitación.
Para el caso de la neurocirugía, se puede caer en culpabilidad penal ante un tratamiento quirúrgico mal hecho por un médico no certificado para la especialidad. En el caso de la neurología, no, pues se supone que la capacitación obtenida en la carrera profesional para obtener el título de Médico Cirujano debe ser suficiente para ejercer, satisfactoriamente, cualquier especialidad no quirúrgica. Se considera que para ello son las materias de gastroenterología, neumología, pediatría, neurología y todas las demás ías.
Pero en la actualidad esto no es así en ningún país moderno; las especialidades NO quirúrgicas requieren también especialización y certificación. Sin embargo, creo que no cabe culpabilidad penal ante una mala práctica médica en una una especialidad no quirúrgica.
* * * * * * * * * * * * * * * * *
Ahora bien, esta entrada se refiere a la educación médica especializada en neurología y neurocirugía para los aspirantes a ser médicos o especialistas. Esto lo he ejercido yo desde hace más de medio siglo en la materia de neurología en la carrera de Médico Cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En esta última ya son cincuenta años cumplidos y estoy activo. Finalmente los resultados han sido calificados como buenos y ello me da la autoridad para escribir estas reflexiones y disertar acerca de ellas. En realidad no son varias, es una sola:
LA MEDICINA ¿DEBE SER ENSEÑADA O APRENDIDA?
Lo primero significa aceptar sin condiciones la sentencia latina que afirma: magister dixit (el maestro dice) y no se acepta discusión, porque es el maestro, él es sabio de todo y después de él nada nuevo se ha dicho que valga la pena. No se llega a saber más de lo que el maestro sabe y se cae en el atraso de una generación entera, veinticinco años.
La medicina, como una totalidad o cualquiera de sus ramas, debe ser aprendida por el alumno pretendiente a ser médico. A él le toca buscar y encontrar opiniones y versiones, aciertos y contradicciones en las presentaciones de sus maestros profesionales, verdades y mentiras de la medicina en todos los medios facilitadores que ahora existen (internet y libros por internet) y concluir en verdades que serán, para él, sus guías profesionales a lo largo de su vida. Al maestro le corresponde inducir el aprendizaje.
Pero esto no es sólo una vez en la vida. Es continuo y duradero mientras se viva en la actividad profesional. El aprender no termina en un examen recepcional que lo acredite como profesional de la medicina. Hay que mantener el status mientras se viva y se viva de la medicina.
* * * * * * * * * * * * * * * * *
Título de Médico Cirujano expedido por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Curso de Adiestramiento Clínico en Neurología en el Instituto Mexicano del Seguro Social, validado por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Certificado de Neurocirujano por el Consejo Mexicano de Cirugía Neurológica.
lunes, 5 de agosto de 2024
EL MAR y YO… AMORES Y TEMORES.
| No es atardecer, es amanecer. ¡Hay esperanza! |
El mar es de los seres vivos que más amo en la vida; el mar es de los seres vivos qué más temo en la vida. Tanto nos ha dado y tanto nos puede quitar.
Son reflexiones que me ocurren en la etapa final de mi vida, sentado de frente al mar, sin vino que me aconseje ni alma que me acompañe; estoy solo de soledad y solamente conmigo, a quien no puedo evitar.
Al mar lo amo por hermoso y su contagiosa vitalidad intemporal; lo temo por agresivo que no reconoce amigos ni cariños, de repente y porque sí. La vida, en cualquier cósmico espacio en que se dé, lo fue por el agua; cuando a ésta le dé por no estar, tampoco estará la vida.
![]() |
| Playa en el municipio de Alvarado, Veracruz. Al fondo, de izquierda a derecha, el Municipio de Boca del Río y el Puerto de Veracruz |
Yo conocí al mar muy cerca de donde ahora escribo, en Villa del Mar, la playa pública más céntrica y popular del Puerto de Veracruz. Tenía yo diez años, me llevó un tío mío que sólo me dijo: “ponte tu trajecito de baño, métete, yo estoy aquí afuera”. Creí que me ahogaba cuando por una ola mayorcita perdí el piso. Un bañista que estaba junto a mí, me empujó hasta donde tuve piso. No me morí entonces, pero siempre me quedó el miedo de estar en el mar. He vuelto muchas veces a él y lo he disfrutado, pero no he perdido el susto de entonces.
En 1961, siendo Pasante de Medicina, hice mi servicio social de pregrado en la pequeña y entonces verdaderamente paradisíaca Isla de Holbox, en el entonces territorio de Quintana Roo. Estuve más de siete meses y me llené de mar todos los días; raras veces entré al mar y varias veces salí a la pesca de tiburones, acompañando en su trabajo a los isleños. Nunca le perdí el respeto al mar; aprendí a más amarlo, pero más a más respetarlo y temerlo.
Después de esa inolvidable experiencia vital, he vuelto muchas veces al mar en varios continentes y algunos grandes mares de nuestro pequeño y húmedo planeta y cada vez lo disfruto y amo más y más lo respeto. Siempre sé que he de volver a platicar con él y me duele mucho pensar que algún día no pueda hacerlo, como me duele mucho saber que hay lugares de nuestro pequeño planeta donde lo hemos dañado para siempre. El mar es ser vivo y como tal, algún día dejará de serlo, pero no hay razón para lastimarlo ahora y acortar su esperanza de vida, cuando tanto nos da y quiere seguirnos dando.
jueves, 1 de agosto de 2024
INTERMEZZ0 84. NOSTALGIA, QUE NO TRISTEZA.
Son fotografías de mis cincuenta y un años en Morelia; y como dice el título de entrada, son recuerdos sin añoranza. Los saco de vez en cuando.
La catedral barroca del siglo XVIII es magnífica.
Esta mariposa nocturna todo lo vio
y todo sabía.
| Un jardín vertical e interior |
Así se veía esa tarde
Los atardeceres espectaculares
son casi a diario
lunes, 29 de julio de 2024
MELODÍA Y ARMONIA, VOCALES Y CONSONANTES
Hace varias semanas estuve en el auditorio de una de las instituciones de educación musical de la Universidad Veracruzana en la ciudad de Xalapa. Fue un concierto lucido con música para clarinetes, uno o varios a la vez, y en ciertas piezas con acompañamiento de violonchelo o piano.
Una pieza para clarinete solo no es atractiva y llega a ser aburrida, pues no puede ofrecer más que melodía, por no poderse dar con un clarinete más de una nota a la vez. La melodía puede ser larga o corta, rápida o lenta, fea o hermosa, pero consiste sólo en una sucesión de notas solas, sin acompañamiento alguno. Pueden sucederse sin interrupción alguna, pero no pueden ser dos simultáneas. Esto sucede con todos los instrumentos de aliento, ya sean maderas (flauta, oboe, clarinete, fagot, saxofón) o metales (corno, trombón, trompeta, tuba). Resulta que la melodía está desnuda, sin algo que la cobije, que la adorne, la matice o la refuerce; sin nada que la haga lucir, sin algo que le dé significado.
Es como si en el lenguaje verbal sólo existieran las letras vocales. Ellas pueden prolongarse, sucederse sin interrupción alguna y hacer una vocalización, pero para nada son capaces de decir algo por si solas; requieren de las consonantes que las maticen y enriquezcan, tanto, que acaban por ser palabras con verdadera belleza y significado. Son los mejores medios de comunicar ideas.
Las consonantes de la música son los sonidos que pueden ser hechos simultáneamente a las notas melódicas, ya sea con el mismo instrumento (piano, cualquier clave o instrumentos de cuerda), o con otro instrumento que acompañe al limitado que sólo puede tocar una nota a la vez. Y así se hace la música desde hace muchos siglos, con melodías que se pueden cantar y armonías que las acompañan, las hacen lucir y les dan significado.
Por otra parte, hace unos días rescaté de mis viejos archivos de música casi olvidada, las grabaciones de un magnífico conjunto de son jarocho, Son de Madera, entre las cuales encontré un par de discos que son verdaderos ejercicios académicos de rasgueo y punteado de sones clásicos, pero que no están cantados. Sucede lo contrario de lo que acabo de decir del clarinete solo; sólo hay armonía, sólo hay cobijo, sólo hay acompañamiento para algo que no existe. Son ejercicios intelectuales, pero sin emotividad, pues no está la parte cantable de la música, la melodía. Es como un lenguaje verbal de sólo consonantes y sin vocales. Es un rico continente, pero sin contenido. Esto no aburre, pero inquieta, pues cuenta nos damos pronto que algo esencial y primigenio le falta a la música. Se acaba por no disfrutarla a cabalidad.
Por
fortuna, la gran mayoría de la música que escuchamos: clásica, popular,
folclórica y comercial, tiene estos dos elementos estructurales, melodía y armonía, y se le
agrega el ritmo, más antiguo que la melodía y la armonía, elemento que comparte
con la poesía. Pero de esto, quizá diremos otro día.
















