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Soy Rogelio Macías-Sánchez, de tantos años ya, que se me permite no decir cuántos. Soy mexicano y vivo en México país, médico cirujano de profesión, neurocirujano y neurólogo de especialidad. Ahora y por edad, soy neurólogo y neurocirujano en retiro. Soy maestro de mi especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y un entusiasta de la difusión de la ciencia a la comunidad. Pero eso no es toda mi vida. Soy un amante fervoroso de la música clásica, actividad que fomento desde mi infancia. La vivo intensamente y procuro compartirla. Soy diletante en vivo y mucho disfruto, de la música grabada, mejor cuando es en compañía de almas gemelas para esto. Finalmente, amo la vida y la disfruto. Parte de ello es comer bien y beber mejor, es decir, moderado pero excelente. De aquí mi afición a los vinos y las cavas. Los conozco, los disfruto y me entusiasma compartir lo que conozco y lo que me gusta. Esta página pretende abrir una comunicación sobre los vinos, la música clásica y la neurología para profanos. Si es socorrida, el mérito será de ustedes. Diciembre de 2022

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lunes, 7 de diciembre de 2020

¿CUÁL ES EL MEJOR VINO?



Esta pregunta la he escuchado muchas veces desde que disfruto el placer de gustarlo, que son muchos años, muchos de verdad. Me la han hecho a mí, pero la última vez la escuche en una tienda gourmet de mi ciudad, que tiene una buena sección de vinos y un buen sommelier. La hizo un cliente potencial, un varón terminando la adultez, de aspecto distinguido por sus maneras y vestimenta, que se acerca al catador y le pregunta: “¿Cuál es el mejor vino?, que quiero hacer  un regalo especial.” La respuesta, que salió muy fácil, fue: “Él que a usted más le guste”. El cliente quedó algo confundido y hasta perdió un tanto la compostura, pero la respuesta fue la mejor que puede darse ante tal consulta.




La enología es la ciencia, técnica y arte de producir vino. El producto final es obra de arte que no se aprecia por la vista o el oído, pero es como una pintura, un poema, una sinfonía o una escultura, que pueden gustar más o menos, pero cuyos méritos no se pueden cuantificar. Yo puedo decir que a mí me gusta más la música de Beethoven que la de Debussy, pero no puedo decir sea mejor. Me puede gustar más La ronda nocturna de Rembrandt que La Gioconda de Leonardo da Vinci, pero no puedo decir que esta sea más mala que mi preferida. Hay quien prefiere la música de Debussy y La Gioconda. En el arte, no hay mejor ni peor; sólo existe el “me gusta o no me gusta”, o “me gusta más que…” o “me gusta menos que…”.


La enología tampoco es deporte, donde el atleta que corre los 100 metros planos en menor tiempo que cualquier otro, es “el mejor del mundo” en ese momento; el equipo de fútbol que en una temporada gane más juegos y pierda menos que los otros de la liga, será el mejor ese año y el “colero” será el peor y se irá a la segunda división. En el vino no hay mejor ni peor, sólo el que me gusta más, el que me gusta menos o el que no me gusta, como puede no gustarme una sinfonía, un poema o una escultura cualquiera.

Renoir: El almuerzo de los remeros (1881)


Además, “no hay el vino que más me gusta”, hay el vino que “más me gusta para cada ocasión”. Se suele preferir un vino, rojo o blanco, uno para el verano y otro distinto para el invierno; vinos diferentes para comer que para cenar; para distintos platillos durante una comida o cena de compromiso, incluso distinto para el postre. Y ahora, lo que llaman los maridajes: con qué vino va tal tipo de carne roja o con variedades diferentes de pescado: salmón, robalo, guachinango o atún. 

Cada queso con su vino y cada vino con su queso...




Y para los quesos, hay tantos vinos diferentes para ellos, como ellos para los vinos con los que se dejan acompañar. Pedir un plato de quesos con vino en la Borgoña es una experiencia inolvidable de riqueza y variedad, de vinos y de quesos.


El costo de los vinos tampoco es un índice de calidad; y si acaso lo es, es el de menor valor. Para ejemplificar esto, voy a referir una anécdota reciente que leí en la Internet;¿dónde más puede ser en estos tiempos?

A un restaurante de categoría en la ciudad de Nueva York, por el rumbo de Central Park, acude a cenar una pareja joven. Casi detrás de ellos entra un par de hombres de negocios, también a cenar. Están en mesas cercanas. Los jóvenes le piden al capitán de meseros que escoja para ellos un vino rojo que no sea caro. El capitán, con su experiencia, piensa en uno de quince dólares y lo pide a la bodega. Los hombres de negocios ordenan, para acompañar su cena, un vino de dos mil dólares la botella. Como lugar de savoir faire, el vino se pasa a un decantador que se lleva a la mesa y de ahí se sirven las copas. El mesero responsable del trasvase se equivocó y llevó el vino caro a la mesa de los jóvenes y el de quince dólares a la de los hombres de negocios. La cena transcurrió con tranquilidad en ambas mesas y nadie se quejó de nada. 

Vino que ahora se vende en México
en $40,000 (2,000 dólares)


Al final, cuando el capitán se acerca a los comensales y pregunta si disfrutaron la cena y como estuvo el vino, en las dos mesas fueron elogiados, particularmente los vinos. El personal ya se había dado cuenta de la equivocación; no dijo nada a la pareja joven, que pagaron su cuenta y se despidieron. Termina la anécdota cuando la conciencia del capitán no le permite cobrar a los negociantes dos mil dólares por una botella de vino de quince; les confiesa la equivocación del personal y ellos no se inmutan. Aceptan la cuenta reducida, agradecen el servicio y agregan que el vino había estado estupendo, que lo habían disfrutado como uno de los mejores en su vida. Quizá dejaron una buena propina. ¡Bueno…!


Finalmente, para esto de los vinos mejores o peores, diré un poco de la cata.

Catar significa probar, gustar de algo para examinar su sabor o sazón, dice la Academia de la Lengua, y la cata de vinos se apega estrictamente a esta definición.

Catar un vino es someterlo a nuestros sentidos, en particular la vista, el olfato y el gusto, para determinar su calidad. Se atiene a tres cuestiones básicas:

1.- Análisis visual: color, transparencia, brillo, intensidad, matices del pigmento y formación de burbujas.

2.- Análisis de los aromas: frutales, florales, herbáceos, tostados y especiados, valorando su limpieza, complejidad e intensidad.

3.- Análisis de las sensaciones en la boca: acidez, impresiones dulces, astringencia dada por los taninos, materia y cuerpo, equilibrio, persistencia de los aromas, etc.



De esto se concluye una calidad, aunque hay sommeliers que caen en la tentación de calificarlo cuantitativamente. El uso correcto de las conclusiones de catar un vino es aconsejar su maridaje, recomendarlo con ciertos platillos y desaconsejarlo con otros. Pero esto es absolutamente personal del catador y dos de ellos pueden tener opiniones opuestas sobre el mismo vino, del mismo año y el mismo lote.


Yo, como sencillo gustador del vino, nunca he podido reconocer si un vino tiene aroma a frutas rojas o silvestres del bosque, a cítricos o frutas frescas de hueso, a frutas secas o exóticas o si huele a flores, hierbas o minerales. Tampoco he reconocido si un vino huele a miga de pan, galleta, col o legumbres en cocción o remojo; menos aún si sabe a leche, yogurt, mantequilla o queso fresco o curado; tampoco me he encontrado alguno con aroma a yodo, medicina, laca de uñas, acetona, caramelo, plátano, jabón u otras más raras, que los catadores profesionales dicen que pueden distinguir: caucho, goma, incienso, fuego, petróleo, humo o alquitrán.

En la boca encuentran el grado de acidez o dulzor, gusto a taninos o alcohol. Con la vista, que es el primer paso, han valorado su intensidad, color y cuerpo.

Los que gustamos en buena forma del vino, siempre lo catamos al beberlo. Al abrir una botella vemos y palpamos el corcho para buscar si está podrido. Si huele mal, desechamos la botella, pues eso significa que algo está muy mal por dentro. El color en la copa se disfruta, pero yo no puedo valorar el cuerpo por la vista. Busco grumos; si los hay, lo desecho. El vino que no está malo, a mí me huele siempre a vino, con mayor o menor intensidad y con variantes, pero  nunca me he topado con alguno que huela a mango o nuez de Castilla. El sabor lo disfruto en la lengua y en el paladar, siempre me sabe a vino, más o menos fuerte, que me gusta más o menos que otro (lo que en general procuro no pensar, pues me puede arruinar el día) y me dice de su cuerpo, es decir, su solidez o ligereza. Vinos diferentes dejan sabor por más o menos tiempo, lo cual también aprecio. Y terminó la cata para mí, lo demás es seguirlo disfrutando. ¡Salud!

¡Salud!

En ese momento, ese vino es el mejor, experiencia que repito cada vez que abro una botella.




















jueves, 3 de diciembre de 2020

INTERMEZZO 5. CON DAMAS EN EL FÚTBOL

 





Crónica de los minutos finales de un partido de la UEFA Champions League.

 


Un martes de noviembre, cerca de las cuatro de la tarde. Frente a un televisor casero, una pareja de edad mayor sigue con interés un partido que se disputa en ese momento en la ciudad de Kiev, en Ucrania, casi a la media noche de allá, con gran frío y sin público en el estadio. Ustedes saben, es por eso del CoVid-19 lo del estadio vacío, que lo de la hora infame es por conveniencias financieras de las compañías televisoras.

Es un partido de la fase de grupos de la competencia y lo juegan el equipo local, el Dínamo de Kiev, y el Barcelona, nada menos; este es el favorito y lo es, en particular, de la pareja mexicana referida. La simpatía de él es estable; la de ella es reciente y será pasajera, pues siempre apuesta por personajes de los equipos, jugadores o directores técnicos, no por la institución.

El partido está siendo transmitido “en vivo” desde Kiev, por una importante cadena televisora especializada en deportes, pero narrado y comentado por los especialistas desde su casa, una vez más por esto del CoVid. Son magníficos. Uno de los tres es mujer de edad media, guapa, conocedora profunda del fútbol en sus aspectos técnicos y muy centrada en sus opiniones, siempre prudentes, serias y sin gran componente  emocional, real o fingido, como lo muestran algunos cronistas varones. Es una delicia escucharla.

La señora que está atenta al juego es también una buena analista de la técnica del fútbol, nunca dice barrabasadas, pero la emoción le gana con frecuencia. Su orientación emocional en los últimos años está centrada en Antoine Griezmann, del Barcelona, al que sigue y conoce en todas sus actividades que son públicas, pero especialmente en la deportiva profesional. A esto contribuye que el señor es guapo, simpático, polifacético,  figura mediática y "champion du monde".

El partido estaba por terminar y el Barcelona ganaba 3 - 0. No había posibilidad alguna de que el Dínamo de Kiev revirtiera el marcador o siquiera empatara. Pero ocurrió una jugada “de equipo” estupenda por parte del Barcelona. Se inicia a medio campo con pases estratégicos burlando enemigos hasta llegar al área penal, donde Griezmann recibe el balón y rápidamente lo pasa a un  compañero en la lateral izquierda, quien después de unos tanteos y avances cortos lo regresa a Griezmann en el corazón del área chica, el que, entre un bosque de piernas de coequiperos y contrincantes, hace un disparo raso, violento y magistral, que deja sin oportunidad alguna al portero del Dínamo.

Entonces se dio la inimaginable batahola de alegría femenina, pues mientras la comentarista hacía una apología emocionada de la jugada completa y, sobre todo de su culminación, que califico como “una joya espectacular”, la televidente se levantó de su asiento, brincaba, gritaba bravos y aplaudía con frenesí, mientras la otra, desde su casa continuaba con su discurso exultante que parecía no tener fin. La alegría de ese espectáculo privado fue hermosa y contagiosa; ¡lástima que debió terminar!, pues el juego debía continuar aunque fuera tan sólo por dos minutos más.

Ya imaginarán ustedes que la mujer televidente se quedó a escuchar los comentarios posteriores al encuentro y que repitió su entusiasmo cuando la comentarista de marras volvió a hacer apología de la gran jugada y demostrar su admiración y cariño por Antoine Griezmann. Probablemente en tiempo próximo se pongan en contacto para fundar el Club Mexicano de Admiradoras de Antoine Griezmann, A. C.


Rogelio Macías Sánchez

26 de noviembre de 2020


lunes, 30 de noviembre de 2020

¿ES ACASO QUÉ VEMOS CON LOS OJOS...?



 “¡Te veo con mis propios ojos!”; es una frase frecuente, pero es falsa.

La función de ver es una función global del sistema nervioso y en ella sólo intervienen neuronas. En el ver bien participan otro tipo de estructuras.

Ver es tener conciencia de la información que recogen, conducen y entregan las vías visuales, interpretarla, reconocerla, ser capaz de guardarla en la memoria y de llamarla cuando se quiera o cuando se necesite, con la posibilidad de que esto último ocurra en ocasiones que ni lo deseamos ni lo necesitamos.

Un desgraciado que ha perdido los ojos, no ve; pero otro con los ojos sanos pero con daño en estructuras y regiones muy precisamente definidas en el cerebro, tampoco ve. Si este daño no es total, es posible que reciba luz e imágenes, pero no las puede interpretar ni reconocer, lo que no permite una función visual cabal; no es ver, en el sentido final y completo del término.


Vamos a ver cómo es esto. Las vías ópticas van desde la retina, en el interior del ojo, hasta la parte posterior del cerebro, los lóbulos occipitales.  Las imágenes ópticas son analógicas al recibirse en la retina (a), que es una estructura nerviosa. Ahí son codificadas para convertirse de energía luminosa en energía eléctrica, es decir, una corriente de electrones (imágenes digitales) que transita a alta velocidad por los nervios ópticos (b) y las cintillas ópticas (c) hasta llegar al tálamo (d), donde hacen un relevo neuronal (sinapsis) para llegar, por las radiaciones ópticas (e), al área visual primaria en la corteza del lóbulo occipital (f).


Pero las imágenes digitales no se ven. Para ello, una vez llegadas  a la corteza visual primaria (f) son analizadas, identificadas, decodificadas y retransformadas a analógicas a través de dos pasos sinápticos a las vecinas áreas visuales secundarias (g) y terciarias (h) y entonces se ven. Eso significa que vemos con el cerebro y no con los ojos.


La imagen superior muestra las similitudes entre ver con las vías ópticas y ver en una pantalla de televisión las imágenes captadas por una videocámara.

La cámara recibe imágenes analógicas que sus sistemas informáticos codifican y transforman en digitales (flujo de electrones). En ese formato transcurren hasta la videocasetera donde se analizan, identifican y codifican para continuar hasta el televisor donde finalmente se decodifican y transforman en analógicas. Entonces las vemos.

Quedan algunos problemillas por resolver, no por nosotros, sino por todo nuestro sistema de la visión. El primero es la inversión de las imágenes, problema conocido desde hace mucho tiempo en las llamadas cámaras oscuras.

Una caja cerrada que permita el paso de luz (imágenes) sólo por una pequeña perforación en una de sus caras, proyectará, en la cara opuesta la imagen del objeto presentado, pero invertida: lo de arriba abajo y lo de la izquierda a la derecha. Eso es una cámara oscura



Si en la cara posterior de esa cámara oscura colocamos una placa de película fotográfica sensible, la imagen presentada se fija en ella, con la inversión ya descrita. Esto es una cámara fotográfica.





Las cámaras oscuras pueden ser de cualquier tamaño y dependiendo de la distancia a que se coloquen, pueden registrar desde un botón hasta un paisaje completo.





Si alguien se coloca detrás de una pantalla donde se proyecta la imagen externa, puede modificarla.



Figura 9

Los ojos de los humanos son cámaras oscuras con las características que ya describimos. En la imagen se muestra la inversión de la letra F y también ocurre la inversión del sitio de los colores, en sentido horizontal y en sentido vertical.


La pupila (el espacio verde entre los bordes rojos) es el orificio por donde penetran los haces luminosos que forman las imágenes. Lo rojo es el iris, el disco perforado que le da el color a los ojos. Lo morado es la retina (a), un extendido de células nerviosas que es la pantalla en que se proyectan las imágenes analógicas y donde se convierten en digitales. Los axones de estas células nerviosas forman el nervio óptico (b), también en morado.



Ahora bien, los individuos humanos tenemos dos ojos al frente, lo que permite tener estereoscopía, ver en tercera dimensión, conocer la profundidad de los diferentes objetos que se nos ofrecen a la vista. Una imagen única, central grande, que ocupe la totalidad de nuestro campo visual, cada ojo la recibe casi completa, excluyendo las porciones extremas laterales, cada una de las cuales sólo es percibida por el ojo del mismo lado. Pero la imagen única se recibe en cada ojo conforme a lo explicado en la Figura 9, invertida en sentido horizontal y vertical.




Desde la retina hasta la corteza occipital, las fibras nerviosas que conducen las imágenes conservan la misma disposición vista desde un lado: las de arriba, arriba y las de abajo, abajo; aunque las fibras superiores conducen las imágenes de abajo y las inferiores, las de arriba. 



Si las vemos desde arriba, finalmente ocurre lo mismo, pero con distinta estrategia. A nivel del quiasma óptico, las fibras que van por fuera en los nervios ópticos continúan así por las cintillas ópticas y hasta la corteza occipital. Las que vienen por dentro se cruzan en el quiasma y se colocan por dentro en las cintillas y hasta la corteza occipital, pero del lado contrario. El resultado final es que, a las áreas visuales del cerebro, los lóbulos occipitales, llegan las imágenes invertidas en lo horizontal y en lo vertical y en cuadrantes separados, pues no hay comunicación física, a ese nivel, entre los hemisferios cerebrales y las áreas corticales por arriba y por debajo de la cisura calcarina.


De todo esto resulta que la imagen de esta hermosa bailarina, cuando llega a su destino final para ser vista y reconocida (gnosia), lo hace dividida en cuadrantes e invertida en los planos horizontal y vertical.                        






A partir de aquí y de este momento, ¿cómo le hace, cuáles son los pasos y vías que toma el cerebro para reconstruir las imágenes y que las veamos bien? No lo sé, pero también sé que nadie lo sabe a ciencia cierta. A mi ya no me tocará saberlo; espero que a ustedes sí. Estén pendientes de ello.


lunes, 23 de noviembre de 2020

DEL VINO EN LA POESÍA


Miguel Ángel Oribe: "Nebulosas"
Pintado con vino

El vino es arte que alumbra
Y a otras artes inspira
el cantor pulsa la lira
el  bardo esgrime la pluma
 
Con trazos de gran factura
Goya nos dio La vendimia
y de Baco y su alegría
Miguel Ángel la escultura
 
Por ello es que ahora ofrezco
coplas las de Nicanor
de Pablo Neruda versos
 
Y de “Cuchi”, el gran cantor,
un arrullo para el sueño
que merece el gran licor


                              Rogelio Macías Sánchez
                           noviembre del 2020

                


Nicanor Parra, (1914- 2018), Chile




COPLAS DEL VINO

Nervioso pero sin duelo
a toda la concurrencia
por la mala voz suplico
perdón y condescendencia.

Con mi cara de ataúd
y mis mariposas viejas 
yo también me hago presente
en esta solemne fiesta.

¿Hay algo, pregunto yo
más noble que una botella
de vino bien conversado
entre dos almas gemelas?
 

El vino tiene un poder
que admira y que desconcierta
transmuta la nieve en fuego
y al fuego lo vuelve piedra.
 

El vino es todo, es el mar
las botas de veinte leguas
la alfombra mágica, el sol
el loro de siete lenguas.
 

Algunos toman por sed
otros por olvidar deudas
y yo por ver lagartijas
y sapos en las estrellas.
 

El hombre que no se bebe
su copa sanguinolenta
no puede ser, creo yo
cristiano de buena cepa.
 

El vino puede tomarse
en lata, cristal o greda
pero es mejor en copihue
en fucsia o en azucena.
 

El pobre toma su trago
para compensar las deudas
que no se pueden pagar
con lágrimas ni con huelgas.
 

Si me dieran a elegir
entre diamantes y perlas
yo elegiría un racimo
de uvas blancas y negras.
 

El ciego con una copa
ve chispas y ve centellas
y el cojo de nacimiento
se pone a bailar la cueca.
 

El vino cuando se bebe
con inspiración sincera
sólo puede compararse
al beso de una doncella.

Por todo lo cual levanto
mi copa al sol de la noche
y bebo el vino sagrado
que hermana los corazones.

 


Pablo Neruda,  1904 - 1973,  Chile

ODA AL VINO  

Vino color de día,
vino color de noche,
vino con pies de púrpura
o sangre de topacio,
vino,
estrellado hijo
de la tierra,
vino, liso
como una espada de oro,
suave
como un desordenado terciopelo,
vino encaracolado
y suspendido,
amoroso,
marino,
nunca has cabido en una copa,
en un canto, en un hombre,
coral, gregario eres,
y cuando menos, mutuo.
A veces
te nutres de recuerdos
mortales,
en tu ola
vamos de tumba en tumba,
picapedrero de sepulcro helado,
y lloramos
lágrimas transitorias,
pero
tu hermoso
traje de primavera
es diferente,
el corazón sube a las ramas,
el viento mueve el día,
nada queda
dentro de tu alma inmóvil.
El vino
mueve la primavera,

crece como una planta la alegría,
caen muros,
peñascos,
se cierran los abismos,
nace el canto.
Oh tú, jarra de vino, en el desierto
con la sabrosa que amo,
dijo el viejo poeta.
Que el cántaro de vino
al beso del amor sume su beso.

Amor mío, de pronto
tu cadera
es la curva colmada
de la copa,
tu pecho es el racimo,
la luz del alcohol tu cabellera,
las uvas tus pezones,
tu ombligo sello puro
estampado en tu vientre de vasija,
y tu amor la cascada
de vino inextinguible,
la claridad que cae en mis sentidos,
el esplendor terrestre de la vida.

Pero no sólo amor,
beso quemante
o corazón quemado
eres, vino de vida,
sino
amistad de los seres, transparencia,
coro de disciplina,
abundancia de flores.
Amo sobre una mesa,
cuando se habla,
la luz de una botella
de inteligente vino.
Que lo beban,
que recuerden en cada
gota de oro
o copa de topacio
o cuchara de púrpura
que trabajó el otoño
hasta llenar de vino las vasijas
y aprenda el hombre oscuro,
en el ceremonial de su negocio,
a recordar la tierra y sus deberes,
a propagar el cántico del fruto.



Gustavo "Cuchi" Leguizamón, 1917-2000,
Argentina


CANCIÓN DE CUNA PARA EL VINO

 Arrorró mi vino
lámpara de amor
que tu sueño crezca
cantando en mi voz
 
Duérmete contento
que están por llegar
las penas del hombre
que tu harás cantar
 
Arrorró viajero
de la eternidad
duérmete adorando
nuestra soledad
 
Arrorró cogollo
del amanecer
la tibia esperanza
de hoy, mañana, ayer…







jueves, 19 de noviembre de 2020

INTERMEZZO 4. DE LA FLORA SILVESTRE Y URBANA EN MI COLONIA 2

 Una vez más comparto imágenes de flores y plantas que a diario se cruzan en mis caminares por las calles de la colonia, cuando salgo para contrariar al sedentarismo perjudicial que nos amenaza en este confinamiento a que nos obliga el CoViD-19.

Ojalá ustedes las disfruten tanto como yo los originales. Al final de la entrada les presento un breve ensayo poético, un soneto, que dice del CoVid y sus problemas.


Inflorescencia final de un viejo maguey































































































¡Buenas noches!

                                           


El CoViD sigue matando

A miles en todo el mundo

Ya va en su brote segundo

Y no parece cansado

 

Ayy!.. Ingrato malhadado

Que pareces más fecundo

Y cada vez más rotundo

Apareces muy airado

 

Habrá pues…  que decidir

Ya que no quieres cejar

Si en el encierro seguir

 

O salirse a trabajar

Que el vivir o el morir

En los dos casos se da

lunes, 16 de noviembre de 2020

CUANDO EL PUEBLO CANTA ÓPERA

El balcón de Julieta en Verona

El verano de 1979 nos tomó a la familia en el norte de Italia y pasamos a Verona, la ciudad medieval  inmortalizada por Shakespeare y donde ciertamente flotan en el ambiente de plazas y calles, los espíritus de Julieta y Romeo. Para los amantes de la ópera, la ciudad es famosa por su temporada de verano, que se da en el escenario más grande del mundo: la Arena de Verona, con casi dos mil años de historia.

La tarde que llegamos ponían Mefistófeles, de Arrigo Boito, y conseguimos boletos caros, de los destinados a los turistas, en la arena propiamente dicha. En el estío es grande el peregrinaje cultural a esa ciudad y se cruza uno con melómanos de todo el mundo, principalmente alemanes. El pueblo italiano llena la gradería y son por lo menos diez mil. Cuando se apagan las luces para dar principio a la función, encienden sus velas para seguir la partitura, brindando un espectáculo de recogimiento de la mayor emoción.

La arena de Verona

Así se dio aquella noche, y comenzó el Prólogo de Mefistófeles, ese pequeño oratorio en el cual el misticismo de la música se opone al realismo de las palabras, pues mientras las falanges celestiales glorifican a Dios en unos coros asaz de sublimes y grandes, Mefistófeles lo reta a una apuesta por el alma de Fausto.

Al término nos levantamos para un intermedio que supusimos breve Pero pasaban los minutos, la función no se reanudaba y se notaba inquietud en el escenario, que es abierto. La gente de la ópera iba y venía e incluso policías. Después de un tiempo se anunció por los altoparlantes que había estallado una huelga entre los comparsas, y que no se sabía si la función seguiría adelante.

Ópera en la arena de Verona

El pueblo italiano manifestó su descontento con todo el ruido que saben hacer y nos congratulamos de no conocer bien el idioma, pues las expresiones eran altisonantes. La huelga continuaba y el pueblo calló, pero sólo para cambiar su expresión. Sintiendo lastimado el arte que más aman, protestaron con el arte. Volvieron a encender sus velas, y por el lado izquierdo principiaron a cantar el Va, pensiero..., ese hermoso coro de nostalgia de la ópera Nabucco de Verdi, que los patriotas italianos habían usado como himno cuando luchaban contra la ocupación austriaca y por la unificación de su país. Y el canto se extendió a toda la galería, llenando la gran arena con la música de Verdi, que siempre han entonado cuando se trata de defender sus valores nacionales. Coro tal nunca  habíamos oído y nunca más escucharemos. Nuestras gargantas se cerraron y los ojos se rasaron de lágrimas, mientras desde todos los rincones la música nos inflamaba con un fervor de justicia y eternidad.

 Ya no queríamos que hubiera ópera. Pero el pueblo triunfó y con una hora de retraso se reanudó la representación. La música es hermosa y el argumento trascendente. La puesta en escena fue magnífica. Pero no recuerdo casi nada de ella. La gran manifestación de belleza, patriotismo y libertad la había dado el pueblo italiano, mientras cantaba...


Oh mia patria sì bella e perduta!

Oh membranza sì cara e fatal!


                                                                   ¡Oh, mi patria, tan bella... y perdida!                                                                    ¡Oh, recuerdo querido y fatal!