| Las increibles hojas rojas de nuestro parque |
Feliz Año 2026... y muchos más. |
| La Rama a las puertas de una casa |
Los villancicos nacieron en la España medieval como canciones populares y profanas, no navideñas, de las aldeas (villas), cantadas por gente común (villanos), sobre la vida diaria, el amor o sátiras con estrofas y estribillo. En el Renacimiento y la época barroca, la iglesia católica los adoptó para la evangelización, adaptando sus melodía sencillas para temas religiosos, como la Navidad, y así acercar la liturgia al pueblo, convirtiéndose en piezas de la Navidad.
En México se conocen y se usan desde el siglo XVI, cuando este país era la Nueva España. Es claro que han cambiado y si ahora me presentaran uno de los de entonces, no lo reconocería.
El primer villancico que yo conocí, como buen niño de la Ciudad de México, fue Noche de Paz, que es un villancico alemán moderno, que no pasa de moda con los años. Se escucha por estas fechas, tanto ahora como hace ochenta y tantos años.
Pero mi primera experiencia con los villancicos populares mexicanos de ahora, data de los años 1960 y 1961, cuando hice mi Servicio Social como pasante de la carrera de Médico Cirujano en la Isla Holbox, del ahora estado de Quintana Roo, que entonces era todavía territorio. En el mes de Diciembre llegaban niños y niñas a la puerta de tu casa con "la rama", que era y es, una rama de cualquier árbol, adornada como primitivo árbol de Navidad y te cantaban "la rama", que es un minivillancico. Se les agradecía obsequiándoles dulces; no te pedían dinero.
Ahora, en el Sur y Sureste de México, lo piden y suelen llevar un bote-alcancía con ranura para las monedas; son los tiempos modernos. En casa los recibimos con gusto, pero no damos dinero; damos dulces o galletas y los reciben bien.
DE LA ROBÓTICA Y LOS ROBOTS
Primera Ley: Un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño.
Segunda Ley: Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, siempre y cuando no entren en conflicto con la primera ley.
Tercera Ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda leyes.
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Ya no sé más de robots. Si algo más aprendo en la vida, haré otra entrega con eso o cuando me haga de un robot, que ya lo estoy rumiando.
| Aleksandr Nevsky, el guerrero. |
Aleksandr Nevsky (1220 - 1263) es un personaje ruso, histórico y de leyenda, religioso, militar y gobernante, de quien se dice que:
"Por voluntad de Dios, el príncipe Alejandro nació del caritativo, amante del pueblo y manso Gran Príncipe Yaroslav, y su madre fue Teodosia. Como fue dicho por el profeta Isaías: Así dice el Señor: "Yo nombro a los príncipes porque son sagrados y yo los dirijo". ...Era más alto que los demás y su voz llegaba al pueblo como una trompeta, y su rostro era como el rostro de José, a quien el Faraón egipcio puso como próximo al rey después de él en Egipto. Su poder era una parte del poder de Sansón y Dios le dio la sabiduría de Salomón... este príncipe Alejandro: él solía vencer pero nunca fue derrotado..."
Su crédito principal como guerrero es que impidió la invasión de su tierra por los suecos, lo que preservó los amplios límites de lo que, a posteriori, fue Rusia. Ahora es el gran héroe ruso, pero en su época no combatió por Rusia, porque Rusia no existía.
| San Alexandr Nevsky, el santo. |
Alexandr Nevsky es considerado el fundador espiritual de la Iglesia Ortodoxa Rusa por su papel en la defensa del cristianismo ortodoxo contra los ataques de los católicos y teutones. Alexander Nevsky es el santo primero de la Iglesia Ortodoxa Rusa actual.
Esta imagen, victoriosa e influyente desde donde se mire, ha permitido que los gobernantes rusos, de cualquier índole, desde antiguos y hasta ahora y de cualquier sistema político, usen su imagen y su historia para estimular al pueblo a su favor.
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La Cantata Alexandr Nevsky es el Opus 78 de Sergei Prokofiev, fue compuesta en el año de 1938 para la película del mismo nombre de Sergei Eisenstein por indicación precisa de José Stalin, el dictador entonces en la Unión Soviética. Ante la amenaza del nazismo, el régimen necesitaba héroes y el santo príncipe medieval que derrotaba a invasores occidentales era perfecto para encender el orgullo nacional. Nunca he visto el filme, que dicen ser extraordinario.
Tiempo después, no mucho, el mismo José Stalin, le pidió (ordenó) a Prokofiev que la música la armara en una gran pieza sinfónica coral, lo que resultó, en el año de 1938, en la Cantata Alexandr Nevsky, Op. 78, que es la que escuchamos el pasado 28 de noviembre.
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La Cantata Alexandr Nevsky, Op. 78 de Sergei Prokofiev, es una pieza musical coral notabilísima, yo creo que única en su género desde cualquier ángulo que se la analice. Musicalmente es única por su magnitud, emotividad y fuerza expresiva, que en su momento consiguió lo buscado por Stalin: un estímulo patriótico incomparable cuando el pueblo ruso podía quebrarse por la amenazas externas al país y las restricciones ideológicas internas. La película y la cantata cumplieron cabalmente la misión encomendada y ahora son piezas artísticas increíbles e imperdibles para los amantes cabales del buen arte, cinematográfico y musical. Su historia política ya es anecdótica.
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El pasado viernes 28 de noviembre estuvimos en la Sala Tlaqná, sede de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, para escuchar la Cantata Alexandr Nevsky, de Sergei Prokofiev, con el Coro de la Universidad Veracruzana, la contralto Harumi Castro Sashida y la Orquesta Sinfónica de Xalapa, todos bajo la dirección del maestro Jorge Cózatl, que es el director titular del coro.
Estupenda la función, sin alguno que distinguir en especial, pues todos, conjuntados en una enorme unidad artística, nos ofrecieron una velada única e inolvidable. Los que se la perdieron, se la perdieron.
Gracias.
Cuando es uno chiquillo para el mundo de los vinos y tímidamente se empieza a incursionar en él, rápidamente nos llegan oleadas de consejos, particularmente de "que vino va con cada variedad de alimento".
Lo primero que le dicen a uno es la frase consagrada por el tiempo, mucho tiempo:
EL VINO ROJO VA CON LA CARNE ROJA DE MAMÍFEROS Y EL VINO BLANCO CON PESCADOS Y MARISCOS.
Y no ose uno contradecir ese dogma, porque queda estigmatizado para siempre y excluido por los que se dicen "conocedores".
Esto es contrario a los principios de la estética, que proclama la libertad de elección ante fenómenos sensibles, como lo es el disfrutar de los vinos. Pero bueno, está consagrada por los siglos y es que es "buena", aunque tiene sus asegunes.
Y todo esto se complica cuando nos damos cuenta de que tanto en los vinos como en los alimentos hay variedades, tanto mayores cuanto los años pasan.
Porque no es lo mismo carne roja de res, que de cordero o de conejo; y que las carnes de cangrejo y de pescado son diferentes siendo de carne blanca las dos.
Y con los vinos es lo mismo. No es igual un blanco de California que un blanco espumoso francés de la región de Champagne.
Entonces, tratar de crear reglas escritas para escoger el mejor vino de acuerdo a la carne que acompañe, es imposible. Yo nunca lo haré en esta columna.
Pero me encontré, curioseando por la Internet, el siguiente cuadro, que les comparto. No es absoluto pero es bueno. Úsenlo y "a ver que opinan". No se los explico porque es facilísimo de entender.
Les presento a un perrito amigo, que en posición vertical, apoyado en sus patitas traseras y deteniéndose con las manitas en alto, me acompaña desde su encierro en mis paseos por su calle, que no da a nuestro campo de fútbol ni es tan florida. Pero es interesante; ya lo verán.
La calle tiene solo una cuadra y, más o menos a la mitad de ella, nos topamos con este árbol o arbusto, robusto y muy bien jardineado. Ocupa un cuarto o un tercio del ancho de la vialidad.
Bloquea un espacio de estacionamiento vehicular y prácticamente todo el ancho de la banqueta. Como peatón por la banqueta, no se puede pasar.
Esto no sería tolerado en una ciudad medianamente civilizada, pero aquí no molesta y así seguirá por siempre. Yo lo extrañaría pues en el jardincito banquetero de la casa dueña de este árbol, nos encontramos con esto:
| Merece estar sola, grande, en el centro. |
Al terminar la calle topamos con estas bellezas...
... y con bichillos amigables, como éste.
| ¡Parecen de otro mundo! |
| Mis plantitas banqueteras, que nunca fallan |
| Gustav y Alma Mahler |
Pocas veces la historia ha colocado a un artista, sensible y visionario, en una encrucijada cultural y filosófica que sea de los pocos en comprender y en una encrucijada personal que sea el único capaz de comprender.
Esto puede resultar en una gran obra que hable con elocuencia de su época a las generaciones futuras. La época fue el final de la primera década del siglo XX; el artista, Gustav Mahler; la crisis personal, el rompimiento sentimental con su esposa; y la obra, su Novena Sinfonía, que es un desconsolado adiós a los valores del siglo XIX y a un mundo de inocencia y, simultáneamente, una visión de un futuro demasiado terrible y demasiado maravilloso para imaginarlo en 1910.
La Novena Sinfonía de Mahler es desesperadamente abstracta y es una obra de despedida. Es el tristísimo adiós de Mahler a su vida con su esposa Alma, con la que había sostenido una relación tormentosa pero por la cual había renovado la ternura en la medida en que llegó a depender de ella más y más cada vez; pero entonces conoció su infidelidad. Es un adiós al romanticismo que ya había rebasado su punto de maduración cuando el siglo XIX cedió el paso al XX. Es un adiós a la tradición sinfónica clásica después de que Mahler había llevado hasta sus límites emocionales la forma que Haydn había hecho viable.
A los pocos años, la Primera Guerra Mundial habría de dar una expresión horriblemente real a las tensiones que Mahler había comprendido ya. La guerra cerró para siempre la época a la que Mahler ya le había dicho adiós. La manifestación musical fue la desaparición de la tonalidad, ese sistema lógico de resolución de la disonancia que había gobernado a la música durante trescientos años. La Novena de Mahler lleva la tonalidad a límites extremos ya que crea tensiones casi insoportables, pero finalmente, y de acuerdo con la naturaleza fundamental del sistema tonal, es el adiós de un artista enfermo de cuerpo y alma a una era moribunda.
También con esta sinfonía se dice adiós al gigantismo orquestal, que también culminó con Mahler. La sección completa de cuerdas, cuatro flautas y un flautín, tres oboes y un corno inglés, cinco clarinetes, tres fagotes y un contrafagot, cuatro cornos, tres trompetas, tres trombones y la tuba, dos arpas y una parafernalia de percusiones que incluye timbales, tambores, platillos, triángulo, tam-tam, gong, campanas y un glockenspiel. Para un mago de la orquestación.
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A escuchar esta sinfonía estuvimos el pasado viernes 21 de noviembre en la Sala Tlaqná, en el campus de la Universidad Veracruzana en la ciudad de Xalapa, con la Orquesta Sinfónica de Xalapa dirigida por su titular, el maestro francés Martin Lebel, admirado y favorito director, por lo menos de mi esposa y mío.
Estupenda la versión que nos ofrecieron; la segunda mitad del cuarto movimiento, de dulce tristeza y resignación jamás recogida en música en forma tan intensa, me será inolvidable; hubimos quienes lloramos.